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lunes, 12 de marzo de 2018

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, Gabriel García Márquez


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Crónica de una muerte anunciada, Debolsillo, Barcelona, 2012, 136 páginas. [6,95 €]

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Publicada en 1981 por Bruguera, existen muchas ediciones de bolsillo sin prólogo ni estudio. Cualquiera es idónea.


martes, 10 de enero de 2017

PLENILUNIO DECONSTRUIDO, Antonio Muñoz Molina [mix]


   La muerte de la niña parecía que hubiera despertado en la ciudad un miedo antiguo a las amenazas de la noche, y las calles se quedaban enseguida desiertas y la oscuridad parecía más profunda, y las luces más débiles. Los pasos de cualquiera sonaban como los pasos de ese hombre que buscaba el inspector, cualquier figura solitaria con la que se cruzase podía ser la misma que nadie vio subir del pequeño parque de la Cava en la noche del crimen, alguien que intentaría fingir una cierta naturalidad al regresar a la luz, que sin duda se había sacudido la tierra que le manchaba los pantalones y se había ordenado el pelo con los dedos mientras se deslizaba entre los setos abandonados, entre los bancos donde ya no se sentaban las parejas de novios y bajo las farolas que nunca estaban encendidas, porque cada fin de semana las apedreaban las cuadrillas de jóvenes que se iban a beber a los jardines. Pisaría los cristales de las farolas y de las botellas de cerveza mientras salía del parque, dejando atrás, en el terraplén, la mancha pálida bajo la luna de una cara con los ojos fijos y abiertos.
   La encontraron por casualidad unos barrenderos del ayuntamiento después de una noche y un día enteros de búsqueda. La luz del amanecer de aquel día habría ido definiendo la cara de la niña, el bulto de su cuerpo, que desde lejos había parecido como un montón de ropa tirada allí, en el terraplén, donde algunos desaprensivos tiraban basuras, cascos rotos de litronas, cartones de vino malo y de zumo de piña. La científica encontró rastros de sangre masculina, residuos de piel, pelos de la cabeza y del escroto, colillas con saliva. Iluminaba la cara de la niña la luz de las linternas y de los flashes que disparaba Ferreras, el forense, bajo las copas altas de los pinos. «Murió hacia las nueve, lo que no sabemos es cuánto tardó en morir». Tenía la boca taponada por algo, lo que la había asfixiado, un tejido desgarrado y manchado de sangre que el forense extrajo más tarde en el depósito, muy poco a poco, todavía húmedo, denso de babas, de sangre. «No hay restos de semen»,  le dijo al inspector Ferreras, señalando una de las manchas con la punta del bolígrafo, mientras se despegaba de las manos los guantes de goma con un ruido desagradable, y se las lavaba después bajo el agua caliente de un grifo. A su espalda, en la mesa permanecía tendido el cadáver amarillento, amoratado, desnudo y flaco, con las rodillas desolladas, con calcetines blancos.
   Fátima. Se llamaba Fátima. No había vuelto después de ir a comprar una cartulina y una caja de ceras a la papelería de enfrente.
   Cuando el inspector visitó su casa para entrevistar a sus padres, no pudo evitar contemplar las fotos de la primera comunión de la niña, componiendo las imágenes de una capilla sobre una repisa en el mueble del televisor.
   Así recibía Mágina al inspector en su regreso a la ciudad, con un caso igual y, a la vez, distinto a los que se había enfrentado en sus años de servicio en Bilbao: el mal cambia sus excusas y disfraces, pero daña lo mismo.
   De eso hablaba con el Padre Orduña en su primera visita de cortesía tras cuarenta años de ausencia.
   —Busca sus ojos—le había dicho el padre Orduña—. Recuerda que la cara es el espejo del alma.
   —En todos estos años he aprendido que es mucha la gente que no tiene alma.
   —Eso no es cierto. No hay nadie que no tenga alma, hasta el peor asesino fue creado por Dios a su imagen y semejanza.—replicó el padre Orduña.
   —¿Lo reconocería usted? —dijo el inspector—. ¿Sería capaz de identificarlo en una fila de sospechosos, como cuando nos ponía en fila a nosotros porque alguien había hecho una travesura y usted se nos quedaba mirando uno por uno y siempre encontraba al culpable?
   —Cristo supo que Judas era el traidor nada más que mirándolo.
   —Pero él actuaba con ventaja. Ustedes dicen que era Dios.

  1. Compara el primer capítulo de Plenilunio con el texto que ilustra esta entrada.
  2. ¿Qué pierde esta variación con respecto al original? Señala las virtudes de la variación (si las tuviese).
  3. Calcula a qué tipo de lectores se dirigen el original y la variación?
  4. Compara la configuración de los personajes en ambos textos.
  5. ¿Cuánta información se pierde en la variación?
  6. La mayoría de los textos de la variación proceden del original. Sin embargo, son  evidentes ciertas transformaciones en la voz narrativa. ¿Cuáles? 

viernes, 16 de diciembre de 2016

PLENILUNIO, Antonio Muñoz Molina

ANTONIO MUÑOZ MOLINA, Plenilunio, Booket, 2013, 448 páginas. [9,95 €]


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Publicada en 1997 por Alfaguara, a lo largo de estos años conoce varias ediciones (Círculo de Lectores,  Seix Barral...). Ninguna va precedida de prólogo o estudio, por lo tanto, todas son idóneas.

Fechas probables del examen: 25 y 26 de enero.
[40 días / 11,2 páginas/día]

PREGUNTAS HABITUALES

  1. Temas de Plenilunio.
  2. Técnicas narrativas de la novela.
  3. Tiempo y espacio de la novela.
  4. Multiperspectivismo en Plenilunio. Punto de vista del narrador.

martes, 3 de noviembre de 2015

MODELO DE EXAMEN NOVIEMBRE 2015


   La televisión pública engaña a los espectadores y la escuela a los niños, porque celebran Halloween diciendo que celebran el samaín. El Samahaim era una celebración en memoria de los antepasados. Los celtas no salían a la calle para meterse miedo unos a otros; se reunían, comían y bebían juntos en memoria de sus antepasados. El magosto tradicional mantiene el espíritu de la fiesta celta. Un grupo de personas asan las castañas y todas juntas las comen bebiendo vino y cantando. Luego, con la cara tiznada, se van a la taberna o a una casa a cenar y continúan bebiendo. Los celtas decían que el que no prestaba su razón a los antepasados, perdiéndola por la abundancia de bebida, podría perderla luego en la vida de todos los días. Esto se expresa con aquel dicho: «Os meniños i o borracho dicen o que ten debaixo do papo»; es decir, prestan su voz a la verdad que viene del otro mundo.

MANUEL MANDIANES, La Voz de Galicia, 31 de octubre de 2015.

  1. Explica el significado de las siguientes palabras o expresiones destacadas en negrita en el texto. [1 punto]
  2. Resume el contenido del texto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales. [1,5 puntos]
  3. Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación. [1,5 puntos]
  4. Indica el tipo de unidad gramatical y la función sintáctica desempeñada por elementos subrayados en el texto. [1 puntos]
  5. (a) Escribe un texto congruente en el que utilices una oración final, una adversativa, una consecutiva y una adjetiva o de relativo. (b) Escribe un texto congruente en el que emplees cuatro valores distintos del pronombre se. Explícalos. [1 puntos]
  6. Plenilunio: suspense, contrapunto y multiperspectivismo. [1 punto] 
  7. La literatura en el siglo XVIII: prosa didáctica y teatro. [1 punto] 
  8. Sitúa el fragmento en la obra y da los rasgos fundamentales de los dos personajes que aparecen. Detecta el gazapo que contiene el texto.  [2 puntos]
   —Está en cuarto creciente.
   —Yo eso nunca lo sé. ¿Cómo puede estar seguro?
   —Un cura me lo explicó hace muchos años y no se me ha olvidado. La luna es embustera, me decía. Cuando tiene forma de C, no está en cuarto creciente. Lo está cuando parece una D mayúscula. Cada vez que la miro me acuerdo de eso.
   A Susana le estaba pareciendo que la voz de Leonard Cohen era demasiado triste y buscó otra música que le avivara el ánimo, un cedé de Nirvana, Nevermind, que siempre había tenido sobre ella un efecto infalible.

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MATERIALES DE REFERENCIA

Para responder las preguntas 4 y 5, pueden ser consultados los apuntes sobre Clases de palabras (en particular para los valores del pronombre se), La oración simple: funciones sintácticas oracionales y La oración compuesta de la gramática tradicional. 

Para responder a las preguntas sobre Plenilunio es imprescindible haber leído con detenimiento la obra y haberla comprendido plenamente. El Estudio sobre Plenilunio de Antonio Muñoz Molina contiene las respuestas a las cuestiones más reiteradas en el examen de selectividad. 
En este primer examen sólo hay un tema de historia de la literatura: La literatura española en el siglo XVIII a través de la prosa didáctica y el teatro.

 

lunes, 5 de octubre de 2015

CRITERIOS DE EVALUACIÓN PARA 2º DE BACHILLERATO




CONSIDERACIONES GENERALES Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN.

  El temario y las lecturas obligatorias de este curso sirven, principalmente, para la preparación para el acceso a la universidad. Por ello, los exámenes responderán a ese tipo. Su duración será de hora y media (se realizarán, preferentemente, los miércoles y jueves por la tarde en horario extraescolar), ofreciendo Opción A y Opción B. La estructura de los exámenes de Selectividad secuencia de este modo la materia:
  • cuatro puntos (preguntas 1, 2, 3) resultan de demostrar la comprensión lectora sobre el texto (definir vocablos [1 punto] y resumen o esquema de ideas [1,5 puntos]) y la capacidad de expresar ideas propias sobre el tema propuesto (comentario crítico [1,5 puntos]);
  • dos puntos (preguntas 4, 5) para las respuestas correctas a las preguntas de gramática; y
  • cuatro puntos (preguntas 6, 7, 8, 9) para las respuestas correctas a las dos preguntas sobre historia de la literatura  [1 punto cada una] y a las dos preguntas sobre las lecturas obligatorias.
   Es imprescindible que los alumnos obtengan un mínimo de 30 % de puntuación en sus respuestas a las preguntas de los tres bloques.
  
    Durante el segundo o tercer trimestre, los alumnos tendrán que realizar un trabajo consistente en un comentario completo sobre un poema de Campos de Castilla. No presentarlo será motivo de suspenso. Asimismo, una mala actitud del alumno (desidia ante el trabajo y mal comportamiento) podrá tener una penalización en la calificación de hasta un 20%.
   Los criterios de corrección son los administrados por CIUGA, incluyendo, incluso, la ponderación al alza (00, 25, 50), de modo que una nota final de 4,76 se convertirá en un 5.

Ilustración: Frank Gerlitzki

viernes, 25 de septiembre de 2015

EXAMEN OPCIÓN B SEPTIEMBRE DE 2015


Es raro el día que no me cruzo con turistas. No bien atravieso el portal de mi casa, esa gente que viaja por placer, según nos enseña el María Moliner que es un turista, me encuentro con ellos. Los veo en frente de mi domicilio, deslumbrados por el skyline de Barcelona. Se sientan en unos bancos diseñados para hacerles más próximos la línea del horizonte, como si pudieran tocarlo. O como si pudieran beberse el mar que divisan. También es raro el día en que no me preguntan algo. Dado que mi vivienda está en el trayecto que tienen que hacer para llegar al Parc Güell, se me acercan con sus planos desplegados. Algo desorientados me preguntan por el camino exacto que los lleve hasta Gaudí. A veces me da por pensar que lo hacen, no tanto por mi asesoramiento callejero, como por ganas de hablar con algún lugareño. Trato de ser escueto y eficaz en mis referencias, pero cuando los veo que se me quedan mirando como si lamentaran que todo acabe ahí, es cuando les pregunto de dónde vienen. Unos son de Bremen. Otros de Kioto. No faltan de Buenos Aires. 

 JOSÉ ERNESTO AYALA-DIP, El País, 7 de enero de 2015.

jueves, 24 de septiembre de 2015

APUNTES DE CONSULTA



     De ningún modo son los apuntes que hay que saber para poder aprobar un examen de 2º de BACHILLERATO: son los materiales en los que se puede encontrar la información de referencia,  que un alumno que está atento en clase habrá sido capaz de registrar en su libreta.

 Palabra de Bart Simpson

lunes, 21 de septiembre de 2015

MODELO DE EXAMEN


  La polémica que ha rodeado el lanzamiento mundial de la nueva píldora que promete levantar el deseo sexual de las mujeres premenopáusicas no está en absoluto injustificada. Hay quienes la consideran el medicamento más revolucionario para la salud sexual de las mujeres después de la píldora anticonceptiva, y quienes afirman que no debería haberse aprobado porque su eficacia es dudosa y son más los riesgos que los beneficios. En primer lugar, que no tiene nada que ver con el Viagra. La sildenafilo del Viagra actúa sobre el sistema vascular, facilitando el aporte de sangre al miembro masculino y con ello, la erección. En el caso de la flibanserina, no incide sobre el sistema vascular vaginal, que sería el equivalente, sino sobre el cerebro, potenciando e inhibiendo ciertos neurotransmisores que intervienen en muchos procesos vitales. En concreto, aumenta los niveles de dopamina y norepinefrina y disminuye los de dopamina. Para que el Viagra tenga efecto basta con tomarlo poco antes de la relación sexual, mientras que la píldora rosa se ha tomar durante semanas y hasta meses antes de que surta “algún efecto”. La cuestión crucial es determinar en qué casos el fármaco está indicado y, sobre todo, en qué casos el beneficio compensa el riesgo. Porque la píldora rosa tiene importantes efectos adversos.
   No es, pues, difícil deducir que estamos ante un nuevo capítulo de la estrategia que desde hace algún tiempo siguen las farmacéuticas para promover sus productos, especialmente cuando las ventajas no están del todo claras. Consiste en vender primero la enfermedad y luego el fármaco. Se trata de crear primero conciencia de que existe una necesidad no atendida, ofrecer la solución y promover una demanda social de tratamiento mediante la movilización de médicos y pacientes. Con esta estrategia se han logrado dianas comerciales tan exitosas como la de la píldora de la timidez (paroxetina), que se lanzó en 1992 para el “síndrome de ansiedad social”, la del antidepresivo Prozac (fluoxetina), que sigue tomándose muy por encima de las necesidades reales, o el propio Viagra, en cuyo lanzamiento se llegó a decir que el 70% de los hombres de más de 50 años sufría disfunción eréctil. Parece claro que ha cambiado el paradigma. Si antes era “enfermedad en busca de tratamiento”, ahora estamos en el de “tratamiento en busca de enfermedad”.

jueves, 17 de septiembre de 2015

LISTADO DE TEMAS DE LENGUA SOBRE LOS QUE PUEDEN APARECER PREGUNTAS EN EL EXAMEN DE SELECTIVIDAD


LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA.   2º BACHILLERATO LENGUA

[LISTADO DE TEMAS DE LENGUA SOBRE LOS QUE PUEDEN APARECER PREGUNTAS EN EL EXAMEN DE SELECTIVIDAD. ALGUNOS DE ELLOS SON REPASO DE OTROS CURSOS]

  1. Pautas para el resumen y comentario crítico de un texto. La definición de palabras.
  2. Conocimiento de las posibilidades de creación de palabras y de enriquecimiento del léxico mediante la composición, derivación, parasíntesis y acronimia.
  3. Identificación y uso de las diferentes clases de palabras.
  4. Identificación y uso adecuado de las diferentes formas verbales y de las diferentes formas de perífrasis verbales.
  5. Identificación y uso de las diferentes clases de sintagmas o frases, de sus constituyentes y de las diferentes funciones que pueden ejercer en las cláusulas u oraciones.
  6. Funciones primarias de la cláusula u oración: la oración simple.
  7. Identificación y uso de las diferentes relaciones existentes entre estructuras sintácticas.
  8. Conocimiento de las relaciones léxico-semánticas de las palabras: sinonimia, antonimia, hiperonimia, campo léxico y campo semántico, mediante la identificación en un texto o el uso de sinónimos, antónimos, etc.
  9. Identificación de voces patrimoniales, cultismos, semicultismos y préstamos.
  10. Identificación y corrección de interferencias lingüísticas entre el gallego y el español.
  11. Identificación de rasgos característicos del español de América.


LITERATURA

  1. La literatura española en el siglo XVIII a través de la prosa didáctica y el teatro.
  2. El Romanticismo. Características generales y principales aportaciones en poesía (Espronceda, Bécquer y Rosalía) y teatro (Don Juan Tenorio).
  3. Realismo y Naturalismo. Características generales del movimiento. La narrativa realista: Galdós, Clarín y Pardo Bazán.
  4. El Modernismo. Características generales a través de la figura de Rubén Darío.
  5. Las trayectorias poéticas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
  6. El grupo poético del 27 a través de algunos de los principales autores: Salinas, Lorca, Alberti y Cernuda.
  7. La Generación del 98: Baroja, Unamuno y Azorín.
  8. El teatro español anterior a la Guerra Civil: Benavente, Lorca y Valle-Inclán.
  9. La poesía española en las tres décadas posteriores a la Guerra Civil: Miguel Hernández, Blas de Otero y Gil de Biedma.
  10. La novela española en las tres décadas posteriores a la Guerra Civil: Cela, Delibes y Martín Santos.
  11. La figura de Buero Vallejo en el teatro español posterior a la Guerra Civil. La renovación del teatro en el llamado Teatro Independiente (Els Joglars, La Fura, els Comediants...).
  12. La narrativa hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. El boom de la narrativa: Borges, Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa.

miércoles, 4 de febrero de 2015

EXÁMENES BACHILLERATO OPCIÓN A / OPCIÓN B

    El común de la gente considera a los laboratorios farmacéuticos empresas que persiguen la curación de las enfermedades y el bienestar de los ciudadanos, tras invertir en investigación aplicada y recuperarla vía precios y patentes. Pero esta imagen está mudando a otra que les asocia con la carestía de las medicinas, la codicia y la manipulación de las redes sociales.

La hepatitis C afecta a unos 150 millones de personas en el mundo, de ellos entre 5 y 10 millones en Europa (de 500.000 a un millón en España), y es una de las causas principales de cirrosis y cánceres de hígado. Veinticinco años después del descubrimiento del virus que la produce, el medicamento Sofosbuvir se ha mostrado capaz de curar la casi totalidad de casos. Pero el coste del tratamiento con este fármaco, comercializado por el laboratorio norteamericano Gilead Sciences tras comprar por 8.000 millones de euros Pharmasset, que es el que desarrolló el Sofosbuvir con una inversión de 70 millones, ha obligado a la sanidad pública británica a retrasar al menos 4 meses su uso por su elevado precio.

   India, conocida como la farmacia de los pobres por su producción de medicamentos genéricos a bajo precio, ha actuado de otra manera: su Oficina de Patentes ha rechazado la petición de Gilead para patentar Sofosbuvir (de nombre comercial Sovaldi), afirmando que «una molécula con pequeños cambios debe mostrar, además de la novedad, una mejora significativa en la eficacia terapéutica» con respecto a la ya existente. Y eso, según el fallo, no ocurre con el Sovaldi, un inhibidor nucleótido de la polimerasa NS5B, que no aporta innovación sobre otra molécula de la farmacéutica Idenix. Su decisión abre la vía a que los laboratorios indios empiecen a producir el medicamento libremente y a un precio asequible para todos aquellos países en los que Gilaed no lo tiene patentado. «Acceder al Sofosbuvir fuera del bastión del monopolio de Gilead será crucial para ampliar el tratamiento a nivel mundial», según Manica Balasegaram, de Médicos sin Fronteras.

   El sentido común dice que la UE, competente para aprobar el fármaco y registrar su patente, debería acelerar la compra conjunta de medicamentos, consiguiendo así un mejor precio para los sistemas sanitarios de los Estados miembros, con el fin de suministrar a los enfermos los mejores fármacos del mercado. Pero esta política está lejos.

JORGE DEL CORRAL, Laboratorios y codicia frente a salud y sentido común, La Voz de Galicia, 30 de enero de 2015. [adaptación]


domingo, 2 de noviembre de 2014

FULANAS O SUMISAS, Fernanda Tabarés



   El día que Renee Zelwegger visitó a su plástico y se hizo un trasplante de cara fue un mal día para la mujer. Para la propia Renee y para la mujer en el sentido más absolutamente genérico de la palabra. Tras salir del cirujano, yo creo que Bridget Jones tendría que haber acudido a un tanatorio y velar su recuerdo físico, hacerle un funeral a sus pellejos, encomendarse a su blefaroplastia y despedir a la persona que fue, a la mujer a la que parieron. Sería una forma ritual de saludar a su nueva apariencia porque el bisturí dejó de cuerpo presente a la actriz que salió del quirófano convertida en otra en un proceso que es lo más parecido a la muerte, esa muerte a la que ahora se entregan de forma voluntaria y compulsiva señoras bellas e inteligentes enfermas de esta idea banal y toxicómana de la juventud.
   En algún momento de los últimos años las mujeres nos empezamos a estafar. Ya me dirán cómo explicamos que individuas cultas e inteligentes, bellezones con muchos posibles, tías estupendas, señoras de los pies a la cabeza sucumban a esa presión por paralizar el tiempo que finalmente las convierte en monstruos. Decía Benedetti, hablando de la belleza, que cada cuerpo su armonía y su desarmonía. Que en algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa y que en otros el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza. A cada vez más mujeres les cuesta encontrarse la guapura en sus desarmonías, en esta estafa colectiva que impone un ideal uniformado que penaliza a las que rompen el molde. O eso creemos.
   Lo que falla es la base misma del razonamiento, esa asociación tan del siglo veinte entre belleza y juventud, como si la hermosura dependiera solo de los años, como si no hubiera viejas hermosas y jóvenes horrorosas a las que solo el tiempo mitiga la dureza de su mueca. Cincuenta años después de la revolución feminista, 165 después de las cuáqueras sufragistas, ¡¡65 después de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo !!,  la mujer del siglo XXI está enferma de autoestima, esa red fragilísima que empieza a tejerse en cuanto la criatura asoma al mundo y que cualquier cretino pertrechado con esa agresividad imbécil que exuda un buen complejo de inferioridad puede cargarse con dos comentarios y una recriminación sexual dicha a tiempo.
   Manuel Femández Blanco, psicoanalista, me ratificaba estos días que las relaciones sexuales se construyen hoy a través del porno y que la dependencia afectiva de las crías es más intensa que nunca. Escucho cómo una veinteañera confirma que las mujeres con el sexo aventurero son tildadas de zorras mientras que los chicos con una entrepierna de trotamundos son unos campeadores. ¿Qué ha pasado con los últimos treinta años? ¿Por qué extraños derroteros se ha desarrollado la mujer? La lista de estereotipos es atosigante: se sospecha de los hombres que sucumben a los brazos de la mujer madura; el declive reproductivo sigue siendo un pasaporte indefectible hacia la jubilación social; el declive físico se tolera en los hombres y se desprecia en las mujeres; las portadas de las revistas proyectan seres inventados con el ratón del phohoshop y la publicidad (ah! la publicidad...) vende mujeres sumisas o putas o vírgenes o enfermas. El último editorial de moda de la revista Interview enseña a un grupo de modelos cubiertas con ropa de grandes firmas y rodeadas de basura... Las fotos, en esta página. Sin comentarios.

FERNANDA TABARÉS, Fulanas o sumisas, La Voz de Galicia, A Coruña, 1 de noviembre de 2014.

lunes, 22 de septiembre de 2014

[CARLOS CONOCE LOS MODALES...], Juan Gómez Bárcena



    Carlos conoce los modales apropiados para tratar con ancianas venerables, con criadas, con madres, con hermanas, con don­cellas de cámara, con las reverendas monjas clarisas; pero nada sabe acerca de cómo tratar con putas que antes que putas son niñas. Tal vez por eso al principio no hace ningún movimiento. Continúa apoyado de espaldas contra la puerta —dejemos que se conozcan más a fondo, ha dicho su padre antes de cerrarla— mientras la polaca se sienta en el borde de la cama y espera. Tampoco ella parece saber qué viene a continuación. Porque conoce el modo de tratar a los campesinos de la Galitzia, a doce hermanos durmiendo en la misma cama, a padres que te venden por veinte kopeks, a los rudos tripulantes del Carpathia, pero nada sabe sobre clientes que antes que clientes son niños. Y tal vez por eso está asustada como nunca hasta ahora lo ha estado. Ni siquiera cuando aquel marinero borracho estuvo a punto de conseguir arrastrarla hasta su camarote, aprovechando la noche del Atlántico.
   Carlos sólo habla español y la polaca, sólo polaco. Aunque para ser sinceros, durante los primeros quince minutos nadie dice una palabra. Se limitan a contemplar la habitación —los cor­tinajes de terciopelo, la reja en la ventana, el baldaquino de la cama al que ella se había abrazado— como si ninguno de los dos estuviera. Luego Carlos intenta improvisar unas palabras de saludo. Dice buenas noches, y la polaca no contesta. Me llamo Carlos, cómo te llamas tú, y nada. Mañana cumplo trece años. Va ensayando frases cada vez más largas, mientras se acerca y se sienta a su lado.
   No quiere mirarla a los ojos, pero al final no puede resistir la curiosidad y alza los suyos. Cree que va a encontrar impreso en ellos un rastro de rabia o de dolor, la huella de vejez prematura que dejan los sufrimientos, pero en su lugar halla otra cosa; una mirada azul y asustada, de niña vagamente entristecida por una porcelanita rota o una muñeca perdida. Casi al mismo tiempo comprende que no hará nada. Que su regalo de cumpleaños será precisamente ése; poder desobedecer a su padre, al menos una vez en la vida. Quiere decirle eso a la niña. Se lo dice. Dice: No tengas miedo, porque no vamos a hacerlo. Dormiremos juntos esta noche, pero ni siquiera llegaremos a tocarnos. Mañana yo seguiré siendo virgen y tú seguirás costando cuatrocientos dólares.
   Ella le mira sin convicción. Desconfía, claro, porque no es capaz de entender el significado de sus palabras. O quizás precisa­mente porque, al no entenderlas, ha podido descubrir algo más profundo que se oculta bajo ellas, entre ellas, a pesar de ellas; un mensaje terrible que tal vez el propio Carlos ignora.
   Viste un traje de verano abotonado, una falda azul y larga, calzas rosas. Le han recogido su cabello en dos trenzas rubias y espesas, que culebrean hasta su escote; un escote donde no hay todavía mucho que mirar, y no lo habrá hasta por lo menos un par de años más tarde. Carlos ve de reojo cómo, bajo los volan­tes y las transparencias de muselina, ese pecho menudo se infla y desinfla muy rápido, en lo que parece la palpitación de una avecilla asustada. Quiere repetirle que no tema, que puede confiar en él, pero en ese momento se detiene. Ve su mano, la pequeña mano de ella, acercarse lentamente y más tarde acariciar con torpeza su cuerpo, en un movimiento lleno de temblores, titubeos. Ese gesto tiene algo de orden recibida, de instrucción que se obedece mecánicamente, como se administra una medicina desagradable o se cumple un trámite. En su memoria, el tacto de esos dedos blancos se confunde con alguna otra cosa. Por ejemplo: la sensación de internarse de nuevo en la selva. Los pájaros exóticos y los monos contra los que no fue capaz de disparar, la decepción de su padre, el regreso. Y a ese recuerdo van asociados otros muchos: los librillos de poemas escondidos bajo el colchón; los suspiros de madre; las viñetas indecentes con los bordes cuarteados por sucesivas manipulaciones; las palabras de su padre justo antes de hacerle subir al coche. Ser hombre conlleva muchas responsabilidades. Su padre, con una mano en su hombro y sonriéndole por primera vez en mucho tiempo. Su padre esperando en el hall, tal vez con un periódico, tal vez coqueteando con una de las chicas; ella sentada en sus rodillas y él explicándole con paciencia y la misma sonrisa que es un hombre casado, que sólo está aquí por su hijo, del que está tan orgulloso, porque al fin va a convertirse en todo un hombre.
   Y entonces la mira a ella. A esa niña que tiembla y que también obedece. Tiene tan pocas ganas como él de estar ahí y sin embargo está, sin un reproche; no es su cumpleaños ni ganará cuatrocientos dólares, pero igualmente participa en esa larga cadena de capataces, mesdemoiselles, marineros y tratantes de mujeres. Un títere que primero mueve la mano y más tarde abrirá las piernas, sólo porque el señor Rodríguez ha pulsado las cuerdas apropiadas.
   Siente un sudor frío. Un respingo eléctrico recorriéndole la espalda, en parte por esos pensamientos, en parte porque casi sin querer también su mano ha comenzado a deslizarse por la cadera de ella. Una mano que no parece ser una parte de su propio cuerpo. La niña se muerde los labios. Su cuerpecito crispado se resiste a hacer un solo movimiento, ahoga un grito. Carlos cierra los ojos. Dormiremos juntos esta noche, pero ni siquiera llegaremos a tocarnos, dice. Mañana yo seguiré siendo virgen y tú seguirás costando cuatrocientos dólares, repite, pero de nuevo ella no cree en sus palabras. Poco a poco incluso él ha dejado de creer en ellas, porque de pronto está viendo detrás de los párpados cerrados a la niña saliendo de la habitación con las trenzas intactas, la madame que ríe en voz alta por el regalo de los cuatrocientos dólares, su padre que mueve la cabeza con heladora lentitud, que comprende, que siempre lo supo, y luego los cintarazos en la espalda con la correa de cuero y los rezos de madre y el médico recetando sorbos de ricino y veranos en la montaña.
   Pero nada de eso ocurrirá —la mano ascendiendo por el torso sin que ella pueda hacer nada más que seguir temblando; esa mano, su mano, tocando por primera vez un pecho—. No ocurrirá, porque su padre siempre consigue lo que quiere y esta vez no será menos; si para ser un hombre tiene que aplastar bajo su peso el cuerpo de la polaca, va a hacerlo, va a apretarse contra esa niña que tiene cara de jugar todavía a las lozas y las cerámi­cas, a las tardecitas de té y los bordados; a ser mamá, dentro de muchos años. Y no debería excitarle, pero le excita; y no debería comenzar a besarla ni desnudarla, pero ya lo está haciendo. La polaca que comienza a respirar más fuerte, que lucha por no ori­narse de puro miedo, que cierra también los ojos porque al fin le cree; porque sin palabras ha comprendido mejor el sentido de sus movimientos, el rumbo de ese niño terrible que se le viene encima todavía con los pantalones puestos.
   No sabe apenas nada sobre el cuerpo de una mujer. Al respecto tiene una idea imprecisa, que de pronto se hace nítida y penosa, como la revelación de un viajero que creía conocer el desierto por leerlo en un mapa. Así se siente abrasar sobre el cuerpo de ella, que de golpe le parece sin embargo frío y remoto como una piedra de sacrificio. Siente olores nuevos que en cierto modo son familiares. Un gusto salobre que tiene la sensación de reco­brar de alguna parte, como venido a través de un largo sueño. Mientras le revienta las costuras del corpiño y le arremanga la falda piensa en la vieja criada Gertrudis; en la paciencia con que viste y desviste a sus hermanas. Al sentir el tacto blanquísimo de su piel, su sabor a hostia consagrada; al escuchar los lamentos incomprensibles de la niña sufriendo, rezando, tal vez muriendo en polaco, piensa en madre. Cuando deja que todo el peso de su cuerpo se hunda sobre ella, no piensa en nada.
   Luego, lo que está haciendo, de pronto, duele. Siente ganas de llorar. Pero la humedad en sus mejillas no es nada compa­rada con otra humedad más terrible, cálida como una herida, subterránea como una enfermedad, que siente empapar su sexo. Escucha gritar a la niña y luego ve sangre, un pequeño rastro de sangre donde su padre ha dicho. Sangre empapando el follaje de la selva. Esquirlas rojas y negras, salpicando la blancura de las sábanas. Siente como si el resto de su cuerpo fuera la empu­ñadura de un cuchillo que sólo hoy, esa misma noche, hubiera sido desenvainado.
   No sabe si el amor se parece a eso. Si está matando a la niña que grita, que se sacude débilmente bajo su cuerpo. Está, quizás, matándola, pero no importa. Su padre ha pagado cuatrocientos dólares para que no importe.
   Se prolonga el tiempo exacto que dura una pesadilla.
   Y cuando todo termina comienza a llorar, esta vez sí, y la niña llora con él, y lo que es más extraño, también lo abraza. No está muerta, piensa Carlos con alegría, con sorpresa. No está muerta, y no le odia. Lo rodea con sus brazos como si él fuera al mismo tiempo sus padres, y sus hermanos, el país que no volverá a ver, la lengua que no escuchará de nuevo, el capitán mercante que cuidó de ella y durante todo un mes cumplió su palabra. Le abraza como dos niños que hubieran jugado y reñido y ahora quisieran jugar de nuevo.
   De pronto comienza a hablar. Murmura frases misteriosas que él escucha y trata de registrar con paciencia. Son, tal vez, preguntas y, en las pausas, él contesta con otras. Le pregunta si tiene trece años. Le pregunta si eso que acaban de hacer es lo que al otro lado de la puerta esperaban de ellos. Si también su padre le había dicho que hacerse una mujer conllevaba muchas responsabilidades, justo antes de despedirla en el puerto. Y ella contesta, a su modo, y después calla.
   Las velas se han consumido ya. En la oscuridad sus cuerpos continúan abrazados. Carlos ha comenzado a acariciarla lenta­mente. Su mano recorre la suavidad del cabello, su piel lechosa, y ella se ablanda y adormece al calor de ese contacto. Todavía lloran, pero ya sin ruido, sin amargura, y la niña ahora repite una sola frase, como una letanía; como si la noche se hubiera quedado encallada en el mismo punto.
   Chcę iść do domu.
   Al hablar, los labios húmedos se abren y se cierran para rozar su oreja.
   Chcę iść do domu.
   Y Carlos piensa en esas palabras mientras se va quedando dormido y aún después, minutos u horas más tarde, cuando al despertar descubre que la polaca ha desaparecido, y en el hall lo espera su padre para decirle que ya es todo un hombre.
   Che is do domo.
   Trata de grabarlas en su memoria ese día, y luego el resto de su vida, mientras concibe proyectos disparatados; planes en los que la polaca y él, contra el mundo.
   cheis to tomo,
   y poco a poco esos planes que se asordinan, se postergan, se abandonan, se mueren, porque al fin y al cabo ella ya no está en el burdel, nadie sabe dónde puede encontrarla, y si lo supiera sería lo mismo, claro, porque una cosa es sublevarse leyendo unos poemas y otra muy distinta dejarlo todo por una niña que ya ni siquiera es niña; por una puta que a estas alturas ni siquiera costará un dólar; por una extranjera cuyas últimas palabras poco a poco se ha resignado a olvidar, los sonidos incomprensibles que se van mezclando y confundiendo en su memoria, y con ellos la esperanza adolescente de que su conjuro cifrara algo her­moso, que cheis torromo signifique te perdono, que cheis mortoro quiera decir te quiero; que cheistor moro, yo tampoco te olvidaré, nunca.


JUAN GÓMEZ BÁRCENA, El cielo de Lima, Salto de Página, Madrid, 2014, pp. 105-110.
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Clara Lieu
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  2. Resume la historia (máximo: ocho líneas).
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