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viernes, 21 de octubre de 2016

TRISTE, MUY TRISTEMENTE, Rubén Darío

TRISTE, MUY TRISTEMENTE

Un día estaba yo triste, muy tristemente
viendo cómo caía el agua de una fuente.

Era la noche dulce y argentina. Lloraba
la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba
la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.



Señala el tema del poema y comenta de qué mecanismos lingüísticos o figuras retóricas se sirve para convertir su discurso en arte. Detecta todos los elementos que puedan ser considerados modernistas.




Georges Seurat

jueves, 20 de octubre de 2016

EL MODERNISMO A TRAVÉS DE LA FIGURA DE RUBÉN DARÍO



DE INVIERNO

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.
                                                                                    (Azul...)
&
Ramón Casas

miércoles, 19 de octubre de 2016

ERIK SATIE: DE LA BOHEMIA AL MINIMALISMO




Jazzopedie from Remixdj on Vimeo.




EL ARTE EN LA CRISIS DEL FIN DE SIGLO

   La mayoría de los nuevos escritores tienen en común su actitud rebelde frente a los valores burgueses, en la que coinciden con gran parte de los movimientos artísticos europeos de la larga época que va desde mediados del siglo XIX hasta más allá de la Primera Guerra Mundial (decadentismo, malditismo impresionismo, nihilismo, fauvismo, etc.). En su repulsa del gigantismo industrial de la sociedad capitalista, estos artistas jóvenes adoptan diferentes posturas, no sólo estéticas, sino también ideológicas: el socialismo de Unamuno y Maeztu, el anarquismo peculiar de Martínez Ruiz y Baroja, el carlismo de Valle-Inclán. Este radicalismo ideológico de los nuevos escritores de fin de siglo procedentes en su casi totalidad de medios sociales pequeñoburgues, no es ajeno a la crisis del pensamiento positivista ni a las contradicciones que en la conciencia burguesa genera una sociedad en proceso de cambio acelerado. Se oponen, así, frontalmente a la mediocridad de la sociedad española de la Restauración, y ello tanto a través de su compromiso político como de actitudes irreverentes de todo tipo. Es la época del anarquista literario, del bohemio, del dandy, del escritor maldito. Se identifica en muchos casos revolución social con subversión moral, y de ahí la propensión a la provocación, a las conductas antisociales y amorales, al deseo de épater le bourgeois. Con el paso de los años, la inutilidad práctica de sus esfuerzos y su progresiva integración social atenuará hasta la desaparición ese radicalismo de juventud. Será entonces el momento en que se hagan más evidentes en muchos de estos escritores rasgos que, en alguna medida, ya estaban presentes desde un principio en sus obras: desconfianza en la razón, cierto aristocratismo, marcada propensión al individualismo, visión literaturizada de la vida, pesimismo, etc. Pasan entonces a primer plano en sus textos el paisaje, las viejas ciudades, el tedio vital, los personajes abúlicos e indolentes... Pero debe insistirse en que todo ello no es un rasgo particular y exclusivo de los escritores españoles de este momento, supuestamente agobiados por la sensación de decadencia y desastre que acompañaría a la pérdida en 1898 de las últimas colonias, sino que estamos ante un fenómeno mucho más general que tiene su correlato evidente en las letras europeas de esta época.

&
Ramón Casas

martes, 18 de octubre de 2016

DANDISMO Y BOHEMIA: PUNKS ANTES DE TIEMPO

‘Punk’ antes de tiempo [antes de los movimientos beatnik, hippies o underground...]

Si Wilde terminó hundido, fue por dinamitar esa norma social. “Esa era la esencia de la época victoriana: todas las formas de vida estaban autorizadas, siempre que fuera a escondidas”, ironiza Dantzig. Fue en la capital francesa donde murió en la miseria, en el otoño de 1900, tras cumplir su condena de dos años de trabajos forzados en Inglaterra. Hoy sigue enterrado en el cementerio parisiense de Père-Lachaise.



Arthur Rimbaud fue un atleta del abismo que no se conformó con asomarse a él, sino que quiso robarle sus imágenes, sus visiones, su caída.



lunes, 17 de octubre de 2016

LA CRISIS DE FIN DE SIGLO: MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98

La reacción antiburguesa ante la mercantilización del arte: el arte por el arte.

Estetas, decadentes y malditos: dandismo y bohemia.

El irracionalismo antipositivista: ocultistas y simbolistas.

Modernismo y Generación del 98: Rubén Darío y la regeneración del lenguaje literartio

viernes, 6 de febrero de 2015

LOS CISNES, Rubén Darío

LOS CISNES

¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?

Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.

A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez...

Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.

Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.

Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.

Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.

La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?

He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...

...Y un cisne negro dijo: «La noche anuncia el día».
Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora
es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

Rubén Darío

viernes, 30 de enero de 2015

LO FATAL, Rubén Darío


LO FATAL

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Rubén Darío

miércoles, 28 de enero de 2015

A MI BUITRE, Miguel de Unamuno

A MI BUITRE

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

Miguel de Unamuno

jueves, 22 de enero de 2015

CRISIS DE FIN DE SIGLO: DANDISMO


   El Dandy es un personaje del Romanticismo. Individualista, irracional en la razón, atrevido, el Dandy es todo un estilo. Es el rebelde que lleva arte y rebeldía a su persona y a su atuendo. Es Byron, que llora por su perro muerto y desdeña a los hombres, o que mide todas las mañanas la esbeltez de su talle, afirmando no alimentarse sino de bizcochos y agua carbónica. Es también Lord Baltimore (del que habla Baudelaire), quien se hizo construir un harén, por lo que fue obligado a abandonar Inglaterra, muriendo en Nápoles, camino de Turquía. El Dandy se rebela contra una sociedad –y un mundo- y adopta la esterilidad, la imposibilidad y el mal. Aunque esto no pase muchas veces de una estética o, a lo sumo, de una disidencia siempre individual. Porque el Dandy quiere separarse de los demás y ser así –en su personalismo- más rebelde.
    Tras el Romanticismo, nutrido de Dandies famosos –Brummell ante todos-, y, cuando ya el dandismo ha entrado de pleno en la literatura –el Dandy es un personaje que se mitifica, y su literatura se acerca a un estilo-, el dandismo sigue evolucionando. Así, surge el Dandy del Simbolismo, el decadente, el estilo “fin de siglo”. Baudelaire, quien se tiñe los cabellos de verde, o responde a quienes elogian su imponente levita que se abrocha con grandes botones de metal dorado: “Acabo de encargarme doce levitas iguales”. El Dandy intenta horrorizar al burgués y vencer a la mujer en su terreno (o en lo que una sociedad considera su terreno). De ahí el desdén hacia la mujer. De ahí el tono femenino. El Dandy puro no debe hacer nada. Vive solo para su manera. Traslada el arte, la creación, a su persona; hace de su vida un arte.

LUIS ANTONIO DE VILLENA, Corsarios de Guante Amarillo, Valdemar.

martes, 20 de enero de 2015

CRISIS DE FIN DE SIGLO: BOHEMIA


   Genéticamente, la actitud bohemia era una actitud de inadapta­ción social y protesta romántica e individualista contra el capitalis­mo y la clase burguesa. El sistema de valores bohemios (arte, belle­za, independencia, libertad, rebeldía) se oponía al código moral de la clase dominante. La actitud de rebelión y protesta del bohemio se alza contra la mediocridad y vulgaridad de la sociedad burguesa, con­tra la cual sólo cabe la enajenación voluntaria a través del ajenjo, la droga, el burdel o el narcótico del arte. Frente a la uniformidad so­cial, la protesta individualista del artista bohemio se expresa como fuente de liberación de su lucidez desesperada. Rimbaud o Verlaine ejemplifican esa voluntaria condición de artistas «malditos», de escri­tores «decadentistas» situados en los límites extremos de la margi ­ nalidad social.
   La desafiante actitud antiburguesa del artista bohemio se funda­menta en su odio a la burocratización de la vida, a la uniformidad social y a la mercantilización del arte. El artista bohemio no quiere vender ni admite dejarse comprar su imaginación creadora: «Intransigente, prefirió muchas veces la miseria a macular su pureza estéticas escribirá Rubén Darío del escritor español bohemio Alejandro Sawa. Porque el artista bohemio prefiere la absoluta independencia, el cotidiano e insuficiente menú de café con leche y media tostada, a vender su talento al «filisteo»—palabra que resume su desprecio por h ramplonería espiritual de la dase burguesa—. Admite el «acanallarse perpetrando traducciones» o el «hinchar telegramas» en una redacción de periódico como un mal menor asumido («las letras son colo­rín, pingajo y hambre»), pero el auténtico bohemio lo es por condición espiritual, por convicción mental, por libérrima decisión personal, por creer en unos ideales que son los del arte, realizados según la mitología bohemia. La verdadera bohemia no es una forma de vida, forzosa en la mayoría y caracterizada por una extrema penuria, sino una manera de ser artista, una condición espiritual sellada por el aristocratismo de la inteligencia. La vida bohemia se asume porque para el artista bohemio no hay arte sin dolor, o como decía Baude­laire, arte equivale a «malheur». La verdadera bohemia se vive, por tanto, como experiencia de libertad en el seno de una sociedad volun­tariamente margina], en donde el tiempo no es oro, sino ocio artísti­co, alcohol, búsqueda de paraísos artificiales, de alucinaciones mági­cas, de belleza y «falso azul nocturno».
   Esa actitud provocadoramente antiburguesa del escritor bohemio le conduce a una «pose» de anarquista literario, o una condición de «maldito» que se relaciona con los marginados sociales (homosexua­les, prostitutas, delincuentes), a experimentar el placer de demoler ideas y valores establecidos por medio de «boutades» con el objetivo expreso de «épater le bourgeois». [...]
   La concepción aristocrática de un «arte por el arte» es la que de­fienden la mayoría de escritores bohemios. Bohemia, anarquismo y aristocratismo artístico van unidos en la actitud estética «modernista» de bohemios como Sawa, Rubén Darío o Valle-Inclán. La concep­ción de Darío del modernismo como expresión de la libertad y el anarquismo en el arte; el grito del bohemio verlainiano Henry Cor­nuty en el teatro Barbieri de Madrid; los poemas de Pedro Barran­tes al puñal y a la dinamita en su Delirium tremens; el ¡Viva la bagatela! valleinclaniano; el paraguas rojo del joven Martínez Ruiz, terrible anarquista literario entonces y conservador Azorín después; el ¡Mueran los jesuitas! del Maeztu radical, son otros tantos signos de esa compleja posición anarcoaristocrática de los escritores españo­les finiseculares. La actitud bohemia de protesta antiburguesa se im­pregnaba claramente de anarquismo literario «pour épater le bour­geois».
   Pero, en rigor, los escritores bohemios sintieron una aversión y un profundo desprecio por la política oficial de la Restauración. In­dividualistas e insolidarios, incapaces, salvo honrosas excepciones, de establecer un compromiso político con los partidos de la clase obrera, desengañados de la política oficial, los escritores bohemios se cons­truyeron un paraíso artístico en donde la problemática política no tenía espacio. Excepciones eran, sin embargo, Ricardo Fuente, Joa­quín Dicenta, Rafael Delorme y el núcleo de la revista Germinal, defensores de un socialismo romántico y heterodoxo. También Pedro Luis de Gálvez, poeta bohemio, acabaría escribiendo narraciones anarcosindicalistas y Ernesto Bark, apóstol de la religión bohemia, fue igualmente un incansable predicador de la rebelión política del proletariado intelectual bohemio.
   El lenguaje cumple para el bohemio la función de dinamitar los puentes ideológicos y morales que le separan de la burguesía y de su sistema de valores (familia, propiedad, orden, sexo, religión).



AZNAR SOLER, Manuel, “Bohemia y burguesía en la literatura finisecular”, Historia y crítica de la literatura española, Editorial Crítica, Barcelona, 1980, páginas 77-79.


Henri Fantin-Latour