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jueves, 7 de marzo de 2013

27 DE DICIEMBRE, Sara Vicos



   27 de diciembre, un día aparentemente perfecto. Por fin había acabado la espera, había llegado el principio de nuestras vacaciones en los Alpes. Nos encantaba esquiar a los dos y este era el primer año que íbamos juntos como novios. Salimos temprano, quizá demasiado, pues aun era de noche. Metí las maletas en el maletero y me senté al volante. Ella ya estaba situada a mi lado. Nos miramos, sonreímos a la vez y arranqué sin esperar un segundo más.
   Anduvimos dos horas sin pronunciar una sola palabra. Se la veía ansiosa. Paré en una estación de servicio para desayunar. Yo tomé un sándwich de jamón york con queso, ella, sin embargo, solo bebió un vaso de leche. Puso la escusa de que con los nervios no era capaz a comer nada.
   Las otras cuatro horas pasaron lentamente, casi todo el tiempo en silencio salvo algún pequeño comentario sobre el paisaje o el tiempo. Parecía que nunca llegábamos a la montaña. Pero por fin lo vimos: un pequeño cartel con el nombre de un modesto hostal, en el que habíamos reservado una habitación para cinco días, los que deberían ser unos de los más felices de nuestras vidas. Los dos juntos y solos, rodeados de una inmensa capa blanca de una gélida nieve.
   Lo que quedaba de aquel esperado día lo utilizamos para deshacer la maleta, ver las instalaciones y descansar.
   Al día siguiente fuimos a la estación de esquí después de desayunar. Alquilamos unos esquís y todo el equipo necesario. Nos lo pusimos. Nos dimos un beso, nos cogimos de las manos y avanzamos. Pero cuando estábamos a punto de subir a la primera pista sucedió. Una avalancha de nieve nos sepultó y nos dejó inconscientes. No sé cuánto tiempo pasó hasta que me desperté en una habitación desconocida con dos médicos a mi lado. Lo primero que pregunté fue dónde estaba mi amor, pero no hubo respuesta, ellos no lo sabían. Un  día después vino un agente para hacerme unas preguntas sobre lo sucedido pero yo no me acordaba de nada, Sofía aun estaba desaparecida. Tres días después, con un brazo escayolado salí del hospital. Llamé a un taxi y le indique que me llevara a la estación. Al principio se opuso. Me dijo que estaban buscando a una chica perdida y que nadie que no fuera de la policía se podía acercar. Cuando le conté todo lo sucedido el conductor cambió de parecer y me llevó todo lo cerca que pudo de la estación de esquí y aún así tuve que acabar el trayecto a pie pues el hielo y la nieve hacían imposible la circulación de los automóviles. Cuando llegué estaba todo vallado. Un montón de gente buscaba entren la nieve cuando de repente lo vi. Uno de los allí presentes grito y todos corrieron a ayudarle a sacar un cuerpo enterrado de la nieve. Era Sofía. Corrí a abrazarla. Su cuerpo estaba frío. Un hombre le tomo el pulso y bajo la cabeza con decepción. Estaba muerta. El amor de mi vida nunca volvería a decirme "te quiero”. Empecé a llorar.
   Y desperté. Estaba en el hospital. Ella estaba sentada en un sillón a  mi lado. Abrió los ojos y al ver que yo estaba despierto corrió a mi lado y me dijo “te quiero”.

 Sara Vicos

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