Mi lista de blogs

domingo, 23 de noviembre de 2014

MODELO DE EXAMEN 1ª EVALUACIÓN 2º BACHILLERATO

DE MENTES SUPERFICIALES

    No es solo un juego de palabras. Es lo que dice Nicholas Carr en su libro sobre cómo Internet y sus páginas más usadas nos están haciendo puré la mente y nos están convirtiendo (pervirtiendo) en seres desinformados de tan informados que estamos. Según Carr, la ciencia habla claro en ese sentido: «La habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más». Él dice que lo suyo no es un manual de autoayuda. Solo alerta. Tenemos toda la libertad de elegir si queremos seguir deshumanizándonos y uniformándonos (bebemos de las mismas aplicaciones). Contra Carr, expertos han dicho que no hay tal peligro. Que en realidad Internet es una vuelta a lo natural. Que lo natural en el ser humano ha sido estar alerta. Que fue al revés. Que el hombre tuvo que adaptarse a Gutenberg y las largas lecturas. Que lo natural es la multitarea. El debate es fascinante. Carr propone frente a esa supuesta tiranía de la distracción, de link en link, la concentración de toda la vida. «La mente necesita concentración y contemplación abierta para que lleguen las ideas, la creatividad». Pero el propio Carr cae en el pecado. Y reconoce que el enemigo es enorme «porque es útil, entretenido y divertido». A él, de momento, ir contracorriente en el océano de Internet le ha salido muy rentable. Sus libros, versión papel o versión digital, se devoran.

CÉSAR CASAL, La Voz de Galicia, 29 de octubre de 2014.


CUESTIONES

  1. Explica el significado de las siguientes palabras o expresiones destacadas en el texto: Internet, empatía, multitarea, debate, pecado. [1 punto]
  2. Resume el contenido del texto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales. [1,5 puntos]
  3. Redacta un comentario critico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación. [1,5 puntos]
  4. Indica el tipo de unidad gramatical y la función sintáctica desempeñada por elementos subrayados en ele texto. [1 punto]
  5. Plenilunio de Antonio Muñoz Molina, ¿novela negra? [1 punto]
  6. El realismo mágico en Crónica de una muerte anunciada. [1 punto]
  7. La literatura en el siglo XVIII: prosa didáctica y teatro. [1 punto]
  8. Principales características del Romanticismo. [1 punto]
  9. Completa la definición o lo definido: [1 punto]
  • Hizo la autopsia a Santiago Nasar:
  • Escribió Rimas y leyendas: 
  • Nasar sólo se enamoró verdaderamente de: 
  • Escribió El sí de las niñas:
  • Sólo bebe Coca Cola:
  • Lázaro Aponte:

jueves, 20 de noviembre de 2014

[TÚ ERAS EL HURACÁN...], Gustavo Adolfo Bécquer





XLI

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
Gustavo Adolfo Bécquer
&
Joseph Mallord William Turner

miércoles, 19 de noviembre de 2014

ROMANTICISMO: CARACTERÍSTICAS


  Se conoce con el término Romanticismo el movimiento cultural que se opone, de forma más o menos explícita, a los principios característicos de la Ilustración y que es resultado de la profunda crisis social e ideológica de un mundo en acelerado cambio, como es el de las primeras décadas del siglo XIX. La crisis y el declive de los seguros valores tradicionales, la despersonalización del individuo dentro de la masificación propia de la nueva sociedad industrial, el auge del materialismo y la tecnificación, las bruscas transformaciones que se producen en la vida de los hombres, los conflictos de identidad personal o colectiva, conducen a dos actitudes opuestas: al rechazo de la nueva sociedad —bien añorando un pasado perdido, bien forjando mundos ideales—, o a la reivindicación de un progreso más acentuado que permita alcanzar un modelo social verdaderamente humano, en el que tengan cabida la fantasía, la espiritualidad, la libertad o la justicia:

   No sería inteligible el fenómeno romántico sino se incluyese en la gran transformación histórica que, en el mundo occidental, supuso el establecimiento del sistema económico de producción industrial y capitalista que, además, se manifestó estrechamente unido a episodios políticos, bélicos y tecnológicos. De manera que la aceleración del ritmo histórico fue adquiriendo un movimiento uniformemente acelerado capaz de alterar el tono vital de las gentes, tono que ya había iniciado su mutación cuando la estética dieciochesca de la subjetividad comenzó a reorientar la sensibilidad y los valores morales. Un mundo en cambio total en el que sus piezas más significativas mantenían estrechas relaciones entre sí fue el contexto en el que la actividad de los artistas generó el discurso artístico de la modernidad.

[Leonardo Romero Tobar: Panorama crítico del Romanticismo español]


Caspar David Friedrich

martes, 18 de noviembre de 2014

UNA HISTORIA DE ESPAÑA (XXXV), Arturo Pérez Reverte


UNA HISTORIA DE ESPAÑA (XXXV)


   Con Felipe V, el primer Borbón, tampoco es que nos tocara una joya. Acabó medio majareta, abdicó en su hijo Luis I, que nos salió golfo y putero pero por suerte murió pronto, a los 18 años, y Felipe V volvió a reinar de modo más bien nominal, pues la que se hizo cargo del cotarro fue su esposa, la reina Isabel de Farnesio, que gobernó a su aire, apoyada en dos favoritos que fueron, sucesivamente, el cardenal Alberoni y el barón de Riperdá. Todo podía haberse ido otra vez con mucha facilidad al carajo, pero esta vez hubo suerte porque los tiempos habían cambiado. Europa se movía despacio hacia la razón y el futuro, y la puerta que la nueva dinastía había abierto con Francia dejó entrar cosas interesantes. Como decía mi libro de texto de segundo de Bachillerato (1950, nihil obstat del censor, canónigo don Vicente Tena), «el extranjerismo y las malsanas doctrinas se infiltraron en nuestra patria». Lo cierto es que no se infiltraron todo lo que debían, que ojalá hubiera sido más; pero algo hubo, y no fue poco. La resistencia de los sectores más cerriles de la Iglesia y la aristocracia española no podía poner diques eternos al curso de la Historia. Había nuevas ideas galopando por Europa, así como hombres ilustrados, perspicaces e inteligentes, más interesados en estudiar los Principia Matematica de Newton que en discutir si el Purgatorio era sólido, líquido o gaseoso: gente que pretendía utilizar las ciencias y el progreso para modernizar, al fin, este oscuro patio de Monipodio situado al sur de los Pirineos. Poco a poco, eso fue creando el ambiente adecuado para un cierto progreso, que a medida que avanzó el siglo se hizo patente. Durante los dos reinados de Felipe V, vinculado a Francia por los pactos de familia, España se vio envuelta en varios conflictos europeos de los que no sacó, como era de esperar, sino los pies fríos y la cabeza caliente; pero en el interior las cosas acabaron mejorando mucho, o empezaron a hacerlo, en aquella primera mitad del siglo XVIII donde por primera vez en España se separaron religión y justicia, y se diferenció entre pecado y delito. O al menos, se intentó. Fue llegando así al poder una interesante sucesión de funcionarios, ministros y hasta militares ilustrados, que leían libros, que estudiaban ciencias, que escuchaban más a los hombres sabios y a los filósofos que a los confesores, y se preocupaban más por la salvación del hombre en este mundo que en el otro. Y aquel país reducido a seis millones de habitantes, con una quinta parte de mendigos y otra de frailes, monjas, hidalgos, rentistas y holgazanes, la hacienda en bancarrota y el prestigio internacional por los suelos, empezó despacio a levantar la cabeza. La cosa se afianzó más a partir de 1746 con el nuevo rey, Fernando VI, hijo de Felipe, que dijo nones a las guerras y siguió con la costumbre de nombrar ministros competentes, gente capaz, ilustrada, con ganas de trabajar y visión de futuro, que pese a las contradicciones y vaivenes del poder y la política hizo de nuestro siglo XVIII, posiblemente, el más esperanzador de la dolorosa historia de España. En aquella primera media centuria se favorecieron las ciencias y las artes, se creó una marina moderna y competente, y bajo protección real y estatal -tome nota, mísero señor Rajoy- se fundaron las academias de la Lengua, de la Historia, de Medicina y la Biblioteca Nacional. Por ahí nos fueron llegando funcionarios eficaces y ministros brillantes como Patiño o el marqués de la Ensenada. Este último, por cierto, resultó un fuera de serie: fulano culto, competente, activo, prototipo del ministro ilustrado, que mantuvo contacto con los más destacados científicos y filósofos europeos, fomentó la agricultura nacional, abrió canales de riego, perfeccionó los transportes y comunicaciones, restauró la Real Armada y protegió cuanto tenía que ver con las artes y las ciencias: uno de esos grandes hombres, resumiendo, con los que España y los españoles tenemos una deuda inmensa y del que, por supuesto, para no faltar a la costumbre, ningún escolar español conoce hoy el nombre. Pero todos esos avances y modernidades, por supuesto, no se llevaron a cabo sin resistencia. Dos elementos, uno interior y otro exterior, se opusieron encarnizadamente a que la España del progreso y el futuro levantara la cabeza. Uno, exterior, fue Inglaterra: el peor y más vil enemigo que tuvimos durante todo el siglo XVIII. El otro, interior y no menos activo en vileza y maneras, fue el sector más extremo y reaccionario de la Iglesia católica, que veía la Ilustración como feudo de Satanás. Pero eso lo contaremos en el próximo capítulo.

ARTURO PÉREZ REVERTE, Una historia de España (XXXV), XLSemanal, 10 de noviembre de 2014.

lunes, 17 de noviembre de 2014

MACONDO, Alberto Manguel & Gianni Guadalupini


MACONDO

   Pueblo colombiano fundado mucho tiempo atrás por José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación siempre iba más lejos que el ingenio deja naturaleza. José Arcadio dispuso de tal modo la posición de las casas que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. Construyó trampas y jaulas, y llenó de turpiales, canarios, azulejos y petirrojos todas las casas de la aldea. El concierto de tantos pájaros distintos llegó a ser tan estruendoso que los gitanos que todos los años llegaban a Macondo para mostrar a sus habitantes la última maravilla del mundo se orientaban por el canto de los pájaros.
   Hacia el oriente la sierra protege a Macondo; al sur están los pantanos, cubiertos de un eterno manto vegetal, y el vasto universo de la ciénaga grande. Esta se confunde al occidente con una extensión acuática sin horizontes, donde hay cetáceos de piel delicada con cabeza y torso de mujer, que pierden a los navegantes con el hechizo de sus firmes y tentadores pechos. Al norte, después de varios días de marcha a través de una peligrosa jungla, se encuentra el mar.
   Entre los acontecimientos más extraordinarios de la historia de Macondo está la epidemia de insomnio que se abatió sobre la aldea. Lo más temible de esta enfermedad no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia la pérdida de la memoria.
   No se permitía a los forasteros comer ni beber nada durante su estancia en Macondo, pues no había duda de que la enfermedad era contagiosa. Para no olvidar qué eran las cosas, las marcaron con su nombre respectivo: «cacerola», «mesa», «vaca», «flor». En la en­trada del camino de la ciénaga pusieron un cartel que decía «Macondo» y otro más grande en la calle central que decía «Dios existe». (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad Buenos Aíres, 1967)


ALBERTO MANGUEL & GIANNI GUADALUPINI, Guía de los lugares imaginarios, Alianza Editorial, Madrid, 2014, pp. 352-353.






viernes, 14 de noviembre de 2014

EL REALISMO MÁGICO


DEFINICIÓN SOBRE EL REALISMO MÁGICO

   Los críticos literarios han utilizado la expresión "Mágico" para designar una tendencia en la novelística del Siglo XX. Esta se caracteriza por la inclusión y el respeto a los mitos dentro de un contexto realista. No pocos estudiosos incluyen elementos sobrenaturales, míticos y de la creencia popular. No se trata de "presentar la magia como que fuera real" sino de presentar "la realidad como si fuera mágica". Es una focalización de lo sobrenatural. Es un género de Ficción plantado principalmente por los novelistas iberoamericanos durante la segunda mitad del Siglo XX.
   El realismo mágico, como gran parte de la literatura de la segunda mitad de siglo, es esencialmente moderado. Muestra la realidad narrativa con elementos fantásticos y fabulosos, no tanto para reconciliarlos como para exagerar su aparente contrariedad. El reto que esto supone para la noción común de la "realidad" lleva implícito un cuestionamiento de la "verdad" que a su vez puede socavar de manera deliberada el texto y las palabras, y en ocasiones la autoridad de la propia novela.
   El término fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Franz Roh, para describir una pintura que demostraba una realidad alterada y llegó al idioma español con la traducción en 1925 del libro Realismo mágico (Revista de Occidente, 1925), fue en gran medida influenciado por las obras surrealistas de la escritora chilena María Luisa Bombal, pero más tarde en 1947, fue introducido a la literatura hispanoamericana por Arturo Úslar Pietri en su ensayo El cuento venezolano. Señala Úslar:
   Lo que vino a predominar en el cuento y a marcar su huella de una manera perdurable fue la consideración del hombre como misterio en medio de datos realistas. Una adivinación poética o una negación poética de la realidad. Lo que a falta de otra palabra podrá llamarse un realismo mágico.
   El crítico venezolano Víctor Bravo señala que la noción de 'realismo mágico' nació casi de manera simultánea con la de 'real maravilloso': "La formulación inicial de una y otra noción -como referencia a un modo de producción literaria latinoamericana- se hace casi de manera simultánea. En 1947, Arturo Úslar Pietri introduce el término "realismo mágico" para referirse a la cuentística venezolana; en 1949 Alejo Carpentier habla de "lo real maravilloso" para introducir la novela El reino de este mundo". y algunos la consideran que es la novela iniciadora de esta corriente literaria.
   Como referente literario previo al uso del término realismo mágico por parte de Úslar Pietri debe citarse a Massimo Bontempelli quien, en 1919, "conquista gran popularidad al publicar sus novelas del ciclo la 'Vida intensa', iniciándose en una literatura –según nota de Nino Frank en el 'Dictionnaire des Auteurs', de Laffont-Bompiani– que sacrifica la corriente convencional de la época, a la manera de Anatole France, convirtiéndose en una especie de apóstol de lo que se conoció como “realismo mágico”".
   El realismo mágico se desarrolló muy fuertemente en las décadas del '60 y '70, producto de las discrepancias entre dos visiones que en ese momento convivían en Hispanoamérica: la cultura de la tecnología y la cultura de la superstición. Sin embargo, existen textos de este tipo desde la década de 1930, en las obras de José de la Cuadra, en sus nouvelles -por ejemplo, La tigra-, y también sería desarrollado en profundidad este estilo de escritura por Demetrio Aguilera Malta ("Don Goyo", "La isla virgen")...

CARACTERÍSITICAS DEL REALISMO MÁGICO

  • Contenido de elementos mágicos/fantásticos, percibidos por los personajes como parte de la "normalidad".
  • Elementos mágicos tal vez intuitivos, pero (por lo general) nunca explicados.
  • Presencia de lo sensorial como parte de la percepción de la realidad.
  • En términos de espacio la mayoría se ubica en los niveles más duros y crudos de la pobreza y marginalidad social, espacios donde la concepción mágica, mítica se hace presente.
  • Los hechos son reales pero tienen una connotación fantástica, ya que algunos no tienen explicación, o son muy improbables que ocurran.
  • Se refiere a la novedad de los personajes irreales que siempre actúan sin actuar, es decir, que la copiosidad del personaje se ve reflejada en cada letra de la novela.

PRINCIPALES AUTORES

   Entre sus principales exponentes están el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el colombiano Gabriel García Márquez, ambos galardonados con el Premio Nobel de Literatura. También destacan autores como el gallego Álvaro Cunqueiro, aunque muchos aclaman como padres del realismo mágico a Juan Rulfo con Pedro Páramo, Arturo Uslar Pietri con su cuento La lluvia (1935), Elena Garro con Los recuerdos del porvenir, José de la Cuadra, Pablo Neruda y otros. Jorge Luis Borges también ha sido relacionado al realismo mágico, pero su negación absoluta del realismo como género o como una posibilidad literaria lo pone contra este movimiento. Laura Esquivel de México, con Como agua para chocolate, y Alejo Carpentier, de Cuba, en su prólogo a El reino de este mundo, definen su escritura inventando el concepto de real maravilloso, que, a pesar de sus semejanzas con el realismo mágico, no debería ser asimilado a él.

DIFERENCIA ENTRE EL REALISMO MÁGICO Y EL SURREALISMO

   El realismo mágico trata de lo improbable; el surrealismo, de lo imposible. Un pintor surrealista como Magritte emplea la misma técnica precisionista de los mágicorrealistas, pero incluye en sus cuadros yuxtaposiciones imposibles (la locomotora que sale de una chimenea, por ejemplo). En cambio, la presencia de una culebra en la escalera de una casa de apartamentos en un cuadro del francés Pierre Roy, es totalmente inesperada, improbable, pero no imposible. El mágicorrealista descubre el elemento mágico en la vida sin deformarla. El surrealista se entrega mucho más a las deformaciones oníricas.

Wikipedia
&
Pierre Roy


REALISMO MÁGICO: LA ACEPTACIÓN DE LO PARANORMAL EN LA VIDA COTIDIANA DE MACONDO


LA IDIOSINCRASIA DE LOS HABITANTES DE UN PUEBLO CERCANO A RIOHACHA.

   La presencia de la estética del Realismo Mágico en Crónica de una muerte anunciada es menos evidente que en otras obras del autor colombiano. Sin embargo, basta leer con detenimiento ya la primera secuencia de la novela para percibir cómo el narrador asienta en el lector la idea de que los habitantes de este pueblo forman parte de una sociedad acientífica en la que no existe frontera entre realidad empírica y creencia sobrenatural.
  
   Plácida Linero aparece descrita como "intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas". Esa capacidad acientífica no le sirvió para decodificar el sueño premonitorio de su hijo: "no había advertido ningún augurio aciago". Presagio, tiempo fúnebre y olor a bautisterio son expresiones que preceden a la presentación de la creencia, asumida por la colectividad, en la predestinación. Ello serviría para comprender la pasividad de todo el pueblo ante el anuncio del asesinato.
   "Nadie podía entender tantas coincidencias funestas" escribe el narrador, a propósito de la extraña afirmación leída en el sumario: La puerta fatal. Invertir la afirmación resulta más congruente para comprender el comportamiento social subrayado por el autor, ya desde el título: Todos sabían que el Destino es ineludible. Fatal procede de la palabra latina Fatum, que significa "destino, vaticinio, predicción". Santiago Nasar no acostumbraba a salir por aquella puerta, en la que alguien había dejado una carta que será un aviso funestamente ignorado, porque Nasar atiende a tocar zafiamente el sexo de Divina Flor, considerada por él como una de sus propiedades a disposición ("ya estás en tiempo de desbravar"). La visión de los intestinos de los conejos, que Victoria Guzmán arroja a los perros, repugna a Nasar. "Dios Santo de modo que todo aquello fue una revelación" dirá la cocinera. Clotilde Armenta, al ver a Nasar "tuvo la impresión de que estaba vestido de aluminio. Ya parecía un fantasma". También a ella los hermanos Vicario le parecieron sonámbulos desvelados. Cuando ellos obedecen su indicación de respetar al obispo para no asesinar todavía a Santiafo Nasar, celebra su éxito apelando a la intervención divina: aquella ocurrencia providencial "Fue un soplo del Espíritu Santo".
   Santiago Nasar envidia los fastos de la boda entre Bayardo San Román y Ángela Vicario. Por eso anunciará: "Así será mi matrimonio. No les alcanzará la vida para contarlo". Estas palabras resultan irónicamente proféticas: Nasar no llegará a casarse, pero su muerte sí que ha sido convertida en novela (¿o crónica?) leída por infinidad de personas de todo el mundo.
   Dada la predisposición a lo paranormal de los habitantes de este pueblo cercano a Riohacha, no puede extrañar que la reacción inmediata de Margot, al oír esas palabras de la boca de Santiago Nasar, sea sentir "pasar un ángel". Al fin y al cabo, todos en su familia conocen los poderes adivinatorios de Luisa Santiaga (Parecía tener hilos de comunicación secreta con la otra gente del pueblo, sobre todo con la de su edad, y a veces nos sorprendía con noticias anticipadas que no hubiera podido conocer sino por artes de adivinación.). Fatalidad sobre fatalidad: ni a primera hora la intérprete de sueños Plácida Linero ni ahora la medium Luisa Santiaga serán capaces de percibir el pálpito. (Aquella mañana, sin embargo, no sintió el pálpito de la tragedia que se estaba gestando desde las tres de la madrugada).
   Tal vez el motivo de distracción fuese que la madre del narrador (de Margot y de Jaime) estuviese entretenida "cantando el fado del amor invisible mientras arreglaba la mesa". Otra vez Fatum. El Destino. La Fatalidad. La Predestinación. Lo ineludible. Ese convencimiento explicaría que saliese de casa con urgencia, pero sabiendo que su intención está llamada al fracaso:
   —"Hay que estar siempre de parte del muerto"—replicará a su marido, aceptando que nadie puede escapar de su destino. Nada impedirá que anuncio sea cumplido. Alea jacta est.  



Ilustración: Franz Roh