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viernes, 23 de enero de 2015

TÚ ME LLAMAS, AMOR, YO COJO UN TAXI, Luis García Montero

TÚ ME LLAMAS, AMOR, YO COJO UN TAXI

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,                                                                5
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.                         10

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,                                    15
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,                                     20
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso                                                                 25
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.                                             30

No hay nada que decir,
pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,                                            35    
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.

LUIS GARCÍA MONTERO, Diario cómplice, Hiperión, Madrid, 1987.
&
Magda Bonet


EL ARTE EN LA CRISIS DEL FIN DE SIGLO

   La mayoría de los nuevos escritores tienen en común su actitud rebelde frente a los valores burgueses, en la que coinciden con gran parte de los movimientos artísticos europeos de la larga época que va desde mediados del siglo XIX hasta más allá de la Primera Guerra Mundial (decadentismo, malditismo impresionismo, nihilismo, fauvismo, etc.). En su repulsa del gigantismo industrial de la sociedad capitalista, estos artistas jóvenes adoptan diferentes posturas, no sólo estéticas, sino también ideológicas: el socialismo de Unamuno y Maeztu, el anarquismo peculiar de Martínez Ruiz y Baroja, el carlismo de Valle-Inclán. Este radicalismo ideológico de los nuevos escritores de fin de siglo procedentes en su casi totalidad de medios sociales pequeñoburgues, no es ajeno a la crisis del pensamiento positivista ni a las contradicciones que en la conciencia burguesa genera una sociedad en proceso de cambio acelerado. Se oponen, así, frontalmente a la mediocridad de la sociedad española de la Restauración, y ello tanto a través de su compromiso político como de actitudes irreverentes de todo tipo. Es la época del anarquista literario, del bohemio, del dandy, del escritor maldito. Se identifica en muchos casos revolución social con subversión moral, y de ahí la propensión a la provocación, a las conductas antisociales y amorales, al deseo de épater le bourgeois. Con el paso de los años, la inutilidad práctica de sus esfuerzos y su progresiva integración social atenuará hasta la desaparición ese radicalismo de juventud. Será entonces el momento en que se hagan más evidentes en muchos de estos escritores rasgos que, en alguna medida, ya estaban presentes desde un principio en sus obras: desconfianza en la razón, cierto aristocratismo, marcada propensión al individualismo, visión literaturizada de la vida, pesimismo, etc. Pasan entonces a primer plano en sus textos el paisaje, las viejas ciudades, el tedio vital, los personajes abúlicos e indolentes... Pero debe insistirse en que todo ello no es un rasgo particular y exclusivo de los escritores españoles de este momento, supuestamente agobiados por la sensación de decadencia y desastre que acompañaría a la pérdida en 1898 de las últimas colonias, sino que estamos ante un fenómeno mucho más general que tiene su correlato evidente en las letras europeas de esta época.

&
Ramón Casas

jueves, 22 de enero de 2015

CRISIS DE FIN DE SIGLO: DANDISMO


   El Dandy es un personaje del Romanticismo. Individualista, irracional en la razón, atrevido, el Dandy es todo un estilo. Es el rebelde que lleva arte y rebeldía a su persona y a su atuendo. Es Byron, que llora por su perro muerto y desdeña a los hombres, o que mide todas las mañanas la esbeltez de su talle, afirmando no alimentarse sino de bizcochos y agua carbónica. Es también Lord Baltimore (del que habla Baudelaire), quien se hizo construir un harén, por lo que fue obligado a abandonar Inglaterra, muriendo en Nápoles, camino de Turquía. El Dandy se rebela contra una sociedad –y un mundo- y adopta la esterilidad, la imposibilidad y el mal. Aunque esto no pase muchas veces de una estética o, a lo sumo, de una disidencia siempre individual. Porque el Dandy quiere separarse de los demás y ser así –en su personalismo- más rebelde.
    Tras el Romanticismo, nutrido de Dandies famosos –Brummell ante todos-, y, cuando ya el dandismo ha entrado de pleno en la literatura –el Dandy es un personaje que se mitifica, y su literatura se acerca a un estilo-, el dandismo sigue evolucionando. Así, surge el Dandy del Simbolismo, el decadente, el estilo “fin de siglo”. Baudelaire, quien se tiñe los cabellos de verde, o responde a quienes elogian su imponente levita que se abrocha con grandes botones de metal dorado: “Acabo de encargarme doce levitas iguales”. El Dandy intenta horrorizar al burgués y vencer a la mujer en su terreno (o en lo que una sociedad considera su terreno). De ahí el desdén hacia la mujer. De ahí el tono femenino. El Dandy puro no debe hacer nada. Vive solo para su manera. Traslada el arte, la creación, a su persona; hace de su vida un arte.

LUIS ANTONIO DE VILLENA, Corsarios de Guante Amarillo, Valdemar.

miércoles, 21 de enero de 2015

BLACK, BLACK, BLACK, Marta Sanz

MARTA SANZ, Black, black, black, Anagrama, Barcelona, 2010, 332 páginas.

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La estructura de esta obra está bien calibrada. Tras el primer Black, aparece esa segunda parte en la que se suspende la intriga; por ello el lector ha de preguntarse por el sentido de esa interferencia.

Nerea Nogueira
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Lo que más me impresionó, después de haber leído este elevado número de páginas, es ese final abierto que invita a la imaginación del lector.

Pablo Buyo
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La comunidad de vecinos es como una pequeña muestra de la sociedad actual en la que la gente muestra una cara (como el detective Zarco), pero tiene otra distinta, que es la que desvela Paula cuando revela, por ejemplo, la invención de Luz.
Gala Illanes

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La primera virtud de la novela se encuentra en que esta escritora obliga al lector a ser creativo y trabajar propiamente como un detective para entender el todo. [...] Otra excelencia es la distribución de los blacks. El lector piensa que el diario de Luz nada tiene que ver con la historia, por ello se decepciona durante la lectura. Aunque, si se pregunta qué ha querido hacer con ello, advierte que Marta Sanz desea que el lector se enfade, ya que no lo trata como un cliente al que se le da todo hecho, como ocurre en la mayoría de las novelas negras de crimen-resolución.

Nerea Nogueira
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Marta Sanz ha sabido distribuir de forma ordenada los hechos relevantes que ha querido incluir en su novela y también adecuar la estructura a lo que los personajes (los anómalos vecinos del edificio y los intrusos Zarco y Paula) y las relaciones entre ellos piden, igual que reclama un espacio característico para el desarrollo de la acción y la trama.

María Peteiro

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Mientras lee Black II el lector, al considerar que esa secuencia resuelve el caso, supone que las páginas siguientes supondrán un fatal pérdida de tiempo. Cuando se desvela que Luz ha escrito una ficción, la autora consigue dar un giro radical al relato de los acontecimientos.
Martín Gómez
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Cuando el lector reflexiona sobre este mundo dominado por la violencia, la xenofobia, la soledad, el abandono... advierte que la crítica social que plantea Marta Sanz es profunda. Lo descrito resulta muy próximo al lector, incluida la mezcla de realidad y ficción que a muchas personas puede confundir.
Pablo Martínez

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El obsesivo diario de Luz, con su cansino inventario de dietas, vicios y menstruaciones perdidas, reflexiona sobre la responsabilidad de la ficción, sobre las mentiras de las verdades y las verdades de las mentiras.

Paula Ois 

martes, 20 de enero de 2015

CRISIS DE FIN DE SIGLO: BOHEMIA


   Genéticamente, la actitud bohemia era una actitud de inadapta­ción social y protesta romántica e individualista contra el capitalis­mo y la clase burguesa. El sistema de valores bohemios (arte, belle­za, independencia, libertad, rebeldía) se oponía al código moral de la clase dominante. La actitud de rebelión y protesta del bohemio se alza contra la mediocridad y vulgaridad de la sociedad burguesa, con­tra la cual sólo cabe la enajenación voluntaria a través del ajenjo, la droga, el burdel o el narcótico del arte. Frente a la uniformidad so­cial, la protesta individualista del artista bohemio se expresa como fuente de liberación de su lucidez desesperada. Rimbaud o Verlaine ejemplifican esa voluntaria condición de artistas «malditos», de escri­tores «decadentistas» situados en los límites extremos de la margi ­ nalidad social.
   La desafiante actitud antiburguesa del artista bohemio se funda­menta en su odio a la burocratización de la vida, a la uniformidad social y a la mercantilización del arte. El artista bohemio no quiere vender ni admite dejarse comprar su imaginación creadora: «Intransigente, prefirió muchas veces la miseria a macular su pureza estéticas escribirá Rubén Darío del escritor español bohemio Alejandro Sawa. Porque el artista bohemio prefiere la absoluta independencia, el cotidiano e insuficiente menú de café con leche y media tostada, a vender su talento al «filisteo»—palabra que resume su desprecio por h ramplonería espiritual de la dase burguesa—. Admite el «acanallarse perpetrando traducciones» o el «hinchar telegramas» en una redacción de periódico como un mal menor asumido («las letras son colo­rín, pingajo y hambre»), pero el auténtico bohemio lo es por condición espiritual, por convicción mental, por libérrima decisión personal, por creer en unos ideales que son los del arte, realizados según la mitología bohemia. La verdadera bohemia no es una forma de vida, forzosa en la mayoría y caracterizada por una extrema penuria, sino una manera de ser artista, una condición espiritual sellada por el aristocratismo de la inteligencia. La vida bohemia se asume porque para el artista bohemio no hay arte sin dolor, o como decía Baude­laire, arte equivale a «malheur». La verdadera bohemia se vive, por tanto, como experiencia de libertad en el seno de una sociedad volun­tariamente margina], en donde el tiempo no es oro, sino ocio artísti­co, alcohol, búsqueda de paraísos artificiales, de alucinaciones mági­cas, de belleza y «falso azul nocturno».
   Esa actitud provocadoramente antiburguesa dei escritor bohemio le conduce a una «pose» de anarquista literario, o una condición de «maldito» que se relaciona con los marginados sociales (homosexua­les, prostitutas, delincuentes), a experimentar el placer de demoler ideas y valores establecidos por medio de «boutades» con el objetivo expreso de «épater le bourgeois». [...]
   La concepción aristocrática de un «arte por el arte» es la que de­fienden la mayoría de escritores bohemios. Bohemia, anarquismo y aristocratismo artístico van unidos en la actitud estética «modernista» de bohemios como Sawa, Rubén Darío o Valle-Inclán. La concep­ción de Darío del modernismo como expresión de la libertad y el anarquismo en el arte; el grito del bohemio verlainiano Henry Cor­nuty en el teatro Barbieri de Madrid; los poemas de Pedro Barran­tes al puñal y a la dinamita en su Delirium tremens; el ¡Viva la bagatela! valleinclaniano; el paraguas rojo del joven Martínez Ruiz, terrible anarquista literario entonces y conservador Azorín después; el ¡Mueran los jesuitas! del Maeztu radical, son otros tantos signos de esa compleja posición anarcoaristocrática de los escritores españo­les finiseculares. La actitud bohemia de protesta antiburguesa se im­pregnaba claramente de anarquismo literario «pour épater le bour­geois».
   Pero, en rigor, los escritores bohemios sintieron una aversión y un profundo desprecio por la política oficial de la Restauración. In­dividualistas e insolidarios, incapaces, salvo honrosas excepciones, de establecer un compromiso político con los partidos de la clase obrera, desengañados de la política oficial, los escritores bohemios se cons­truyeron un paraíso artístico en donde la problemática política no tenía espacio. Excepciones eran, sin embargo, Ricardo Fuente, Joa­quín Dicenta, Rafael Delorme y el núcleo de la revista Germinal, defensores de un socialismo romántico y heterodoxo. También Pedro Luis de Gálvez, poeta bohemio, acabaría escribiendo narraciones anarcosindicalistas y Ernesto Bark, apóstol de la religión bohemia, fue igualmente un incansable predicador de la rebelión política del proletariado intelectual bohemio.
   El lenguaje cumple para el bohemio la función de dinamitar los puentes ideológicos y morales que le separan de la burguesía y de su sistema de valores (familia, propiedad, orden, sexo, religión).



AZNAR SOLER, Manuel, “Bohemia y burguesía en la literatura finisecular”, Historia y crítica de la literatura española, Editorial Crítica, Barcelona, 1980, páginas 77-79.


Henri Fantin-Latour 

LA FUNDACIÓN, Antonio Buero Vallejo

ANTONIO BUERO VALLEJO, La fundación, 1974.

lunes, 19 de enero de 2015

MOVING ON, James

AINSLIE HENDERSON, Moving on, 2014.

JAMES, "Moving on", La Petite Mort, Cooking vinyl, 2014.


MOVING ON

Please don't get me started
Looking backwards to move on.
Strong yet open-hearted,
Accept leaving when leaving's come.

God didn't see it coming,
Never said I love you, hope you knew.
Now my bags are packed and my sails are tacked
And my course is marked by stars,

[2x]
I'm on my way,
Soon be moving on my way,
Leave a little light on,
Leave a little light on,

Time always unwinding,
All these dead lines in my mind.
Seeds and dreams we planted
Took for granted, didn't prove.

Walking down this road
When my pulse beats slow,
Hope to have you close at hand.
When this cycle ends,
Will it start again?
Will we recognize old friends?

I'm on my way,
Soon be moving on my way,
Leave a little light on,
Leave a little light on.

I'm on my way,
On my way, on my way, on my way,
Leave a light on,
Leave a little light on.

I'm on my way,
Soon be moving on my way,
Leave a little light on,
Leave a little light on.

I'm on my way,
On my way, on my way, on my way.
Leave a light on,
Leave a little light on,
Leave a little light