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domingo, 15 de marzo de 2020

FRANKENSTEIN, Julio Llamazares

LITERATURA UNIVERSAL

Tarea 01: Lectura de este artículo de Julio Llamazares.
Tarea 02: Lectura de la información a la que llevan los hipervínculos.
Tarea 03: Búsqueda en la web sobre la novela de Mary Shelley.


FRANKENSTEIN


   El 11 de marzo de 1818, es decir, este año hace dos siglos, se publicó por primera vez Frankenstein o el moderno Prometeo, la novela que Mary Shelley escribió en el llamado año sin verano, cuando el hemisferio Norte sufrió un extraño y larguísimo invierno a causa de los efectos de la erupción del volcán indonesio Tambora. Refugiada junto a su marido, el también escritor Percy Bysshe Shelley, en la villa de Lord Byron en Suiza, la romántica Mary Shelley respondió al reto que su anfitrión les lanzó a sus invitados, incluido su médico personal, de escribir cada uno un relato de terror para entretener su obligada reclusión a causa del mal tiempo veraniego, dando para la posteridad una de las novelas más terroríficas del género, a la par que creaba en ella el considerado primer personaje de la ciencia ficción narrativa: ese monstruo hecho a partir de trozos de cadáveres diseccionados en la sala de autopsias por un doctor empeñado en crear vida clínicamente y en realizar el sueño de la inmortalidad.
   El subtítulo de la novela de Mary Shelley, que se suele obviar: O el moderno Prometeo, enlaza al personaje de la ciencia ficción moderna con el mito de la dramaturgia clásica, ese Prometeo de Esquilo inspirado en el titán que se atrevió a desafiar el poder de los dioses creando vida a partir de la arcilla. Como él, el doctor Frankenstein lleva su sueño a la perversión y, como el titán castigado por su osadía por los dioses, sufre las consecuencias de su ambición, si bien el personaje de Mary Shelley lo será por su propia creación, ese monstruo patético e incontrolable que se revuelve contra su creador negándose a obedecerlo y atentando finalmente contra él. Toda una alegoría de la ambición de poder y el castigo que lleva implícito cuando en su consecución se traspasan todos los límites éticos a respetar.
   El segundo centenario de Frankenstein está pasando bastante desapercibido, en España al menos, pero la vigencia del mito creado por Mary Shelley sigue intacta entre nosotros no solo en su perpetuación literaria y artística, sino en lo que tiene de metaforización de la realidad, constantemente interpelada por los grandes mitos literarios en tanto que simbolizan los sueños y las pasiones de esa humanidad errante que repite una y otra vez los mismos aciertos y errores desde sus orígenes por más que cambien de apariencia. Decir que el monstruo de Frankenstein es ciencia ficción equivale a ignorar a todos esos personajes que desde Puigdemont a Trump han escapado al control de sus creadores y amenazan con destruirlos en su ceguera o en su egolatría sin límites, que les impide reconocerse en su condición mortal.

Julio Llamazares, El País, 12 de mayo de 2018.

Ángeles Caso

lunes, 6 de febrero de 2017

COMENTARIO DE TEXTO



LINGUA CASTELÁ E LITERATURA II

Un viejo chiste se preguntaba el porqué de que a San José se le represente siempre tan serio en las iconografías de la Natividad siendo que el nacimiento de un hijo es un motivo de alegría para sus padres salvo en casos muy excepcionales. La respuesta era sencilla: San José quería una niña.
Pues bien, a poco que nos lo propongamos, lo de San José va a convertirse en verdad. Se lleve a cabo o no la peregrina idea “feminista” de que una mujer encarne la figura de Melchor o de Gaspar (la de Baltasar parece que no, lo cual me parece una discriminación: ¿por qué sólo una mujer blanca va a poder reinar sobre los niños por una noche?) en la cabalgata del distrito madrileño de San Blas, la intención ya ha quedado de manifiesto y, a partir de aquí y en el nombre de la igualdad de sexos, razas, credos y tendencias, veremos a no tardar a lavanderos y leñadoras en los belenes, angelitos negros como los de Machín, vacas en vez de bueyes y mulos en lugar de mulas, paridad de pajes y pajas en la comitiva de los Reyes Magos (la de los dromedarios es más difícil, porque son tres), pastores homosexuales, sanjosés chinos, jesusitos con síndrome de Down y “hipsters” haciendo el papel de la Virgen María; todo para que nadie se sienta discriminado por una representación icónica que, como todo, ya lo sabemos, es fruto del machismo que impera en la sociedad desde Adán y Eva (¿quién, si no, entre estos dos personajes, hizo de tentadora y quién de tentado, cuál de bueno y cuál de mala, aunque a los dos les costara ser expulsados del paraíso?) o por provocar sin más a la religión católica, la inventora de toda esa iconografía (...)
Sea por lo que sea, por afán de igualdad o de provocación, la ocurrencia de la Reina Maga va a dar que hablar estas Navidades y materia a la prensa más reaccionaria para sacarle punta a algo que, al fin y al cabo, no deja de ser una tontería (...) 
Julio Llamazares, El País, 28 de diciembre de 2015, [adaptación]

CUESTIONES
PRIMERA PARTE (2.5 PUNTOS)
Explica el significado en el texto de las siguientes palabras: iconografías, comitiva, síndrome, provocación, 
reaccionaria. (1.0 puntos) 

Resume el contenido del texto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales (1.5 puntos)
SEGUNDA PARTE (1.5 PUNTOS)
 

Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación.  (1.5 puntos)

lunes, 11 de enero de 2016

EL RAPTO DE EUROPA, Julio Llamazares

EL RAPTO DE EUROPA

   Oigo en la radio todavía en sueños (me la debí dejar encendida como muchas noches) a una persona que dice que los agresores de mujeres la noche de fin de año en Colonia eran árabes y norteafricanos “con perfil de refugiados”. Cambio inmediatamente de emisora y están hablando de lo mismo, pero ya en tono menos estridente: la policía alemana investiga las denuncias por agresiones sexuales a mujeres en diversas ciudades del país coincidiendo con la Nochevieja; aunque parece —dice la presentadora— que muchos de los agresores eran árabes y norteafricanos, la mayoría ebrios, “no consta por el momento que fueran actos organizados ni que participaran refugiados entre ellos”.
   Mientras me ducho, trato de imaginar cuál es “el perfil de refugiado”. Porque el de árabe y el de norteafricano los conozco, pero el de refugiado es novedoso para mí. Porque ¿todos los refugiados tienen el mismo aspecto? ¿O es que visten igual, independientemente de que sean africanos u orientales, magrebíes o iraquíes, cristianos o musulmanes? Fuera ya de la ducha, mientras me visto, me viene a la memoria la representación de Tiziano de El rapto de Europa, ese mito que dio nombre al continente, y, tras ella, las del rapto de las sabinas por los romanos, también muy representado en la literatura y la pintura europeas, y hasta las del oneroso tributo medieval de las 100 doncellas que los reyes hispánicos hubieron de pagar durante un tiempo a los califas moros de Córdoba para que estos les permitieran vivir en paz y cuyos ecos aún sobreviven en distintas tradiciones y festejos que se celebran por todo el país. El miedo al invasor, en especial al que viene del sur, está grabado en nuestro subconsciente y en él cobra especial dimensión el temor a que rapte o viole a nuestras mujeres, que consideramos nuestros bienes más valiosos e intocables.
   A lo largo del día las noticias que llegan desde Alemania van confirmando que, en efecto, entre los agresores sexuales a mujeres la noche de fin de año en Colonia hay refugiados recién llegados al país y la decepción me invade como a muchas otras personas, supongo. ¿Qué decirles ahora a todos esos que se oponen a acoger en nuestros países a los cientos de miles de personas que huyen del hambre y la guerra en los suyos? ¿Con qué argumentos podemos contrarrestar su demonización global de los refugiados cuando algunos de éstos se empeñan en cargarles de razones y de teas incendiarias?
   Pobre Europa, a punto de ser raptada de nuevo por el toro de la irracionalidad.

JULIO LLAMAZARES, El País, 11 de enero de 2016.