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jueves, 11 de diciembre de 2014

EL DESEO INSACIABLE, Guadalupe Nettel

EL DESEO INSACIABLE

   Piel de Zapa es la obra que sella el éxito de Balzac. La novela fue elogiada incluso por Goethe en sus últimos días. En la obra un joven recibe un trozo de piel de zapa que tiene poderes mágicos y que cumple cada uno de sus deseos. Sin embargo, con cada deseo concedido, la piel se encoge y consume parte de la energía vital de su propietario. El éxito literario lleva a Balzac a recibir grandes sumas de dinero en esos años, pero lejos de satisfacerse, sus deseos de riqueza lo empujan, como al protagonista de Las ilusiones perdidas, a aventurarse en pintorescos negocios que lo conducen a la ruina y a amoríos rocambolescos con damas de la nobleza que no cesaron ni cuando por fin pudo añadir la codiciada partícula “de” a su apellido. Para compensar la falta de pompa a la que aspiraba, escribía en las paredes, de las habitaciones desprovistas de muebles, lo que anhelaba tener y que según él compraría cuando por fin se enriqueciera. En un muro tenía escrito con carbón: “Cuadro de Rafael”, en otra “Tapiz de Gobelinos”, en otra “Espejo de Veneciano”, en otra “Biombo de palisandro”. Su ensoñaciones llegaron incluso a los libros que premeditaba escribir pues esa obra admirable por extensa, no le era suficiente. De todos ellos tenía las maquetas, eran libros encuadernados con las páginas en blanco en cuyo lomo y cuya portada aparecía el título de la obra y su nombre en letras doradas.
   Obligado a escribir sin detenerse durante 15 y 18 horas diarias para pagar a sus acreedores fue constituyendo, en ese entorno de lujo imaginario, una obra colosal que hoy en día se considera el inicio de la novela moderna, por la forma de retratar a la sociedad pero también porque utiliza la experiencia personal para otorgar credibilidad a sus personajes. Así, tanto en La comedia humana como en Las ilusiones perdidas —en las que retrata con un realismo admirable los excesos burgueses de su época, el arribismo y la constante inconformidad de quienes aspiran al ascenso social—, encontramos a este hombre bulímico e insaciable que él mismo era. No en vano escribió Jules Renard en su diario el 3 de octubre de 1895: “Balzac es auténtico al por mayor, al detalle no lo es”.

GUADALUPE NETTEL, El País, 3 de diciembre de 2014.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA FUNDACIÓN, Antonio Buero Vallejo




ANTONIO BUERO VALLEJO, La Fundación, Austral, Madrid.


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De esta obra de teatro estrenada esta obra en Madrid en 1974, es recomendable una edición que contenga un estudio y una guía de lectura como la elaborada por Francisco Javier Díez de Revenga, para cualquiera de estas dos ediciones de Espasa Calpe.



Fecha del control de lectura: 16 de enero del 2015.
 



viernes, 5 de diciembre de 2014

REALISMO Y NATURALISMO EN ESPAÑA

REALISMO Y NATURALISMO. CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL MOVIMIENTO. LA NARRATIVA REALISTA: GALDÓS, CLARÍN Y PARDO BAZÁN.

   El Realismo fue una corriente artística que, frente al idealismo romántico, pretendía representar la realidad con fidelidad y verosimilitud. Surge en Francia, en la primera mitad del siglo XIX, con autores como Balzac, Stendhal y Flaubert, y se extiende por toda Europa en la segunda mitad del siglo.
   El Realismo se caracteriza por ofrecer una visión objetiva de la realidad que rodea al escritor, con frecuente intención crítica y un estilo literario sobrio y preciso, lejos de la exuberancia retórica del Romanticismo.
    La novela fue considerada el género más apto para reflejar la realidad, por lo que las características del realismo son, en gran parte, las características de la novela realista.

lunes, 1 de diciembre de 2014

MODELO DE EXAMEN 1ª EVALUCIÓN 4º ESO

   Cuando el señor Burt examina el rostro del hombre con más atención, constata sin ningún género de duda que es el señor Lilolai, el anciano que está sentado frente a él. Es el mismo rostro, los mismos ojos, la misma forma de la boca, la misma frente, pero treinta o cuarenta años atrás. Y al volver a mirar a la joven, comprende que se trata de la mujer del señor Lilolai, seguramente enferma como la suya, puesto que nunca la ha visto con él. Entonces contempla las facciones de la mujer, joven, muy joven, y de una belleza a un tiempo humilde y misteriosa, misteriosa por humilde quizá, una belleza que se ofrece sin aderezos, con una sencillez ingenua y turbadora.
   El señor Burt deja la fotografía en la mesa con cuidado, se lleva la mano al bolsillo interior de la chaqueta y saca la cartera, de la que también extrae una fotografía, la de su propia mujer, que sonríe con la cabeza ligeramente ladeada hacia la izquierda.
   Sólo se ve el rostro, un rostro redondo y pálido, unos labios pintados y unos ojos grandes y entornados, debido a la sonrisa y sin duda también al sol, que le da directamente en la cara. Detrás, todo se ve verde. Probablemente se trata de un árbol. El señor Linh intenta reconocer las hojas, descubrir qué árbol es, pero no lo consigue. En su país no hay hojas como ésas. La mujer parece feliz. Es una mujer gorda y feliz. Debe de ser la esposa del hombre gordo. El anciano nunca la ha visto. Puede que trabaje sin parar. O puede... sí, puede que sea eso, puede que esté encamada. Sentir que el hombre gordo y él estén viviendo el mismo desamparo lo reconforta. Esa idea le causa emoción: alivio en su tristeza.

  1. Localiza el fragmento en el conjunto de la historia. Señala los errores que contiene el texto y di por qué son relevantes en esta secuencia. [2 puntos]
  2. Define estos términos de narratología sirviéndote de ejemplos de alguna de las narraciones leídas este curso o en tu ocio personal: narratario, antagonista, narrador no fidedigno. [2 puntos]
  3. Principales características del Romanticismo. [2 puntos]
  4. Indica el tipo de unidad gramatical y la función sintáctica desempeñada por elementos subrayados en ele texto. [2 puntos]
  5. Análisis sintáctico completo de una de estas oraciones. [2 puntos]
  • Cuando el señor Burt examina el rostro del hombre con más atención, constata sin duda que es el señor Lilolai.
  • El señor Burt deja la fotografía en la mesa, se lleva la mano al bolsillo de la chaqueta y saca la cartera.
  • El señor Linh intenta descubrir qué árbol es, pero no lo consigue.

EL NARRADOR OMNISCIENTE EN LA NOVELA DECIMONÓNICA


   Se consideraba Fortunata en aquel caso como ciego mecanismo que recibe impulso de sobrenatural mano. Lo que había hecho, hacíalo, a juicio suyo, por disposición de las misteriosas energías que ordenan las cosas más grandes del universo, la salida del Sol y la caída de los cuerpos graves. Y ni podía dejar de hacerlo, ni discutía lo inevitable, ni intentaba atenuar su responsabilidad, porque esta no la veía muy clara, y aunque la viese, era persona tan firme en su dirección, que no se detenía ante ninguna consecuencia, y se conformaba, tal era su idea, con ir al infierno.
   «Esto de alquilar la casa próxima a la tuya—dijo Santa Cruz—, es una calaverada que no puede disculparse sino por la demencia en que yo estaba, niña mía, y por mi furor de verte y hablarte. Cuando supe que habías venido a Madrid, ¡me entró un delirio...! Yo tenía contigo una deuda del corazón, y el cariño que te debía me pesaba en la conciencia. Me volví loco, te busqué como se busca lo que más queremos en el mundo. No te encontré; a la vuelta de una esquina me acechaba una pulmonía para darme el estacazo... caí».
   —¡Pobrecito mío!... Lo supe, sí. También supe que me buscaste. ¡Dios te lo pague! Si lo hubiera sabido antes, me habrías encontrado.
   Esparció sus miradas por la sala; pero la relativa elegancia con que estaba puesta no la afectó. En miserable bodegón, en un sótano lleno de telarañas, en cualquier lugar subterráneo y fétido habría estado contenta con tal de tener al lado a quien entonces tenía. No se hartaba de mirarle.
   «¡Qué guapo estás!».
   —¿Pues y tú? ¡Estás preciosísima!... Estás ahora mucho mejor que antes.
   —¡Ah!, no—repuso ella con cierta coquetería—. ¿Lo dices porque me he civilizado algo? ¡Quia!, no lo creas: yo no me civilizo, ni quiero; soy siempre pueblo; quiero ser como antes, como cuando tú me echaste el lazo y me cogiste.
   —¡Pueblo!, eso es—observó Juan con un poquito de pedantería—; en otros términos: lo esencial de la humanidad, la materia prima, porque cuando la civilización deja perder los grandes sentimientos, las ideas matrices, hay que ir a buscarlos al bloque, a la cantera del pueblo.
   Fortunata no entendía bien los conceptos; pero alguna idea vaga tenía de aquello.
   «Me parece mentira—dijo él—, que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho...».
   —Quita allá... ¡perdón!—exclamó la joven anegándose en su propia generosidad—. Si me quieres, ¿qué importa lo pasado?
   En el mismo instante alzó la frente, y con satánica convicción, que tenía cierta hermosura por ser convicción y por ser satánica, se dejó decir estas arrogantes palabras:
   «Mi marido eres tú... todo lo demás... ¡papas!».
   Elástica era la conciencia de Santa Cruz, mas no tanto que no sintiera cierto terror al oír expresión tan atrevida. Por corresponder, iba él a decir mi mujer eres tú; pero envainó su mentira, como el hombre prudente que reserva para los casos graves el uso de las armas.

BENITO PÉREZ GALDÓS, Fortunata  y Jacinta, 1886.

viernes, 28 de noviembre de 2014

PENSAMIENTO Y CULTURA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. EL REALISMO Y EL NATURALISMO


   A mediados del siglo XIX (antes en algunos países como Francia, más tarde en otros como España), pre­dominan ya en los medios artísticos los principios esté­ticos del Realismo. Se conoce con este nombre al movimiento cultural característico de una sociedad burguesa a la que no agradaban las fantasías idealistas ro­mánticas. Ello no quiere decir que pueda establecerse una separación tajante entre Romanticismo y Realis­mo, pues siguen perviviendo muchos rasgos románti­cos en el arte realista. De hecho, cuando éste apareció en Francia, era difícil distinguir por completo ambos movimientos, pues los autores románticos postreros y los pioneros realistas convivían en el mismo tiempo histórico. Así, Stendhal (1783-1842) publica El rojo y el negro en 1830 y La cartuja de Parma en 1839; las noventa y una novelas que componen La comedia hu­mana de Balzac (1799-1850) aparecen entre 1830 y 1847; Madame Bovary de Flaubert (1821-1880) se edi­ta en 1857; mientras que un escritor considerado ro­mántico como Víctor Hugo (1802-1885) publica Nues­tra Señora de París en 1831 y Los miserables en fecha tan tardía como 1862. En realidad, el Realismo surge en principio por depuración o mera desaparición de los elementos románticos más idealistas. Sólo más tarde, por la influencia de las ideas filosóficas y científicas de la época, la oposición entre el Realismo y el Romanticismo se hará más nítida.
   La filosofía propia de la sociedad burguesa decimo­nónica es el positivismo, para el que no existe otra rea­lidad que los hechos perceptibles ni es posible otra in­vestigación que no sea la del estudio empírico de esos hechos o de las relaciones existentes entre ellos. Se en­tiende por hecho un estado de cosas que puede captar-se por los sentidos y ser comprobado empíricamente. La observación rigurosa y la experiencia son los ins­trumentos básicos de la filosofía positivista. Estos prin­cipios, que están en la base del desarrollo de las cien­cias y de las técnicas, fueron formulados de forma sistemática por el filósofo francés Auguste Comte en obras como el Curso de filosofía positiva (1839-1842). El nuevo método experimental (observación-hipótesis-experimentación) fue expuesto por el fisiólogo francés Claude Bernard en su Introducción al estudio de la medicina experimental (1865). Enorme importancia tie­ne el evolucionismo o darwinismo, propuesto por el naturalista inglés Charles Darwin —El origen de las es­pecies (1859), El origen del hombre (1871)—, según el cual los diversos seres vivos resultan de la evolución y selección natural de aquéllos mejor adaptados al medio ambiente, a través de la lucha por la supervivencia y gracias a la transmisión de los caracteres por la heren­cia. Por esos años, en 1866, el botánico austríaco Gre­gor Mendel había descubierto las leyes de la herencia biológica. Especial influjo alcanza, en fin, el marxis­mo. En El capital, Karl Marx estudia sistemáticamente la sociedad capitalista, a la que ve sujeta también a unas leyes específicas. Desde principios materialistas, Marx afirma que el motor del desarrollo histórico es la lucha de clases sociales y explica así las causas de las revolu­ciones burguesas y las contradicciones de la nueva so­ciedad capitalista, contradicciones que propician nue­vas revoluciones, en este caso proletarias. La filosofía marxista, por tanto, no se limita a interpretar el mundo, sino que propone transformarlo, lo que explica que el marxismo se convirtiera en la ideología predominante en los movimientos obreros de fin de siglo.

Emile Friant