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viernes, 28 de octubre de 2016

CÁLCULO DE ESTRUCTURAS SINTÁCTICAS

HISTORIA DE UNA HORA

   Como sabían que la señora Mallard padecía del corazón, se tomaron muchas precauciones antes de darle la noticia de la muerte de su marido.
   Su hermana Josephine se lo dijo con frases entrecortadas e insinuaciones veladas que lo revelaban y ocultaban a medias. El amigo de su marido, Richards, estaba también allí, cerca de ella. Fue él quien se encontraba en la oficina del periódico cuando recibieron la noticia del accidente ferroviario y el nombre de Brently Mallard encabezaba la lista de «muertos». Tan sólo se había tomado el tiempo necesario para asegurarse, mediante un segundo telegrama, de que era verdad, y se había precipitado a impedir que cualquier otro amigo, menos prudente y considerado, diera la triste noticia.
   Ella no escuchó la historia como otras muchas mujeres la han escuchado, con paralizante incapacidad de aceptar su significado. Inmediatamente se echó a llorar con repentino y violento abandono, en brazos de su hermana. Cuando la tormenta de dolor amainó, se retiró a su habitación, sola. No quiso que nadie la siguiera.
   Frente a la ventana abierta descansaba un amplio y confortable sillón. Agobiada por el desfallecimiento físico que rondaba su cuerpo y parecía alcanzar su espíritu, se hundió en él.
   En la plaza frente a su casa, podía ver las copas de los árboles temblando por la reciente llegada de la primavera.
   En el aire se percibía el delicioso aliento de la lluvia. Abajo, en la calle, un buhonero gritaba sus quincallas. Le llegaban débilmente las notas de una canción que alguien cantaba a lo lejos, e innumerables gorriones gorjeaban en los aleros.
   Retazos de cielo azul asomaban por entre las nubes, que frente a su ventana, en el poniente, se reunían y apilaban unas sobre otras. Se sentó con la cabeza hacia atrás, apoyada en el cojín de la silla, casi inmóvil, excepto cuando un sollozo le subía a la garganta y le sacudía, como el niño que ha llorado al irse a dormir y continúa sollozando en sueños.
   Era joven, de rostro hermoso y tranquilo, y sus facciones revelaban contención y cierto carácter. Pero sus ojos tenían ahora la expresión opaca, la vista clavada en la lejanía, en uno de aquellos retazos de cielo azul. La mirada no indicaba reflexión, sino más bien ensimismamiento.
   Sentía que algo llegaba y lo esperaba con temor. ¿De qué se trataba? No lo sabía, era demasiado sutil y elusivo para nombrarlo. Pero lo sentía surgir furtivamente del cielo y alcanzarla a través de los sonidos, los aromas y el color que impregnaban el aire.
   Su pecho subía y bajaba agitadamente. Empezaba a reconocer aquello que se aproximaba para poseerla, y luchaba con voluntad para rechazarlo, tan débilmente como si lo hiciera con sus blancas y estilizadas manos. Cuando se abandonó, sus labios entreabiertos susurraron una palabrita. La murmuró una y otra vez: «¡Libre, libre, libre!». La mirada vacía y la expresión de terror que la había precedido desaparecieron de sus ojos, que permanecían agudos y brillantes. El pulso le latía rápido y el fluir de la sangre templaba y relajaba cada centímetro de su cuerpo.
   No se detuvo a pensar si aquella invasión de alegría era monstruosa o no. Una percepción clara y exaltada le permitía descartar la posibilidad como algo trivial.
   Sabía que lloraría de nuevo al ver las manos cariñosas y frágiles cruzadas en la postura de la muerte; el rostro que siempre la había mirado con amor estaría inmóvil, gris y muerto. Pero más allá de aquel momento amargo, vio una larga procesión de años venideros que serían sólo suyos. Y extendió sus brazos abiertos dándoles la bienvenida.
   En aquellos años futuros ella tendría las riendas de su propia vida.
   Ninguna voluntad poderosa doblegaría la suya con esa ciega insistencia con que hombres y mujeres creen tener derecho a imponer su íntima voluntad a un semejante. Que la intención fuera amable o cruel, no hacía que el acto pareciera menos delictivo en aquel breve momento de iluminación en que ella lo consideraba.
   Y a pesar de esto, le había amado, a veces; otras, no. Pero qué importaba, qué contaba el amor, el misterio sin resolver, frente a esta energía que repentinamente reconocía como el impulso más poderoso de su ser.
   —¡Libre, libre en cuerpo y alma! —continuó susurrando.
   Josephine, arrodillada frente a la puerta cerrada, con los labios pegados a la cerradura le imploraba que la dejara pasar.
   —Louise, abre la puerta, te lo ruego, ábrela, te vas a poner enferma. ¿Qué estás haciendo, Louise? Por lo que más quieras, abre la puerta.
   —Vete. No voy a ponerme enferma.
   No; estaba embebida en el mismísimo elixir de la vida que entraba por la ventana abierta.
   Su imaginación corría desaforada por aquellos días desplegados ante ella: días de primavera, días de verano y toda clase de días, que serían sólo suyos. Musitó una rápida oración para que la vida fuese larga. ¡Y pensar que tan sólo ayer sentía escalofríos al pensar que la vida pudiera durar demasiado!
   Por fin se levantó y ante la insistencia de su hermana, abrió la puerta. Tenía en los ojos un brillo febril y se conducía inconscientemente como una diosa de la Victoria. Agarró a su hermana por la cintura y juntas descendieron las escaleras. Richards, erguido, las esperaba al pie.
   Alguien intentaba abrir la puerta con una llave. Brently Mallard entró, un poco sucio del viaje, llevando con aplomo su maletín y el paraguas. Había estado lejos del lugar del accidente y ni siquiera sabía que había habido uno. Permaneció de pie, sorprendido por el penetrante grito de Josephine y el rápido movimiento de Richards para que su esposa no lo viera.
   Pero Richards había llegado demasiado tarde.
   Cuando los médicos aparecieron, aclararon que Louise había muerto del corazón —de la alegría que mata.


RICHARD FORD, Antología del cuento norteamericano, Galaxia Gutenberg, Madrid, 2002.
&
Isao Tomoda

****
Calcula la estructura de las secuencias del listado posterior, tomando como modelo este ejemplo:
Cuando los médicos aparecieron, aclararon que Louise había muerto del corazón
[Oración monoclausal compleja // Oración compuesta que contiene una oración subordinada adverbial temporal y una oración subordinada sustantiva de CD]

(CIR TIEMPO) SUJETO [Ø] PREDICADO CD

[Cuando los médicos aparecieron: oración subordinada adverbial temporal
(C CIR TIEMPO) : [(CIR TIEMPO & RELATOR) SUJETO PREDICADO]
[que Louise había muerto del corazón: oración subordinada sustantiva de CD
RELATOR SUJETO PREDICADO (CIR CAUSA)
cuando: adverbio de tiempo
que: conjunción completiva

En este enlace está la información relevante: La oración compuesta de la gramática tradicional. 
 
  1. Como sabían que la señora Mallard padecía del corazón, se tomaron muchas precauciones.
  2. Fueron muy prudentes antes de darle la noticia de la muerte de su marido.
  3. Se había tomado el tiempo necesario para asegurarse de que era verdad.
  4. Agobiada por el desfallecimiento físico que rondaba su cuerpo, se hundió en el sofá.
  5. Le llegaban débilmente las notas de una canción que alguien cantaba a lo lejos, e innumerables gorriones gorjeaban en los aleros.
  6. Su rostro era joven y hermoso, pero sus ojos tenían ahora la expresión opaca.
  7. Sentía que algo llegaba y lo esperaba con temor.
  8. El pulso le latía rápido y el fluir de la sangre relajaba cada centímetro de su cuerpo.
  9. Que la intención fuera amable, no impedía que el acto pareciera menos delictivo.
  10. Josephine, arrodillada frente a la puerta cerrada, con los labios pegados a la cerradura le imploraba que la dejara pasar.
  11. Musitó una rápida oración para que la vida fuese larga.
  12. Agarró a su hermana por la cintura y juntas descendieron las escaleras.


jueves, 24 de septiembre de 2015

APUNTES DE CONSULTA



     De ningún modo son los apuntes que hay que saber para poder aprobar un examen de 2º de BACHILLERATO: son los materiales en los que se puede encontrar la información de referencia,  que un alumno que está atento en clase habrá sido capaz de registrar en su libreta.

 Palabra de Bart Simpson

viernes, 28 de febrero de 2014

ESTOS APUNTES SON SÓLO PARA CONSULTA


De ningún modo son los apuntes que hay que saber para poder aprobar un examen de 3º de la ESO: son los materiales en los que se puede encontrar la información de referencia,  que un alumno que está atento en clase habrá sido capaz de registrar en su libreta.

 Palabra de Bart Simpson

miércoles, 19 de febrero de 2014

COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES


COMPLEMENTOS CIRCUSNTANCIALES



José-Álvaro Porto Dapena en su libro El complemento circunstancial (1993) sostiene lúcidamente, en contra de la gramática tradicional, la siguiente tesis: el carácter circunstancial es una función, no un contenido. Desde las teorías de funcionalistas ilustres como Louis Hjelmslev y Andreas Blinkenterg, Porto Dapena destaca el carácter no argumental del COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL, su condición de pieza opcional (variable).
La gramática tradicional lo definía así: el COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL determina o modifica la significación del verbo denotando una circunstancia de la acción. Las circunstancias a las que se refiere la definición atienden al contenido de la función sintáctica, no a la función sintáctica en sí
Elementos marginales ajenos a las exigencias del verbo (no es argumento interno), su presencia en la oración es opcional. Por ello gozan los CIRCUNSTANCIALES de gran movilidad posicional (relaciones secuenciales). Constituyen una clase heterogénea.

  • Circunstancial de lugar.


Función sintáctica opcional que expresa un contenido semántico locativo. Pueden desempeñar esta función las siguientes unidades: frase preposicional, frase adverbial y cláusula. El método de reconocimiento de esta función sintáctica es la conmutación por un adverbio de lugar: allí, allá...

El francotirador está detrás de la ventana(allí)
CIR. LUGAR
  • Circunstancial de tiempo.


El contenido semántico que expresa esta función sintáctica opcional (circunstancial) es el temporal. Conmuta por un adverbio de tiempo: ahora, entonces...

Te espero a las cuatro(después)
CIR. TIEMPO

  • Circunstancial de modo.


El circunstancial de modo caracteriza la manera en 1a que se desenvuelve la acción. El método de reconocimiento es la conmutación por un adverbio: así, bien, mal...

La empujó con violencia (así)
CIR. MODO


Existen, además de los citados, otros COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES. Todos comparten las mismas características funcionales: son funciones sintácticas opcionales (si su presencia fuese indispensable, si estuviésemos ante piezas constantes, no hablaríamos de CIRCUNSTANCIALES sino de funciones sintácticas argumentales: SUPLEMENTO, CD ,CI...).La diferencia existente entre los tipos de COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES es de naturaleza semántica. Precisamente, cualquier clasificación de los CIRCUNSTANCIALES obedece a ese tipo de "etiquetas":




  • CIRCUNSTANCIAL DE INSTRUMENTO: Lo curó con penicilina
  • CIRCUNSTANCIAL DE PRIVACIÓN: Llegó aquí sin la pasta
  • CIRCUNSTANCIAL DE BENEFICIARIO: Trabajaba para la mafia
  • CIRCUNSTANCIAL DE MATERIA: Lo adornó con brillantes
  • CIRCUNSTANCIAL DE MEDIO: Lo consiguió con mi ayuda
  • CIRCUNSTANCIAL DE COMPAÑÍA: Paseaba con una amiga
  • CIRCUNSTANCIAL DE FINALIDAD: Se está preparando para un examen
  • CIRCUNSTANCIAL DE CAUSA: Se murió por una pulmonía
  • CIRCUNSTANCIAL DE CANTIDAD: La querían demasiado
  • CIRCUNSTANCIAL DE PRECIO: Compré este disco por mil pesetas
  • CIRCUNSTANCIAL DISTRIBUTIVO: Salgan por parejas




miércoles, 8 de mayo de 2013

SE ALOMORFO DE LE O LES


jueves, 11 de abril de 2013

LA FUNCIÓN SUJETO



SUJETO



El SUJETO es una función primaria que se puede caracterizar como argumento externo exigido por las desinencias personales del verbo que desempeña la función PREDICADO. Es necesario advertir que: 1º) las formas no personales del verbo —infinitivo, gerundio y participio— (aunque pueden desempeñar la función PREDICADO) y 2º) ciertos verbos (verbos meteorológicos —tronar, llover, nevar…—, formas impersonales —por ejemplo, del verbo haber—) excluyen la función SUJETO.


Definiciones no adecuadas de sujeto.


Con frecuencia se ha definido y se sigue definiendo el SUJETO como “la persona o cosa que realiza la acción del verbo”. Esta definición, que apunta más a un sujeto lógico que gra­matical, no es adecuada por las razones siguientes:
  • Según esta definición, no habría SUJETO en oraciones cuyo verbo no fuera de acción, como ser, estar, parecer, etc. 
  • Con muchos verbos y también en las estructuras pasivas, el SUJETO no es la persona o cosa que realiza la acción del verbo sino la persona que la padece o sufre. Ejemplos:

Pedro murió en accidente. Un ladrón fue detenido por la policía.
        SUJETO                                SUJETO

Dicha definición vale para la noción de agente, que es fun­ción semántica, frente a la noción de SUJETO, que es función sintáctica.
Por ello, no es adecuado intentar detectar el SUJETO de una oración preguntando al verbo sólo ¿quién? ya que los SUJETOS de cosa responden a la pregunta ¿qué? Ejemplo:

Cayó una piedra del tejado. ¿Qué cayó del tejado?
           SUJETO                           SUJETO

Con la pregunta ¿quién? obtenemos sólo la función semán­tica actor (que cubre las nociones de agente y paciente).
Por otra parte, definir el sujeto sólo como “la persona o cosa de la cual se dice algo” puede apuntar al tópico o tema pero no al sujeto gramatical. Con esta definición se confundiría la función sintáctica de sujeto con la función informativa de tema o tópico. En efecto, en las dos oraciones siguientes hay el mismo tema pero distintos sujetos:

El fútbol me aburre. El fútbol lo aborrezco
   SUJETO y tema              CD y tema


  • La concordancia del sujeto con el verbo

El sujeto de una oración es todo elemento (sustantivo, pronom­bre, grupo nominal, oración) que concuerda con el verbo del predicado en número y persona. Ejemplos:

Me gusta tu camisa. Me gustan tus camisas
            SUJETO                      SUJETO
 
Para detectar qué componente oracional desempeña la función SUJETO, hay que cambiar de número el verbo personal NÚCLEO de la frase verbal que cumple la función de PREDICADO (si está en singular, se pasa a plural; y si esta en plural, a sin­gular); y, si es preciso, se cambia también el verbo de per­sona.
Si al proceder de esta manera, el verbo se ve afectado en el número y, en su caso, en la persona, es que los dos com­ponentes concuerdan, no sólo coinciden. Ejemplo:

La pelota la tiró el niño. // Las pelotas las tiró el niño.

En este caso, las frases nominales la pelota y el niño están en singular y en tercera persona al igual que el verbo tiró. Pero sólo el niño concuerda con el verbo:

La pelota la tiraron los niños al jardín.

Si el componente que funciona como sujeto no se puede cambiar de número porque no admite plural (por ejemplo, las oraciones), es conveniente sustituirlo por algún pronombre para poderlo convertir en plural. Si se trata de pronombres neutros (esto, eso, aquello...), la conversión a plural se ha de realizar con el grupo nominal equivalente estas cosas (esas, aquellas cosas...). Ejemplo:


Me preocupa que no comas  //    Me preocupa eso.
                       SUJETO                                   SUJETO

Me preocupa(n) esas cosas.
                                                         SUJETO

martes, 9 de octubre de 2012

LA MODALIDAD ORACIONAL

 
Todas las gramáticas contemplan dos clasificaciones complementarias de la oración: según el dictum y el modus. El primer criterio es estrictamente sintáctico1; el segundo, atendiendo a la semántica cataloga las oraciones según la actitud comunicativa del hablante.
Teniendo en cuenta la multiplicidad de intenciones comunicativas posibles, no extrañará descubrir que dos insignes representantes de la gramática tradicional, Rafael Seco2 y Samuel Gili Gaya3, hayan elaborado dos inventarios dispares.
La clasificación propuesta por González Calvo4, al partir de los tres elementos básicos del proceso comunicativo (referente, emisor y receptor), reorganiza el listado de un modo memorable. Según la actitud del hablante ante el contenido de la enunciación distingue:

  • Oraciones enunciativas o referenciales: afirmativas o negativas.
  • Oraciones expresivas: desiderativas, dubitativas y exclamativas; y
  • Oraciones apelativas: interrogativas y exhortativas.

A) Oraciones simples enunciativas: afirmativas y negativas.

Semánticamente, predomina en ellas la comunicación del hecho (el referente) sobre la actitud del hablante ante el he­cho. El hablante “comunica” (afirmación, primera persona, tiem­po presente) al oyente (segunda persona), o a sí mismo (el ha­blante es entonces al mismo tiempo oyente: el lenguaje es comunicación y autoexpresión), un hecho, afirmándolo o ne­gándolo. Esta actitud del hablante ante el hecho no aparece ex­presa sintácticamente en la oración simple. […]
Morfosintácticamente, si el predicado lleva como núcleo una forma verbal conjugada (verbo predicativo o copulativo), las enunciativas van siempre en indicativo. La estructura sintáctica de la enunciativa expresa el objeto de la comunicación, aunque este objeto sea otra comunicación: Expuse (expresé, comuniqué, etc.) tus intenciones.
Suelen decir las gramáticas que las enunciativas afirmativas, frente a las negativas, no tienen forma especial. […]
Las enunciativas negativas tienen forma especial, pero, ade­más, pueden acoger también elementos lingüísticos que refuer­zan la negación con aquella variedad de matices actitudinales: ¡Pero si no ha aprobado!, ¡Claro que no ha aprobado!, Pues no lo sé, ¡Y que no contesta!, etc.”5


B) Oraciones expresivas: desiderativas, dubitativas y exclamativas.

Predomina en ellas la actitud del hablante ante el hecho que comunica. No es necesaria la actuación sobre el oyente que incluso puede no estar presente en el acto de comunica­ción, con lo que el hablante se expresa ante sí mismo (con más propiedad que en las enunciativas). En las expresivas, la nega­ción actúa de manera distinta a como lo hace en las referen­ciales.

1. Desiderativas

La actitud del hablante es “desear algo” (“yo deseo”: afir­mación, primera persona, tiempo presente como elementos pragmáticos). Semánticamente, el hecho (objeto del deseo) en sí no es verdadero ni falso: Ojalá apruebe no equivale a Apro­baré, y Ojalá no suspenda no equivale a No suspenderé. La afir­mación y la negación no recaen sobre el hecho en sí, sino sobre la actitud del hablante ante el hecho (“deseo que sí / no”). El hablante “desea” (nunca “no desea” en la oración simple) que el hecho sea o hubiera sido positivo o negativo pa­ra él:

Ojalá apruebe / Ojalá no suspenda.
Ojalá hubiera aprobado (“no aprobé”) / Ojalá no hubiera suspendido (“suspendí”).

[…] La estructura sintáctica explícita de las desiderativas expresa el ob­jeto del deseo, y si hay verbo, va siempre en modo subjuntivo: ¡Dios lo quiera! Las desiderativas pueden incluir en su estructu­ra sintáctica determinados elementos lingüísticos, como ojalá, así, que:

Ojalá me toque la lotería.
¡Así revientes, desgraciado!
Que te sea leve.

En Deseamos tu felicidad, No deseamos tu desgracia, etc., el verbo manifiesta el objeto, no de un deseo, sino de una comu­nicación (son oraciones enunciativas). Se comunica un hecho desiderativo; es decir, se comunica un deseo, no se desea un de­seo. Esto se ve más fácilmente cuando la primera persona no es­tá implicada en el sujeto (implícito o explícito) de la oración: Deseaban tu felicidad. 6


2. Dubitativas

La actitud del hablante es “duda + posibilidad sí/no” sobre el hecho. Es decir, el hablante duda […] sobre el hecho en cuestión y emite al mismo tiempo la posibilidad de que el hecho sea o haya sido positivo o negativo:

Quizás (no) vengan.
Tal vez (no) hayan venido.

La afirmación y la negación recaen sobre la actitud del ha­blante ante el hecho, no sobre el hecho en sí: Quizá me quiere no equivale a Me quiere, y Acaso no hayan llegado ano no equi­vale a No han llegado aún.
Morfosintácticamente, no llevan verbo de duda explícito. El verbo que aparece expresa el objeto de la “duda posibilidad”. Las dubitativas pueden incluir algún elemento de duda:
Tal vez, quizá(s), acaso, posiblemente, probablemente, seguramente, a lo mejor, lo mismo, igual (Lo mismo ­igual no nos castigan).7

3. Exclamativas

En contra de lo postulado por el Esbozo de la Real Academia8 “las excla­mativas son un subtipo de oraciones expresivas, pues predomi­na la actitud del hablante ante el hecho, y no es necesaria la presencia del oyente. Semánticamente, el hablante “pondera” en grado extremo, positiva o negativamente, un hecho. Como el hecho existe al margen de la ponderación (subjetiva) del ha­blante, el verbo va en indicativo en […] o en “infinitivo o subjuntivo”.9

¡Qué bonito es el cuadro! ¡Vaya tontería que acaba de decir!
¡Qué tenga que aguantar a este pelma todo el año!

Los elementos exclamativos más frecuentes son: qué, cuánto, cómo, vaya, menudo, valiente, etc.


C) Oraciones simples apelativas: interrogativas y exhortativas

Son dos los factores que caracterizan esta clase de oraciones simples:

  1. La actitud del hablante ante el hecho que comunica (“ordenar”, “rogar”, “recriminar”, “prohibir”, “pedir infor­mación”, etc.).
  2. Actuación necesaria sobre el oyente (para conseguir de él informes, actos u omisiones), por lo que su presencia es ineludible. […]

Podemos distinguir dos subtipos dentro de las apelativas.

1. Interrogativas
Las interrogativas pueden ser definidas por tres rasgos muy claros:

  1. Una entonación inconfundible.
  2. La flexibilidad posicional de los elementos de la oración condicionada por el tema:
¿Mi niño golpeó la pelota? ¿Golpeó La pelota mi niño?
  1. La marca de los pronombres y adverbios interrogativos.


2. Exhortativas

Semánticamente, con ellas se actúa sobre el oyente, no para recibir información, sino para conseguir de él actos u omisiones o para recriminarle. La actitud del hablante comprende “órde­nes”, “prohibiciones”, “ruegos”, “peticiones”, “súplicas”, “avisos” “consejos”, “recomendaciones”, “recriminaciones”, “reproches” “reprimendas”. La “recriminación” al oyente por hechos pasados puede tener en nuestra lengua una configuración morfosintác­tica peculiar: ¡Haberlo hecho antes!, ¡Haber llegado a tiempo! (en algunas zonas, ¡Lo hubierais hecho antes!). En el resto de ora­ciones simples exhortativas, el verbo puede aparecer en impe­rativo o en subjuntivo (las exhortativas negativas), y eso las caracteriza. […] A todo ello se añade el verbo en segunda persona, singular o plural, y que el llamado vocativo, tanto implícito como explícito, remite a la segunda persona. Las peculiaridades sintácticas se advierten también si el verbo va en infinitivo: ¡A callar!, ¡Callaros!10

**********

1    Según el dictum, la gramática tradicional establece, como se desprende de la caracterización expuesta en la definición de las funciones sintácticas oracionales (funciones primarias para André Martinet), dos grupos de estructuras: oraciones atributivas y oraciones predicativas. A su vez, éstas se subdividen en intransitivas, transitivas, pasivas, reflexivas, recíprocas e impersonales.
2   Seco presenta un inventario en el que contempla, “desde el punto de vista subjetivo”, dos subgrupos: respecto del predicado (indicativas, de posibilidad, dubitativas, exhortativas y optativas); y respecto del juicio (afirmativas, negativas, interrogativas y exclamativas). SECO, Rafael, Manual de gramática española, Editorial Aguilar, Madrid, 1954, página 193.
3    “Según la calidad psicológica del juicio” Gili Gaya distingue exclamativas, de posibilidad, dubitativas, interrogativas, afirmativas, negativas, optativas, y exhortativas. GILI GAYA, Samuel, Curso de sintaxis española, Vox, Barcelona, 1987 (1961) , pág. 40.
4     GONZÁLEZ CALVO, José Manuel, La oración simple, Cuadernos de lengua española, Arco, Madrid, 1993.
5     GONZÁLEZ CALVO, José Manuel, La oración simple, Cuadernos de lengua española, Arco, Madrid, 1993, páginas 49-50.
6    GONZÁLEZ CALVO, José Manuel, La oración simple, Cuadernos de lengua española, Arco, Madrid, 1993, páginas 51-53.
7    GONZÁLEZ CALVO, José Manuel, La oración simple, Cuadernos de lengua española, Arco, Madrid, 1993, página 53.
8    En el Esbozo no se singulariza este tipo de oración pues, al margen de la ento­nación (y la intensidad y la cantidad de las sílabas acentuadas o de las palabras que se sienten como más expresivas), las oracio­nes exclamativas no presentarían ninguna peculiaridad estructural distintiva.
9     GONZÁLEZ CALVO, José Manuel, La oración simple, Cuadernos de lengua española, Arco, Madrid, 1993, página 59.
10   GONZÁLEZ CALVO, José Manuel, La oración simple, Cuadernos de lengua española, Arco, Madrid, 1993, páginas 61-62.
       Nótese que el ejemplo propuesto deliberadamente es incorrecto: callaos.