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martes, 3 de noviembre de 2015

MODELO DE EXAMEN NOVIEMBRE 2015


   La televisión pública engaña a los espectadores y la escuela a los niños, porque celebran Halloween diciendo que celebran el samaín. El Samahaim era una celebración en memoria de los antepasados. Los celtas no salían a la calle para meterse miedo unos a otros; se reunían, comían y bebían juntos en memoria de sus antepasados. El magosto tradicional mantiene el espíritu de la fiesta celta. Un grupo de personas asan las castañas y todas juntas las comen bebiendo vino y cantando. Luego, con la cara tiznada, se van a la taberna o a una casa a cenar y continúan bebiendo. Los celtas decían que el que no prestaba su razón a los antepasados, perdiéndola por la abundancia de bebida, podría perderla luego en la vida de todos los días. Esto se expresa con aquel dicho: «Os meniños i o borracho dicen o que ten debaixo do papo»; es decir, prestan su voz a la verdad que viene del otro mundo.

MANUEL MANDIANES, La Voz de Galicia, 31 de octubre de 2015.

  1. Explica el significado de las siguientes palabras o expresiones destacadas en negrita en el texto. [1 punto]
  2. Resume el contenido del texto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales. [1,5 puntos]
  3. Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación. [1,5 puntos]
  4. Indica el tipo de unidad gramatical y la función sintáctica desempeñada por elementos subrayados en el texto. [1 puntos]
  5. (a) Escribe un texto congruente en el que utilices una oración final, una adversativa, una consecutiva y una adjetiva o de relativo. (b) Escribe un texto congruente en el que emplees cuatro valores distintos del pronombre se. Explícalos. [1 puntos]
  6. Plenilunio: suspense, contrapunto y multiperspectivismo. [1 punto] 
  7. La literatura en el siglo XVIII: prosa didáctica y teatro. [1 punto] 
  8. Sitúa el fragmento en la obra y da los rasgos fundamentales de los dos personajes que aparecen. Detecta el gazapo que contiene el texto.  [2 puntos]
   —Está en cuarto creciente.
   —Yo eso nunca lo sé. ¿Cómo puede estar seguro?
   —Un cura me lo explicó hace muchos años y no se me ha olvidado. La luna es embustera, me decía. Cuando tiene forma de C, no está en cuarto creciente. Lo está cuando parece una D mayúscula. Cada vez que la miro me acuerdo de eso.
   A Susana le estaba pareciendo que la voz de Leonard Cohen era demasiado triste y buscó otra música que le avivara el ánimo, un cedé de Nirvana, Nevermind, que siempre había tenido sobre ella un efecto infalible.

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MATERIALES DE REFERENCIA

Para responder las preguntas 4 y 5, pueden ser consultados los apuntes sobre Clases de palabras (en particular para los valores del pronombre se), La oración simple: funciones sintácticas oracionales y La oración compuesta de la gramática tradicional. 

Para responder a las preguntas sobre Plenilunio es imprescindible haber leído con detenimiento la obra y haberla comprendido plenamente. El Estudio sobre Plenilunio de Antonio Muñoz Molina contiene las respuestas a las cuestiones más reiteradas en el examen de selectividad. 
En este primer examen sólo hay un tema de historia de la literatura: La literatura española en el siglo XVIII a través de la prosa didáctica y el teatro.

 

viernes, 30 de octubre de 2015

LA ILUSTRACIÓN. EL DESPOTISMO ILUSTRADO 02




EL SIGLO XVIII. LA ILUSTRACIÓN. EL DESPOTISMO ILUSTRADO.

   Durante el siglo XVIII se difundió desde Inglaterra y Francia por toda Europa la Ilustración, un vasto movimiento cultural que produjo un vuelco en la cultura y la sociedad de la época.
   La Razón es el principio fundamental de la Ilustración. Los ilustrados cuestionan los antiguos principios en que se basaba el orden social hasta ese momento: jerarquía, autoridad y dogma, conceptos que sustentaban una sociedad dividida en rígidos estamentos, un principio de autoridad delegado de Dios ­­­­­­—de origen divino, por tanto— y unos dogmas que había que aceptar sin discusión.
   Frente a esto, los nuevos intelectuales defienden el espíritu crítico basado en la razón y en la experimentación. Por consiguiente, nada debe ser aceptado por principio de autoridad o tradición, sino que debe ser cuestionado y comprobado. Este nuevo modo de pensar (razón frente a fe) propició el desarrollo de la ciencia moderna.
   La Ilustración defiende la libertad y la dignidad de las personas como base de una sociedad moderna (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano).
   Se difunde el laicismo, la independencia del Estado y de la Iglesia y se propugna la tolerancia religiosa.
   La educación debe ser instrumento fundamental del progreso, pues para los ilustrados la ignorancia es la raíz de todos los males sociales e individuales (se crean las primeras escuelas públicas). Esta forma de pensar promueve el estilo didáctico que predominará en la literatura del siglo XVIII, una literatura más  preocupada por transmitir ideas o plantear problemas sociales que por la perfección formal o el entretenimiento.
   Las ideas ilustradas chocarán con la hostilidad de influyentes sectores de la sociedad española, que acusan a los reformistas de herejes y poco patriotas. Los principales detractores de las reformas impulsadas por los gobiernos ilustrados fueron la nobleza y, sobre todo, la Iglesia, dueña de inmensas posesiones. Para preservar sus privilegios, la Iglesia obstaculizará las reformas económicas y se opondrá a las reformas educativas y culturales (la mayor parte de las instituciones docentes —escuelas y universidades­­­­­— eran eclesiásticas). Los principales defensores de las ideas ilustradas pertenecían a la burguesía y constituían una minoría culta y progresista que se enfrentó con frecuencia al rechazo, tanto de las clases altas, que defendían sus privilegios, como de las clases bajas, que rechazaban las innovaciones desde la ignorancia y el atraso.
   En este ambiente de incomprensión, los monarcas de la dinastía Borbón favorecen la penetración en España de las ideas ilustradas, a través del sistema político conocido como “Despotismo Ilustrado”. Sus fundamentos se sintetizan en el famoso lema “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. En esencia, se trataba de mejorar las condiciones de vida de la población a través de la modernización de la sociedad “desde arriba”, sin cambiar sus estructuras básicas y sin permitir que el pueblo interviniese en los asuntos públicos. Así, se promovieron industrias públicas, academias de las artes, de las ciencias y de las letras, museos, escuelas... A imitación de Francia, los ilustrados fundan en España instituciones como la Biblioteca Nacional, el Museo del Prado, la Real Academia de la Lengua..., además de instituciones como las Sociedades Económicas de Amigos del País o las Juntas de Comercio, organismos que promovieron el desarrollo científico y tecnológico e impulsaron el establecimiento de empresas e industrias modernas en España.
   Las ideas de la Ilustración llegaron a su punto más radical en Europa con el estallido de la Revolución Francesa (1789), que derrocó violentamente la monarquía. Este hecho provocará en el resto de Europa, también en España, reacciones defensivas contra aquellas ideas de libertad, progreso e igualdad, que supondrán un frenazo a las reformas económicas y culturales emprendidas por los ilustrados, en un intento por mantener el orden establecido.

jueves, 29 de octubre de 2015

UNA HISTORIA DE ESPAÑA (XXXV), Arturo Pérez Reverte


UNA HISTORIA DE ESPAÑA (XXXV)


   Con Felipe V, el primer Borbón, tampoco es que nos tocara una joya. Acabó medio majareta, abdicó en su hijo Luis I, que nos salió golfo y putero pero por suerte murió pronto, a los 18 años, y Felipe V volvió a reinar de modo más bien nominal, pues la que se hizo cargo del cotarro fue su esposa, la reina Isabel de Farnesio, que gobernó a su aire, apoyada en dos favoritos que fueron, sucesivamente, el cardenal Alberoni y el barón de Riperdá. Todo podía haberse ido otra vez con mucha facilidad al carajo, pero esta vez hubo suerte porque los tiempos habían cambiado. Europa se movía despacio hacia la razón y el futuro, y la puerta que la nueva dinastía había abierto con Francia dejó entrar cosas interesantes. Como decía mi libro de texto de segundo de Bachillerato (1950, nihil obstat del censor, canónigo don Vicente Tena), «el extranjerismo y las malsanas doctrinas se infiltraron en nuestra patria». Lo cierto es que no se infiltraron todo lo que debían, que ojalá hubiera sido más; pero algo hubo, y no fue poco. La resistencia de los sectores más cerriles de la Iglesia y la aristocracia española no podía poner diques eternos al curso de la Historia. Había nuevas ideas galopando por Europa, así como hombres ilustrados, perspicaces e inteligentes, más interesados en estudiar los Principia Matematica de Newton que en discutir si el Purgatorio era sólido, líquido o gaseoso: gente que pretendía utilizar las ciencias y el progreso para modernizar, al fin, este oscuro patio de Monipodio situado al sur de los Pirineos. Poco a poco, eso fue creando el ambiente adecuado para un cierto progreso, que a medida que avanzó el siglo se hizo patente. Durante los dos reinados de Felipe V, vinculado a Francia por los pactos de familia, España se vio envuelta en varios conflictos europeos de los que no sacó, como era de esperar, sino los pies fríos y la cabeza caliente; pero en el interior las cosas acabaron mejorando mucho, o empezaron a hacerlo, en aquella primera mitad del siglo XVIII donde por primera vez en España se separaron religión y justicia, y se diferenció entre pecado y delito. O al menos, se intentó. Fue llegando así al poder una interesante sucesión de funcionarios, ministros y hasta militares ilustrados, que leían libros, que estudiaban ciencias, que escuchaban más a los hombres sabios y a los filósofos que a los confesores, y se preocupaban más por la salvación del hombre en este mundo que en el otro. Y aquel país reducido a seis millones de habitantes, con una quinta parte de mendigos y otra de frailes, monjas, hidalgos, rentistas y holgazanes, la hacienda en bancarrota y el prestigio internacional por los suelos, empezó despacio a levantar la cabeza. La cosa se afianzó más a partir de 1746 con el nuevo rey, Fernando VI, hijo de Felipe, que dijo nones a las guerras y siguió con la costumbre de nombrar ministros competentes, gente capaz, ilustrada, con ganas de trabajar y visión de futuro, que pese a las contradicciones y vaivenes del poder y la política hizo de nuestro siglo XVIII, posiblemente, el más esperanzador de la dolorosa historia de España. En aquella primera media centuria se favorecieron las ciencias y las artes, se creó una marina moderna y competente, y bajo protección real y estatal -tome nota, mísero señor Rajoy- se fundaron las academias de la Lengua, de la Historia, de Medicina y la Biblioteca Nacional. Por ahí nos fueron llegando funcionarios eficaces y ministros brillantes como Patiño o el marqués de la Ensenada. Este último, por cierto, resultó un fuera de serie: fulano culto, competente, activo, prototipo del ministro ilustrado, que mantuvo contacto con los más destacados científicos y filósofos europeos, fomentó la agricultura nacional, abrió canales de riego, perfeccionó los transportes y comunicaciones, restauró la Real Armada y protegió cuanto tenía que ver con las artes y las ciencias: uno de esos grandes hombres, resumiendo, con los que España y los españoles tenemos una deuda inmensa y del que, por supuesto, para no faltar a la costumbre, ningún escolar español conoce hoy el nombre. Pero todos esos avances y modernidades, por supuesto, no se llevaron a cabo sin resistencia. Dos elementos, uno interior y otro exterior, se opusieron encarnizadamente a que la España del progreso y el futuro levantara la cabeza. Uno, exterior, fue Inglaterra: el peor y más vil enemigo que tuvimos durante todo el siglo XVIII. El otro, interior y no menos activo en vileza y maneras, fue el sector más extremo y reaccionario de la Iglesia católica, que veía la Ilustración como feudo de Satanás. Pero eso lo contaremos en el próximo capítulo.

ARTURO PÉREZ REVERTE, Una historia de España (XXXV), XLSemanal, 10 de noviembre de 2014.

miércoles, 28 de octubre de 2015

ESQUILACHE, Josefina Molina



LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII A TRAVÉS DE LA PROSA DIDÁCTICA Y EL TEATRO




    1. La Ilustración.



El siglo XVIII se conoce en Europa como el “Siglo de las Luces”, por el intento de analizar la realidad y el espíritu humano a la luz de la razón. La Ilustración es el movimiento cultural político y filosófico que se desarrolló durante este siglo y que supuso una revisión crítica de las ideas y valores dominantes hasta ese momento:



  • Los ilustrados confiaban en la razón y en la ciencia como fuente de conocimiento y rechazaban el principio de autoridad (el saber basado en la revelación religiosa o en la tradición).
  • Pertenecientes en su mayor parte a una burguesía culta, los ilustrados cuestionaban los privilegios de la nobleza y del clero, y defendían la libertad y la igualdad en dignidad y derechos de todos los seres humanos.
  • Consideraban la educación el principal instrumento para conseguir una sociedad más justa y próspera.



En España, las corrientes racionalistas llegarán con retraso debido al aislamiento y decadencia de la sociedad española desde el siglo XVII. En general, el pensamiento ilustrado fue rechazado por gran parte del clero y la nobleza y por el pueblo, que veían en esas ideas el germen de la herejía religiosa, la descomposición política y la imposición de una moda extranjerizante. Como en el resto de Europa, la Ilustración fue promovida por la burguesía, la baja nobleza y algunos sectores del clero más culto y liberal, a partir de su principal foco de irradiación: la corte del rey Carlos III y sus ministros reformistas (1759-1788).

La Ilustración llegó a España con la dinastía borbónica (y con ella la influencia francesa), que implantó el llamado despotismo ilustrado1. Las ideas ilustradas penetraron lentamente en nuestro país durante los reinados de Felipe V (1700-1746), Fernando VI (1746-1759) y, sobre todo, Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788-1808).

En esta época se reformó la enseñanza y se sistematizó el estudio de las ciencias, que avanzaba notablemente. Se creó la Real Academia Española, hecho de gran importancia para la fijación y normalización del castellano, así como otras instituciones culturales y científicas como la Biblioteca Nacional, el Jardín Botánico de Madrid (fundado por Fernando VI con el fin de catalogar plantas de América, fomentar expediciones y estimular la enseñanza), el Museo del Prado o numerosas Asociaciones de Amigos del País, que promovían el estudio de la ciencia moderna, las artes y la modernización de España.




1 Forma de gobierno que, bajo el lema “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, pretendía impulsar el progreso y bienestar de la población, sin que el monarca renunciara, por ello, al poder absoluto.


lunes, 26 de octubre de 2015

CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL ESTUDIO DE LA LITERATURA. LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII


LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII


   La literatura es un arte verbal surgido en unas determinadas coordenadas espaciales y temporales [1], creado por un individuo que pertenece a un grupo social [2] regido por una ideología imperante, grupo social que reconoce como propio un sistema de referencias culturales nítidamente codificado. El arte es, en consecuencia, un producto social que reflejará, consciente o inconscientemente, el diálogo que establece un autor con la ideología imperante en su tiempo.

   Mientras Europa vive, durante el siglo XVIII, una época de transformaciones que consolida el declive del Antiguo Régimen [3] y abre paso a la Modernidad, España, un arruinado antiguo Imperio que aún no ha terminado de asumir su papel secundario, se mantiene muy lejos de las circunstancias que permiten la aparición del pensamiento Ilustrado, y por lo tanto, también se muestra ajena a sus postulados:
  • El Racionalismo. El fundamento del conocimiento se encuentra en la Razón y no en instancias superiores como Dios, la tradición, las costumbres o la autoridad de antiguos escritores. La fundamentación racional del saber favorece lógicamente el desarrollo científico y técnico.
  • El Progreso. Se tiene la idea de que el dominio de la Naturaleza hace al hombre dueño de su futuro, que puede mejorar indefinidamente. Se trata ésta de una nueva Utopía que permite albergar la esperanza de una mejora constante de las condiciones de vida, tanto materiales como espirituales, y que, por tanto, ha de hacer posible la felicidad en la Tierra misma, sin necesidad de posponerla a paraísos religiosos que llegarían después de la muerte.
  • Lo natural. La razón se aplica también a esferas del conocimiento no estrictamente materiales como la filosofía, el derecho, la moral o la religión. En estos campos se abandona la idea de que existan verdades absolutas o reveladas y se insiste en el concepto de que algo es más humano cuanto más conforme está con su naturaleza. De modo que, frente al derecho de inspiración divina, se defenderán ideas jurídicas basadas en el Derecho Natural; frente a las normas morales predicadas por las diversas religiones, se opondrán criterios éticos derivados de una moral natural, y frente a las disquisiciones teológicas escolásticas que han dominado la especulación filosófica durante siglos, se extiende ahora la Filosofía de la Naturaleza. En el terreno religioso es frecuente el deísmo (creencia en un ser superior que no responde a ninguno de las religiones concretas, a las cuales niega) o el ateísmo.
  • El reformismo. Los ilustrados aspiran a que sus ideales tengan una concreción práctica en la realidad, por lo que proponen reformas sociales, económicas y políticas que los hagan posibles. En este sentido, ideología ilustrada y despotismo ilustrado son inseparables, puesto que éste es la formulación política de aquélla.
  • El utilitarismo. Los avances científicos-técnicos, el anhelo de saber y las reformas sociales deben tener como guía la utilidad para la comunidad. Frente a las concepciones religiosas y metafísicas de tiempos anteriores, se impone ahora una concepción materialista y burguesa del mundo para la cual lo importante es aquello que es útil. Ello implica también un cambio de valores morales: la virtud se relaciona ahora con su utilidad, por lo que un hombre es tanto más virtuoso cuanto más útil resulta a sus conciudadanos.
   Una minoría de la elite cultural española, los intelectuales denominados despectivamente “afrancesados”, agujereará ese muro cerrado sobre sí mismo para que penetre por esa rendija algo de la claridad del considerado “Siglo de las Luces”.   

***
[1] “Palabra en el tiempo” para Antonio Machado. Esta dimensión histórica exige del receptor una contemplación no ingenua: un buen lector de una obra anterior a su tiempo deberá situarse en la posición de los contemporáneos del texto leído. Es cierto que lo que define a los textos clásicos es su capacidad de no caducar, pero esa no caducidad ha de ser perseguida por el lector en un esfuerzo de reactualización: hemos de pensar desde el otro. Cuando se lee un texto medieval es imprescindible considerar cuál es la imagen del mundo en el medievo, cuál es la capacidad científica y técnica, cuáles son los referentes filosóficos...
[2] La literatura es, pues, un producto social que sirve para comunicar y ofrece el conocimiento.    
[3] Es en este momento cuando se comienza a liquidar un sistema de valores cuyas raíces pueden ser halladas en la Edad Media.


domingo, 23 de noviembre de 2014

MODELO DE EXAMEN 1ª EVALUACIÓN 2º BACHILLERATO

DE MENTES SUPERFICIALES

    No es solo un juego de palabras. Es lo que dice Nicholas Carr en su libro sobre cómo Internet y sus páginas más usadas nos están haciendo puré la mente y nos están convirtiendo (pervirtiendo) en seres desinformados de tan informados que estamos. Según Carr, la ciencia habla claro en ese sentido: «La habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más». Él dice que lo suyo no es un manual de autoayuda. Solo alerta. Tenemos toda la libertad de elegir si queremos seguir deshumanizándonos y uniformándonos (bebemos de las mismas aplicaciones). Contra Carr, expertos han dicho que no hay tal peligro. Que en realidad Internet es una vuelta a lo natural. Que lo natural en el ser humano ha sido estar alerta. Que fue al revés. Que el hombre tuvo que adaptarse a Gutenberg y las largas lecturas. Que lo natural es la multitarea. El debate es fascinante. Carr propone frente a esa supuesta tiranía de la distracción, de link en link, la concentración de toda la vida. «La mente necesita concentración y contemplación abierta para que lleguen las ideas, la creatividad». Pero el propio Carr cae en el pecado. Y reconoce que el enemigo es enorme «porque es útil, entretenido y divertido». A él, de momento, ir contracorriente en el océano de Internet le ha salido muy rentable. Sus libros, versión papel o versión digital, se devoran.

CÉSAR CASAL, La Voz de Galicia, 29 de octubre de 2014.


CUESTIONES

  1. Explica el significado de las siguientes palabras o expresiones destacadas en el texto: Internet, empatía, multitarea, debate, pecado. [1 punto]
  2. Resume el contenido del texto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales. [1,5 puntos]
  3. Redacta un comentario critico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación. [1,5 puntos]
  4. Indica el tipo de unidad gramatical y la función sintáctica desempeñada por elementos subrayados en ele texto. [1 punto]
  5. Plenilunio de Antonio Muñoz Molina, ¿novela negra? [1 punto]
  6. El realismo mágico en Crónica de una muerte anunciada. [1 punto]
  7. La literatura en el siglo XVIII: prosa didáctica y teatro. [1 punto]
  8. Principales características del Romanticismo. [1 punto]
  9. Completa la definición o lo definido: [1 punto]
  • Hizo la autopsia a Santiago Nasar:
  • Escribió Rimas y leyendas: 
  • Nasar sólo se enamoró verdaderamente de: 
  • Escribió El sí de las niñas:
  • Sólo bebe Coca Cola:
  • Lázaro Aponte: