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jueves, 26 de febrero de 2015

EL GRUPO POÉTICO DEL 27


La generación del 27.

   En los años veinte, se abrió paso una pro­moción de poetas de calidad excepcional que condujo a las letras españolas a uno de sus momentos más brillantes. Este grupo vivió en un contexto cultural común, con las vanguar­dias como trasfondo. El nacimiento de estos poetas en fechas cercanas, el compañerismo y la amistad que se profesaron, la influencia y el intercambio cul­tural entre ellos hicieron que Dámaso Alonso acuñara la expresión generación del 27. En torno a 1927, se publicaron revistas importantes: Verso y prosa, Carmen y Lola, junto con Litoral (1926), y libros significativos: Perfil del aire (Cernuda), El alba del alhelí (Alberti), Romancero gitano (Lorca), Ámbito (Aleixandre) y Cántico (Guillén).
   Entre los poetas más destacados del grupo figuran Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Dámaso Alonso. Pero hay otros nombres estrechamente unidos al grupo que no aparecen en la relación del 27 porque la Guerra Civil motivó su muerte o los obligó al exilio, entre ellos, María Teresa León, Juan Larrea, Pedro Garfias, Juan José Domenchina y Juan Chabás.
   Como señalaba Dámaso Alonso, «lo primero que hay que notar es que esa generación no se alza contra nada». Junto a su cosmopolitismo y apertura hacia las aportaciones que llegaban de Europa o América, los poetas del 27 valoraron el pasado lejano e inmediato y rescataron autores y estilos diversos, realizando una verdadera síntesis de vanguardia y tradición.
   Del pasado literario español, rescataron formas de la poesía tradicional (canciones, villancicos, romances), en la tendencia conocida como neopopularismo; de la poesía del Siglo de Oro, prestaron especial atención a Góngora, en quien reconocían la capacidad de crear una realidad poética propia y de renovar una retórica estereotipada, pero también a Garcilaso, san Juan, Lope o Quevedo; de la poesía del siglo XIX, recibieron la influencia del inti­mismo de Bécquer, de las innovaciones métricas y el uso de las imágenes de Darío, de la concepción de la realidad como algo que puede ser pensado, soñado o imaginado de Unamuno y Machado, y establecieron relación directa con la poesía simbolista, esencialmente la de Mallarmé y Valéry.
   La estancia de muchos de ellos en países europeos y el dominio de otras lenguas les permitió conocer de primera mano a los grandes poetas contemporáneos: Apollinaire, Cendrars, Eluard, Aragon, Eliot... De las vanguardias, incorporaron diferentes temas y recursos, aunque no se decantaron por ninguna en particular. En el panorama español, valoraron la obra de Cansinos Assens, Guillermo de Torre y, sobre todo, Gómez de la Serna.

   En los jóvenes poetas de la generación del 27, ejercieron un magisterio fundamental dos figuras clave en la cultura de la época:

  • Juan Ramón Jiménez. Fue un verdadero guía en la iniciación literaria de muchos de ellos a través de la revista Indice V de sus observaciones críticas. Su poesía pura constituyó el referente poético más claro en el panorama español, sobre todo a partir de Diario de un poeta recién casado.
  • José Ortega y Gasset. La influencia de Ortega fue ideológica y teórica. En La deshumanización del arte (1925), estableció las características del nuevo arte a partir de la observación de la literatura de su época: deshumaniza­ción y autonomía de la obra artística, arte de minorías, intranscendencia2, juego, ironía y predominio de la metáfora.


   Los grandes asuntos del ser humano —el amor, el universo, el destino, la muerte— pueblan las obras de los poetas del 27. Aun así, se observa que los motivos temáticos están relacionados con la apreciaci6n que tuvieron estos creadores de los avances técnicos, del desarrollo urbano, de la eclosión artística. Y también del sentido de la libertad como un principio que abarca todas las vivencias del individuo:

  • La ciudad. Aparece unida a la visión futurista, impregnada de optimismo. Los poetas del 27 amaron la ciudad, valoraron el confort, el cine, la publi­cidad; pero también observaron el aspecto negativo del desarrollo urbano.
  • El amor. Se presenta como la plenitud del individuo, y admite todas las manifestaciones posibles, con un sentido de libertad: amor heterosexual y también homosexual. Sin embargo, el choque entre esta actitud y la reali­dad en que vivían llevó muchas veces al dolor.
  • Las artes. Influidos claramente por las vanguardias literarias, las artes se convirtieron en tema de creación poética.
  • La naturaleza. Concebida unas veces como entorno, en otras se convierte en parte del yo poético, que llega en algunos casos a una visión panteísta.


   Guillén afirmó, años más tarde, que los poetas de su generación «hablaban por imágenes», y con ellas consiguieron la renovación del lenguaje poético. Cultivaron tanto la imagen como la imagen visionaria, que relaciona los objetos, no por su semejanza física, sino por las emociones que despiertan. Estos escritores combinaron, además, la práctica de formas métricas tradicionales con la del verso libre y la consecución del ritmo por el lugar que ocupan las palabras en el poema.


viernes, 20 de febrero de 2015

LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


   Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez inician su obra poética  dentro del Modernismo, en los primeros años del siglo XX, pero ambos evolucionarán hacia principios estéticos distintos: Antonio Machado se acercará a la Generación del 98 mientras que Juan Ramón Jiménez se convertirá en el máximo representante del Novecentismo. Sus obras representan dos concepciones literarias tan antagónicas como influyentes, ya que inspirarán las dos grandes corrientes líricas a las que puede reducirse la poesía española del siglo XX: la línea ético-realista (Machado) y la estético-experimental (Juan Ramón Jiménez).

miércoles, 18 de febrero de 2015

GENERACIÓN DEL 98: BAROJA, UNAMUNO Y AZORÍN.

   El término Generación del 98 alude a un grupo de escritores que, en su juventud, se caracterizaron por una actitud muy crítica ante la situación de la España de fin del siglo XIX -simbolizada en el desastre del 98- y proclamaron la necesidad de una regeneración social, cultural y estética. La denominación “Generación del 98”  fue propuesta por Azorín en unos artículos de 1913 y, aunque fue rechazada incluso por alguno de sus miembros, hizo fortuna en la historia literaria. Suele incluirse en el grupo a Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín y Ramiro de Maetzu. Más discutida es la adscripción de Valle Inclán y Antonio Machado pues, si bien parte de su obra entronca con las características del 98, ambos tuvieron etapas anteriores cercanas al Modernismo y su obra, en conjunto, alcanzará una singularidad que excederá los límites de un grupo concreto. Por otra parte, hoy suele aceptarse que, tanto Modernismo como Generación del 98, no son movimientos antitéticos, sino tendencias de un mismo movimiento renovador, nacido de la crisis de fin de siglo.

viernes, 13 de febrero de 2015

DEL PASADO EFÍMERO, Antonio Machado

DEL PASADO EFÍMERO

Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía;
bajo el bigote gris, labios de hastío,
y una triste expresión, que no es tristeza,
sino algo más y menos: el vacío
del mundo en la oquedad de su cabeza.

Aún luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalón abotinado,
y un cordobés color de caramelo,
pulido y torneado.
Tres veces heredó; tres ha perdido
al monte su caudal; dos ha enviudado.

Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.

Bosteza de política banales
dicterios al gobierno reaccionario,
y augura que vendrán los liberales,
cual torna la cigüeña al campanario.

Un poco labrador, del cielo aguarda
y al cielo teme; alguna vez suspira,
pensando en su olivar, y al cielo mira
con ojo inquieto, si la lluvia tarda.

Lo demás, taciturno, hipocondriaco,
prisionero en la Arcadia del presente,
le aburre; sólo el humo del tabaco
simula algunas sombras en su frente.

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

Antonio Machado

Alexia Varela & Javier Morillo

jueves, 12 de febrero de 2015

[UNA NOCHE DE VERANO...], Antonio Machado

Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.

Se fue acercando a mi lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.

Silenciosa y sin mirarme
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.

Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

Antonio Machado
&
Ramón Casas

Caio

miércoles, 11 de febrero de 2015

A UN OLMO SECO, Antonio Machado


A UN OLMO SECO

  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.


Antonio Machado
&
Daniel Robledo

Marcos Roca Mahía y Alejandro Presas Caínzos

viernes, 6 de febrero de 2015

LOS CISNES, Rubén Darío

LOS CISNES

¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?

Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.

A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez...

Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.

Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.

Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.

Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.

La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?

He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...

...Y un cisne negro dijo: «La noche anuncia el día».
Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora
es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

Rubén Darío