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lunes, 6 de noviembre de 2017

NIEBLA, Miguel Unamuno


 



  —Da gracias a que estoy durmiendo —le dije—, que si no…
   —Es igual. Y respecto a eso de resucitarme he de decirle que no le es hacedero, que no lo puede aunque lo quiera o aunque sueñe que lo quiere…
   —Pero ¡hombre!
   —Sí, a un ente de ficción, como a uno de carne y hueso, a lo que llama usted hombre de carne y hueso y no de ficción de carne y de ficción de hueso, puede uno engendrarlo y lo puede matar; pero una vez que lo mató no puede, ¡no!, no puede resucitarlo. Hacer un hombre mortal y carnal, de carne y hueso, que respire aire, es cosa fácil, muy fácil, demasiado fácil por desgracia… matar a un hombre mortal y carnal, de carne y hueso, que respire aire, es cosa fácil, muy fácil, demasiado fácil por desgracia… pero ¿resucitarlo?, ¡resucitarlo es imposible!
   —¡En efecto —le dije—, es imposible!
   —Pues lo mismo —me contestó—, exactamente lo mismo sucede con eso que usted llama entes de ficción; es fácil darnos ser, acaso demasiado fácil, y es fácil, facilísimo, matarnos, acaso demasiadamente demasiado fácil, pero ¿resucitamos?, no hay quien haya resucitado de veras a un ente de ficción que de veras se hubiese muerto. ¿Cree usted posible resucitar a don Quijote? —me preguntó.
   —¡Imposible! —contesté.
   —Pues en el mismo caso estamos todos los demás entes de ficción.
   —¿Y si te vuelvo a soñar?
   —No se sueña dos veces el mismo sueño. Ese que usted vuelva a soñar y crea soy yo será otro. Y ahora, ahora que está usted dormido y soñando y que reconoce usted estarlo y que yo soy un sueño y reconozco serlo, ahora vuelvo a decirle a usted lo que tanto le excitó cuando la otra vez se lo dije: mire usted, mi querido don Miguel, no vaya a ser que sea usted el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo ni muerto… no vaya a ser que no pase usted de un pretexto para que mi historia, y otras historias como la mía, corran por el mundo. Y luego, cuando usted se muera del todo, llevemos su alma nosotros. No, no, no se altere usted, que aunque dormido y soñando aún vivo. ¡Y ahora, adiós!
   Y se disipó en la niebla negra.
   Yo soñé luego que me moría, y en el momento mismo en que soñaba dar el último respiro me desperté con cierta opresión en el pecho.
   Y aquí está la historia de Augusto Pérez.

MIGUEL DE UNAMUNO, Niebla, 1914.

GENERACIÓN DEL 98: BAROJA, UNAMUNO Y AZORÍN.

   El término Generación del 98 alude a un grupo de escritores que, en su juventud, se caracterizaron por una actitud muy crítica ante la situación de la España de fin del siglo XIX -simbolizada en el desastre del 98- y proclamaron la necesidad de una regeneración social, cultural y estética. La denominación “Generación del 98”  fue propuesta por Azorín en unos artículos de 1913 y, aunque fue rechazada incluso por alguno de sus miembros, hizo fortuna en la historia literaria. Suele incluirse en el grupo a Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín y Ramiro de Maetzu. Más discutida es la adscripción de Valle Inclán y Antonio Machado pues, si bien parte de su obra entronca con las características del 98, ambos tuvieron etapas anteriores cercanas al Modernismo y su obra, en conjunto, alcanzará una singularidad que excederá los límites de un grupo concreto. Por otra parte, hoy suele aceptarse que, tanto Modernismo como Generación del 98, no son movimientos antitéticos, sino tendencias de un mismo movimiento renovador, nacido de la crisis de fin de siglo.