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lunes, 2 de octubre de 2017

RESUMEN, ESQUEMA DE IDEAS, COMENTARIO CRÍTICO


   Roberto Carlos (ojo, el cantante, no el futbolista) nos metió la idea en la cabeza. Él plantó la semilla con su mítico «yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar». Años más tarde, llegada Mark Zuckerberg para regar la planta poniendo al alcance de un simple clic la amistad. Sin embargo, aunque nos empeñemos, nuestro cerebro no está de acuerdo. O por lo menos eso es lo que dice Robin Dunbar, que estableció en 1992 que 150 es el límite de relaciones estables que una persona puede mantener, cuyas circunstancias y datos se recuerdan. El número está relacionado con el tamaño y la capacidad de proceso de la neocorteza cerebral y el paralelismo observado en primates para predecir así el tamaño del grupo social de los humanos.
  Es decir, hablando claro, que solo podemos tener 150 amigos. Sí, aunque tengamos 500 en Facebook. Eso sí, no todo el mundo es tan radical como este antropólogo británico. «Depende de cada persona y de su estilo de vida. Hay características, como ser sociables o extrovertidos, que influyen en las relaciones, y en esto cada persona es un mundo», explica la psicóloga Luisa Pereda. Por su parte, para Verónica Herrán la clave es «no centrar la atención en el número, sino en la intensidad de la relación» ya Que a veces es suficiente contar con un mejor amigo (BEF para las nuevas generaciones) y después otras relaciones sin este nivel de profundidad.
  Aquí radica el quid de la cuestión: qué entiende cada uno por amigo. Hay que ser conscientes de que hoy, en los tiempos de las redes sociales, la palabra amigo ha perdido matices. En Facebook y Twitter (aunque aquí se habla de seguidores) ahora, y antes en Tuenti y Messenger, este vocablo es, para algunos, «una etiqueta para denominar lo que sedan los contactos de la agenda». ¿Todos amigos? No. son lo que otros llaman «amigos virtuales», que, en ocasiones, «buscan suplir las conexiones personales significativas de las que muchas personas carecen en la vida real. Si sustituyen a las relaciones humanas, estas se empobrecen y ahí tendríamos que valorar hacia dónde queremos ir y cómo estamos evolucionando». Ya lo dice el refrán: quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Y según Robin Dunbar, no son más de 150. Aunque, como asegura tu madre, los «de verdad» se cuentan con los dedos de una mano.
Alba Precedo, La Voz de Galicia, 29 de agosto de 2016, [adaptación]

***


Alba Precedo sostiene, basándose en estudios científicos, que los seres humanos no están capacitados para tener infinitas relaciones sociales. Por lo tanto, es evidente que en la sociedad virtual que promueven redes sociales como Facebook, el significado de la palabra amigo ha sido desvirtuado.


***
[ Antecedente]
  • Estudios científicos demuestran que existen límites en la relaciones sociales humanas.

[Consecuente]

  • La sociedad contemporánea ha desvirtuado el concepto de amistad: muchos supuestos vínculos son falsos.
***

Tesis:

La sociedad actual ha convertido también la amistad en un simulacro, una falsedad.



lunes, 6 de febrero de 2017

COMENTARIO DE TEXTO, Juan Bonilla






El naufragio estaba cantado. Lo curioso es que cuando la palabra crisis sacude las conversaciones de nuestros cineastas, nunca se alcanza a dirimir si esa crisis afecta a la calidad de las producciones o no. Se prefiere anestesiar el asunto dirigiéndolo a lo poco que duran las películas españolas en las salas—lo que es cierto, aunque también es verdad que algunas duran demasiado porque ya es exagerado el hecho de que se estrenen—, las pocas salas que exhiben cine español, los pocos espectadores que esas salas acogen, la imprescindibilidad de una ley que obligue a un reparto generoso que proteja a nuestro cine contra el gigante de Hollywood. [...]
Hay crisis en el cine español, pero no porque el público haya abandonado las salas donde se proyectan películas españolas, sino porque por esta vez el público tiene razón en dejar de morder un anzuelo envenenado. Hay crisis, desde luego, pero no porque tantas producciones no recauden dinero suficiente para cubrir pérdidas, sino porque detrás de ellas no respira ningún atisbo de talento y necesidad. Hay crisis, entre otras cosas, porque a alguien como a Víctor Erice no le dejaron hacer una de esas películas que por sí solas salvarían una época, y en cambio otras cansadas firmas prestigiosas han podido realizar en estos años películas que no dicen nada, que no se recuerdan ya, que sólo son cifras de unas estadísticas que acentúan con la fuerza de las matemáticas la impresión de que la crisis que padece el cine español es más de talento que de otra cosa.

JUAN BONILLA, “Crisis, qué crisis”, El Cultural, 6-2-2003, página 3.

CUESTIONES

Primera parte: [2,5 puntos]
1. Explica el significado de las siguientes palabras o expresiones destacadas en el texto: crisis, anestesiar, imprescindibilidad, atistbo y talento. [1 punto]
2. Elabora un resumen del fragmento propuesto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales. [1,5 puntos]
Segunda parte: [1,5 puntos]
3. Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación.
Tercera parte: [2 puntos]


COMENTARIO DE TEXTO



LINGUA CASTELÁ E LITERATURA II

Un viejo chiste se preguntaba el porqué de que a San José se le represente siempre tan serio en las iconografías de la Natividad siendo que el nacimiento de un hijo es un motivo de alegría para sus padres salvo en casos muy excepcionales. La respuesta era sencilla: San José quería una niña.
Pues bien, a poco que nos lo propongamos, lo de San José va a convertirse en verdad. Se lleve a cabo o no la peregrina idea “feminista” de que una mujer encarne la figura de Melchor o de Gaspar (la de Baltasar parece que no, lo cual me parece una discriminación: ¿por qué sólo una mujer blanca va a poder reinar sobre los niños por una noche?) en la cabalgata del distrito madrileño de San Blas, la intención ya ha quedado de manifiesto y, a partir de aquí y en el nombre de la igualdad de sexos, razas, credos y tendencias, veremos a no tardar a lavanderos y leñadoras en los belenes, angelitos negros como los de Machín, vacas en vez de bueyes y mulos en lugar de mulas, paridad de pajes y pajas en la comitiva de los Reyes Magos (la de los dromedarios es más difícil, porque son tres), pastores homosexuales, sanjosés chinos, jesusitos con síndrome de Down y “hipsters” haciendo el papel de la Virgen María; todo para que nadie se sienta discriminado por una representación icónica que, como todo, ya lo sabemos, es fruto del machismo que impera en la sociedad desde Adán y Eva (¿quién, si no, entre estos dos personajes, hizo de tentadora y quién de tentado, cuál de bueno y cuál de mala, aunque a los dos les costara ser expulsados del paraíso?) o por provocar sin más a la religión católica, la inventora de toda esa iconografía (...)
Sea por lo que sea, por afán de igualdad o de provocación, la ocurrencia de la Reina Maga va a dar que hablar estas Navidades y materia a la prensa más reaccionaria para sacarle punta a algo que, al fin y al cabo, no deja de ser una tontería (...) 
Julio Llamazares, El País, 28 de diciembre de 2015, [adaptación]

CUESTIONES
PRIMERA PARTE (2.5 PUNTOS)
Explica el significado en el texto de las siguientes palabras: iconografías, comitiva, síndrome, provocación, 
reaccionaria. (1.0 puntos) 

Resume el contenido del texto; hazlo entre 5 y 10 líneas. Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales (1.5 puntos)
SEGUNDA PARTE (1.5 PUNTOS)
 

Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación.  (1.5 puntos)

miércoles, 5 de octubre de 2016

RESUMEN O ESQUEMA DE IDEAS Y COMENTARIO CRÍTICO




  Es raro el día que no me cruzo con turistas. No bien atravieso el portal de mi casa, me encuentro con ellos, esa gente que viaja por placer, según nos enseña el María Moliner que es un turista. Los veo enfrente de mi domicilio, deslumbrados por el skyline de Barcelona. También es raro el día en que no me preguntan algo. Dado que mi vivienda está en el trayecto que tienen que hacer para llegar al Parc Güell, se me acercan con sus planos desplegados. Algo desorientados me preguntan por el camino exacto que los lleve hasta Gaudí.
   Estas Navidades invité a unos amigos a cenar en un restaurante de la plaza Real. Es un restaurante italiano cuya especialidad son las pizzas. Mis amigos dudaron. Un restaurante en el corazón del turismo de masas, entre la turba invasiva, qué podría ofrecernos sino una comida prefabricada. Cuando terminamos de cenar, mis amigos reconocieron la calidad de lo ingerido y, sobre todo, la calidad de los calamarcitos fritos como si los estuviéramos deglutiendo  en el Albaicín de Granada. Subimos, luego, por las Ramblas hasta plaza Catalunya. Allí nos despedimos y nos deseamos un feliz 2015. Yo, contento, porque me pareció que había ganado para mi causa a unos buenos amigos.
   Mi causa es que no podemos pasarnos toda la vida estigmatizando a los turistas. No podemos seguir creyendo que ya no se puede caminar por las Ramblas porque ellos, además de ensuciar, nos robaron el espacio. Que yo sepa, los turistas no nos echaron de ningún lado. No nos echaron de las Ramblas porque la progresía comprometida (la pija no bajó nunca, ni siquiera en los años setenta), esa progresía de la que yo formo también parte, se marchó sola. Desertamos de las Ramblas mucho antes del 92. Otra cosa muy distinta es exigir una mejor gestión del turismo. Si alguien cree que el turismo con valor añadido y no solo depredador se puede poner en práctica en Barcelona, no tendré ninguna objeción que hacer. Pero sí la tengo y la tendré con ese sector de la inteligencia barcelonesa que va elaborando una ideología de la precaución respecto a ese contaminante calor de masas que no es de casa nostra.
   Si insistimos tanto en la necesidad de limpiar (palabra que suele usarse, no sé con cuánta mayor o menor conciencia de su peligrosísima connotación) de turistas el centro de Barcelona para que podamos recuperar nuestro paraíso perdido, creo que estaremos al borde de pisar terreno pantanoso, tan pantanoso como una disimulada xenofobia disfrazada del ideal de espacio público.

(J. Ernesto Ayala-Dip, El País, 7 de enero de 2015, adaptación)

COMENTARIO CRÍTICO, TAMARA MONTERO

   La vida y la dignidad de una persona cuestan exactamente 20.000 euros. Lo que un juez dictaminó que tenía que pagar Tiziana Cantone a diferentes webs y redes sociales en compensación por retirar unos vídeos sexuales. Vídeos que destrozaron su vida y que la empujaron al suicidio. Vídeos grabados por la persona en que había depositado su confianza. Vídeos que acabaron trascendiendo lo audiovisual. Dieron la vuelta al mundo. Se convirtieron en camisetas. Hicieron canciones, memes, bromas y chascarrillos. Se convirtieron en materia de debate en canales televisivos. Esos vídeos, que nunca debieron haber salido del ámbito privado, la obligaron a cambiarse de ciudad. A intentar cambiarse de nombre para huir del escarnio público, de la denigración más absoluta. Para intentar recomponer su vida después de ser masacrada por algo de lo que nadie debía haberla culpado. Pero no pudo. No pudo huir de aquello, de lo que la había reducido de persona a bufón del mundo entero. La única salida que encontró fue suicidarse. Y lo más trágico de este asunto es que ha sido la sociedad entera la que ha empujado a una víctima a ahorcarse, mientras que los culpables siguen disfrutando de una vida tranquila. Anónima. Los culpables son los que colgaron el vídeo, sí, pero más culpables somos los que formamos parte de una sociedad que se ha cebado en la víctima y no en el verdugo. Los machistas 2.0.  


TAMARA MONTERO, La Voz de Galicia, 19 de septiembre de 2016.

***
   Por motivos históricos la sociedad actual está marcada por el machismo. La figura del hombre se antepone a la de la mujer.
   Cuando tratamos el tema de la sexualidad femenina, que ha sido convertido en tabú por el propio machismo, son varias las conceptualizaciones que nos llevan a la misma acusación: la mujer es un ser promiscuo.
   Tiziana Cantone, como muchas otras mujeres, ha sido víctima del machismo. La aparición de vídeos en la redes protagonizando actos sexuales, la expuso ante una sociedad que la criticó sin reparo y que se rió y burló de ella de infinitas formas, una sociedad que se regocijó con el contenido de los vídeos, y se olvidó por completo de los sentimientos de la víctima, la cual, probablemente, nunca pensó que esos vídeos grabados en la intimidad jamás saldrían a la luz, y, mucho menos, que su vida acabaría condicionada por ellos.
   Ella cometió más de un error, pero la mayor parte de la culpa es de todos aquellos que se apoderaron de la privacidad de la joven, sí. Ha sido la sociedad la que la ha empujado al suicidio tras maltratarla psicológicamente.
  
   Lorena Fernández
  
   ***
   La libertad individual, como derecho indiscutible de cualquier ser humano, puede acabar siendo cuestionada ante casos como este. Tiziana Cantone ejerció, más o menos acertadamente, su derecho a la libertad grabando unos vídeos de contenido sexual sin intención de que tuvieran la trascendencia más tarde obtenida y cuyo precio fue su vida.
   Si la intención de la joven era guardarse el vídeo para ella, enviárselo a una persona o a un grupo reducido de ellas, me pregunto en qué momento se le ocurrió a alguien empezar a difundirlo sabiendo que, en el mundo globalizado en el que vivimos, en cuando un archivo entra en Internet no hay manera de borrarlo.
   Por otra parte, la sociedad, desgraciadamente, no sorprendió con un ejercicio de humanidad y empatía e hizo lo propio de un conjunto de personas esclavas de un sistema patriarcal, egoístas y morbosas que atacan a los que son considerados débiles como si de la selva se tratara: se mofaron de la chica, sin escrúpulos, sin remordimientos. No se pararon a pensar lo que ella podría estar sintiendo. Es más, algunos aprovecharon para hacer negocio con el caso vendiendo camisetas y otros productos. También a todo esto se sumó la justicia, que obligó a Tiziana Cantone a pagar 20.000 euros a las páginas que contenían su vídeo por bloquearlo. Algo tan llamativo como si le obligan a un atracado a pagarle a su atracador o a la familia de un muerto a su asesino.
   Lo que está claro es que nadie se puso en la piel de la joven y ante esta situación de humillación y desprecio, ésta decidió quitarse la vida. Si la libertad es un derecho básico, más lo es aún vivir. Tiziana Cantone se ahorcó y a esto lo llamamos suicidio porque a los asesinos, a todos nosotros, nos asusta saber lo crueles que podemos llegar a ser los seres humanos.
  
   Inés López Couceiro
  
   ***
   En la última década las redes sociales han irrumpido en la sociedad con una fuerza arrolladora, y es la unión de ambas la que puede llevar tanto a las acciones más honorables como a los crímenes más terribles. Tanto es así que, como muestra el artículo de Tamara Montero, pueden llevar al mismísimo suicidio.
   Sería lo más fácil culpar a las redes en sí, y es lo que la mayoría hace, pero no olvidemos que no son más que una herramienta que las compañías que las poseen ponen en manos del público, y en las que nadie está obligado a entrar. Quien se registra, lo hace por decisión propia y decide qué muestra al mundo. Al mundo, en el sentido más amplio de la expresión. Porque en el momento en el que cualquier información se publica, se deja de tener control sobre ella y pasa a ser tanto propiedad de la empresa (ya que sus beneficios se obtienen de la venta de información) como de dominio público.
   El verdadero problema comienza cuando un individuo decide usar el trampolín que se pone a su alcance para hacer daño, y es que el anonimato que, hasta cierto punto, permiten los perfiles, da las garantías suficientes de quedar impune. Y en cuanto trasciende la pantalla, lo que quiera que se haya publicado se convierte, en mayor o menor medida, en tema de juicio. Porque el ser humano se cree, inherentemente, poseedor de la verdad absoluta y, por tanto, con derecho a juzgar todo lo que se le ponga delante, sin importar a quién pueda dañar con ello, bien porque no se piensa que un simple comentario pueda hacer mal alguno, bien porque se carece de empatía.
   Mientras tanto, la bola de nieve sigue su avance. Lenta al principio, coge velocidad e inexorablemente se convierte en una avalancha en cuanto el primer programa de televisión lo trata, haciendo que las demás cadenas también lo hagan y llegando a todo aquel que aún no conociera lo acaecido. Y a su vez, todo el mundo juzga a través de una información que suele estar polarizada hacia una opinión predeterminada.
   En medio de la vorágine de opiniones, insultos e incluso amenazas, poca gente se molesta en ver más allá del titular, en buscar por qué se habrá subido o quién puede haberlo hecho. Pensar supondría un esfuerzo, equivaldría a llevar la contraria a la mayoría. Es mucho más sencillo seguir a la opinión común y, ocurra lo que ocurra, culpar finalmente a una sociedad de la que no se cree formar parte.
  
   Antón Iglesias
  
   ***
   Tamara Montero alude a la culpabilidad de la sociedad por criticar a la víctima y no al causante de todo esto. Las burlas y memes de los medios hicieron de ella un personaje público del que todo el mundo opinaba, mientras que la gran mayoría desconocía la identidad del culpable.
   Tiziana Cantone cometió un gran acto de irresponsabilidad al enviar el vídeo, pues la red nos convierte en vulnerables, pero mayor fue el acto de deslealtad del chico que lo recibió. En un intento de demostrar superioridad y prepotencia, decidió compartirlo.
   Este tipo de sucesos son muy habituales, ya que podemos englobarlos en las noticias por acoso. Deberíamos cuestionarnos el porqué de estas situaciones. La necesitad de demostrar que se es mejor que los compañeros en muchos ámbitos del día a día (estudios, deportes...) puede originar el deseo de ser superior. Siempre se escucha que ser el mejor es complicado, pero que se debe luchar por ello. A veces, lo que ocurre es que no se miden las consecuencias de los actos, solo se ve el objetivo. Si para ello se pisa a alguien por el camino, no importa, pues será un rival menos.
   Los partidarios de esos pensamientos de que el fin justifica los medios, una idea antigua expresada por Nicolás Maquiavelo, no tienen en cuenta los daños morales que causan. Por todo ello, se deben apoyar las conductas positivas, pero también rechazar las negativas, no solo ignorarlas o incluso darles más importancia. Ambos son culpables, ella por cometer un acto irresponsable y descuidado, y él por obrar bajo el despecho y la superioridad; sin embargo, la sociedad los trata de diferente modo, cebándose, especialmente, con la víctima.

Sofía Pena Freire

   En una sociedad en la que la privacidad es un privilegio que pocos tienen y tampoco muchos quieren, todo está al descubierto, tanto si queremos como si no.
   En el momento en que compartimos algo íntimo, debemos tener en cuenta que deja de ser nuestro, ya que en Internet todo está sometido a millones de críticos que no pasarán por alto ninguno de nuestros errores. Es obvio que no todo puede gustar a todo el mundo, pero la sociedad ya ha creado unos estereotipos de lo que es aceptable y de lo que no, para que no tengamos que decidirlo nosotros mismos.
   Nos encontramos ante una población con falta de empatía, egoísta, en la que lejana queda la ayuda desinteresada al prójimo, y en la que domina el egocentrismo. En el momento en el que resulta más importante obtener beneficio a costa de las equivocaciones de otros, que analizar las causas que llevan al suicidio a una joven, entonces, queda claro el rumbo que está tomando el ser humano.
   Cuando hablamos de acoso nos referimos a niños que ejercen la crueldad contra otros niños, pero más allá de esta acción de inmadurez de alguien que todavía está formándose como persona, se esconde el rígido esquema social que se fue creando con generaciones anteriores. Los niños crecen viendo a sus padres, y las actitudes que ellos adoptan, en gran parte, conformarán el carácter del que será adulto. Cuando la única solución que encuentra una joven es el suicidio, ello significa que el problema va más lejos de su entorno, que ya no son sólo palabras insignificantes e inmaduras, significa que la población entera se encuentra más segura juzgando desde el exterior, y no parándose a pensar que es un problema real, serio, y de desconexión con el mundo que nos rodea. Éste no fue un caso aislado, porque tampoco fue causado por actos aislados, ya que ésta es una sociedad machista, en la que la figura de la mujer es calificada y etiquetada con inmensidad de adjetivos no siempre buenos.
   Las chicas que se ven obligadas a realizar este tipo de vídeos para llamar la atención no están exentas de culpa, pero no hay que olvidar que el origen de todo son las personas en conjunto, que cada vez se aíslan más del mundo a través de Internet, creyendo que las imágenes que contemplan no pertenecen a vidas reales.
  
Cristina Díaz Bermúdez

Ilustración: Edward Weston

martes, 4 de octubre de 2016

RESUMEN Y COMENTARIO CRÍTICO, TAMARA MONTERO


  La vida y la dignidad de una persona cuestan exactamente 20.000 euros. Lo que un juez dictaminó que tenía que pagar Tiziana Cantone a diferentes webs y redes sociales en compensación por retirar unos vídeos sexuales. Vídeos que destrozaron su vida y que la empujaron al suicidio. Vídeos grabados por la persona en que había depositado su confianza. Vídeos que acabaron trascendiendo lo audiovisual. Dieron la vuelta al mundo. Se convirtieron en camisetas. Hicieron canciones, memes, bromas y chascarrillos. Se convirtieron en materia de debate en canales televisivos. Esos vídeos, que nunca debieron haber salido del ámbito privado, la obligaron a cambiarse de ciudad. A intentar cambiarse de nombre para huir del escarnio público, de la denigración más absoluta. Para intentar recomponer su vida después de ser masacrada por algo de lo que nadie debía haberla culpado. Pero no pudo. No pudo huir de aquello, de lo que la había reducido de persona a bufón del mundo entero. La única salida que encontró fue suicidarse. Y lo más trágico de este asunto es que ha sido la sociedad entera la que ha empujado a una víctima a ahorcarse, mientras que los culpables siguen disfrutando de una vida tranquila. Anónima. Los culpables son los que colgaron el vídeo, sí, pero más culpables somos los que formamos parte de una sociedad que se ha cebado en la víctima y no en el verdugo. Los machistas 2.0.
 

TAMARA MONTERO, La Voz de Galicia, 19 de septiembre de 2016.

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Tamara Montero sostiene que en la sociedad actual se tiende en muchos casos a, si no atacar, sí, al menos, a ridiculizar a la víctima en lugar de al culpable. Halla un ejemplo en el caso de Tiziana Cantone, quien, tras haber sufrido la difusión de unos vídeos de índole sexual, terminó por suicidarse, a causa del escarnio que anteriormente la había llevado a cambiar de ciudad y a intentar cambiar de identidad.

Antón Iglesias

***
   Es impensable que en pleno siglo XXI sigamos sexualizando el cuerpo de la mujer. Después de tantos avances políticos, sociales y culturales, resulta difícil creer que aún siga existiendo gente que, aprovechándose de unos vídeos sexuales, logre denigrar a una persona. En este caso, a una mujer. Y sí, digo una mujer porque estoy segura de que si fuese al revés, no causaría tanto revuelo mediático. Nunca he oído un caso de un hombre que se haya quitado la vida porque un vídeo sexual suyo haya salido a la luz. Vídeos que, en el caso de Tiziana, no deberían haber trascendido. Ella simplemente tuvo la mala suerte de que los vídeos acabaran en las manos incorrectas. Gente que los difundió sin calcular las consecuencias que podrían alcanzar. Y motivaron que esta pobre chica terminase quitándose la vida. Existe un problema social: la trivialización del dolor de los demás. Tanto los que difundieron los vídeos como los que disfrutaron viéndolos o compartiéndolos, sin olvidarnos de los que bromeaban sobre ellos, no son conscientes de la dignidad de las personas que les rodean. Es terrible la muerte de Tiziana, tan terrible como el hecho de que esta frivolización del dolor siga existiendo y pueda ocasionar daños futuros a otras personas. Que una noticia de tal magnitud no nos extrañe y que sigamos culpabilizando a la víctima, sin pararnos a pensar en el daño que hacemos, es un síntoma evidente de que la sociedad está enferma. Deberíamos analizar los motivos que llevaron a esta protagonista al suicidio: aproximarnos a la vida vacía que llevaba, imaginar las vivencias infernales e insoportables que la empujaron a tomar tal decisión. Pese a todos los movimientos feministas, la igualdad de condiciones entre géneros y todas esas parafernalias progresistas, mientras sigamos culpando a una mujer y no a sus agresores, la nuestra seguirá siendo una sociedad asquerosamente machista.


Gema Pais Martínez 


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   A pesar de todo lo que las mujeres hemos conseguido a lo largo de los años, no cabe duda de que el machismo es algo cada vez más presente en nuestra sociedad. En este caso, la vida de Tiziana Cantone ha sido arrebatada por un estúpido sistema de valores que tacha de promiscua a cualquier mujer que ponga en manifiesto el ejercicio de su libertad sexual.
   Hoy en día cosas tan simples como caminar sola por la calle, ciertos puestos de trabajo, la vestimenta o una canon de belleza que obliga a la depilación, no son más que aspectos sociales en los que se reafirman las diferencias entre hombres y mujeres. Y aún es peor cuando se trata de la sexualidad: la sociedad sexualiza el cuerpo femenino hasta el punto de que las mujeres tenemos que vivir en un continuo estado de represión, a diferencia de los hombres. En consecuencia, si el caso de Cantone lo hubiese protagonizado un chico, éste sería considerado por la sociedad como alguien admirable, obviando el verdadero conflicto que supone la publicación de determinados contenidos que no deben trascender la intimidad del individuo.
   Todo esto no quiere decir que la exposición de la víctima en dichos vídeos haya sido inteligente o, incluso, moralmente correcta, pero ese no es el caso: el  problema procede una sociedad arcaica y de la que todos participamos, que provoca que aún hoy en día haya gente que viva soportando injustas y vetustas diferencias.

Irene García Pizarro
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 Tamara Montero nos habla de Tiziana Cantone igual que lo podría haber hecho de muchas otras mujeres que se ven en situaciones semejantes. El caso de Tiziana no es algo aislado; es frecuente en la sociedad de la información que la gente mande vídeos de carácter erótico a personas que consideran lo suficientemente cercanas. El problema se produce cuando se convierten en virales, sometiendo a la persona grabada (casi siempre una mujer) a la mofa y la humillación más absoluta por parte de una sociedad profundamente patriarcal y machista.
   La raíz del problema se vertebra sobre tres ejes: la cosificación y sexualización de la mujer, la cultura de culpabilización de la víctima y el anonimato que brindan las nuevas tecnologías.
   A pesar de que nuestra sociedad ha avanzado enormemente en muy poco tiempo, sigue quedando mucho por hacer y es que el machismo sigue estando muy presente; sólo existe un factor diferencial: se oculta mejor. La mujer se ha convertido en un objeto sexual para uso y disfrute del hombre, y es que es frecuente ver anuncios, series o películas en los que la figura de la mujer está cosificada. Es por esto que un pecho femenino está muchísimo más sexualizado que el de un hombre (como bien nos demuestra Instagram prohibiendo sólo los pezones femeninos en sus redes) y, por tanto, es la mujer la que se ve sometida a la presión de mandar vídeos eróticos a su pareja y de demostrar su atractivo. Además la sexualización de la mujer tiene un doble filo, ya que se espera de ella que sea eficiente sexualmente y dispuesta a complacer al hombre, pero al mismo tiempo se la reprime si trata de vivir su sexualidad de una manera libre.
   Por otra parte, resulta evidente que en nuestra sociedad es la víctima la que padecerá las miradas reprensivas y las voces acusatorias: que si no debería haber mandado el vídeo, que si se lo merece por promiscua, que si haciendo eso no se respeta a sí misma... En definitiva, parece que la culpa no es nunca del que mandó el vídeo sin consentimiento de la persona grabada, o de los que lo reprodujeron. El que divulgó el vídeo traicionó la intimidad de la otra persona, a sabiendas de que eso significaría la exposición una imagen pública de su imagen que jamás podrá volver a restaurar.
   No son fenómenos recientes la crueldad y la maledicencia. Las nuevas tecnologías, que facilitan tantos ámbitos de la vida, también permiten la difusión del mal desde el amparo del anonimato, que facilita la impunidad al que comete cierto tipo de fechorías. Además, la distancia de la pantalla propicia el aumento de la insensibilidad y libera a los cómplices del sentimiento de culpa.
    Está claro que debemos comprender y analizar la sociedad machista y digital en la que vivimos para poder resolver un problema tan grave como el escarnio que puede provocar la divulgación de la intimidad.
   
    Daniel Quintás
    

RESUMEN Y COMENTARIO CRÍTICO, TAMARA MONTERO


  La vida y la dignidad de una persona cuestan exactamente 20.000 euros. Lo que un juez dictaminó que tenía que pagar Tiziana Cantone a diferentes webs y redes sociales en compensación por retirar unos vídeos sexuales. Vídeos que destrozaron su vida y que la empujaron al suicidio. Vídeos grabados por la persona en que había depositado su confianza. Vídeos que acabaron trascendiendo lo audiovisual. Dieron la vuelta al mundo. Se convirtieron en camisetas. Hicieron canciones, memes, bromas y chascarrillos. Se convirtieron en materia de debate en canales televisivos. Esos vídeos, que nunca debieron haber salido del ámbito privado, la obligaron a cambiarse de ciudad. A intentar cambiarse de nombre para huir del escarnio público, de la denigración más absoluta. Para intentar recomponer su vida después de ser masacrada por algo de lo que nadie debía haberla culpado. Pero no pudo. No pudo huir de aquello, de lo que la había reducido de persona a bufón del mundo entero. La única salida que encontró fue suicidarse. Y lo más trágico de este asunto es que ha sido la sociedad entera la que ha empujado a una víctima a ahorcarse, mientras que los culpables siguen disfrutando de una vida tranquila. Anónima. Los culpables son los que colgaron el vídeo, sí, pero más culpables somos los que formamos parte de una sociedad que se ha cebado en la víctima y no en el verdugo. Los machistas 2.0.
 

TAMARA MONTERO, La Voz de Galicia, 19 de septiembre de 2016.

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Tamara Montero sostiene que en la sociedad actual se tiende en muchos casos a, si no atacar, sí, al menos, a ridiculizar a la víctima en lugar de al culpable. Halla un ejemplo en el caso de Tiziana Cantone, quien, tras haber sufrido la difusión de unos vídeos de índole sexual, terminó por suicidarse, a causa del escarnio que anteriormente la había llevado a cambiar de ciudad y a intentar cambiar de identidad.

Antón Iglesias

***
   Es impensable que en pleno siglo XXI sigamos sexualizando el cuerpo de la mujer. Después de tantos avances políticos, sociales y culturales, resulta difícil creer que aún siga existiendo gente que, aprovechándose de unos vídeos sexuales, logre denigrar a una persona. En este caso, a una mujer. Y sí, digo una mujer porque estoy segura de que si fuese al revés, no causaría tanto revuelo mediático. Nunca he oído un caso de un hombre que se haya quitado la vida porque un vídeo sexual suyo haya salido a la luz. Vídeos que, en el caso de Tiziana, no deberían haber trascendido. Ella simplemente tuvo la mala suerte de que los vídeos acabaran en las manos incorrectas. Gente que los difundió sin calcular las consecuencias que podrían alcanzar. Y motivaron que esta pobre chica terminase quitándose la vida. Existe un problema social: la trivialización del dolor de los demás. Tanto los que difundieron los vídeos como los que disfrutaron viéndolos o compartiéndolos, sin olvidarnos de los que bromeaban sobre ellos, no son conscientes de la dignidad de las personas que les rodean. Es terrible la muerte de Tiziana, tan terrible como el hecho de que esta frivolización del dolor siga existiendo y pueda ocasionar daños futuros a otras personas. Que una noticia de tal magnitud no nos extrañe y que sigamos culpabilizando a la víctima, sin pararnos a pensar en el daño que hacemos, es un síntoma evidente de que la sociedad está enferma. Deberíamos analizar los motivos que llevaron a esta protagonista al suicidio: aproximarnos a la vida vacía que llevaba, imaginar las vivencias infernales e insoportables que la empujaron a tomar tal decisión. Pese a todos los movimientos feministas, la igualdad de condiciones entre géneros y todas esas parafernalias progresistas, mientras sigamos culpando a una mujer y no a sus agresores, la nuestra seguirá siendo una sociedad asquerosamente machista.


Gema Pais Martínez 


***
   A pesar de todo lo que las mujeres hemos conseguido a lo largo de los años, no cabe duda de que el machismo es algo cada vez más presente en nuestra sociedad. En este caso, la vida de Tiziana Cantone ha sido arrebatada por un estúpido sistema de valores que tacha de promiscua a cualquier mujer que ponga en manifiesto el ejercicio de su libertad sexual.
   Hoy en día cosas tan simples como caminar sola por la calle, ciertos puestos de trabajo, la vestimenta o una canon de belleza que obliga a la depilación, no son más que aspectos sociales en los que se reafirman las diferencias entre hombres y mujeres. Y aún es peor cuando se trata de la sexualidad: la sociedad sexualiza el cuerpo femenino hasta el punto de que las mujeres tenemos que vivir en un continuo estado de represión, a diferencia de los hombres. En consecuencia, si el caso de Cantone lo hubiese protagonizado un chico, éste sería considerado por la sociedad como alguien admirable, obviando el verdadero conflicto que supone la publicación de determinados contenidos que no deben trascender la intimidad del individuo.
   Todo esto no quiere decir que la exposición de la víctima en dichos vídeos haya sido inteligente o, incluso, moralmente correcta, pero ese no es el caso: el  problema procede una sociedad arcaica y de la que todos participamos, que provoca que aún hoy en día haya gente que viva soportando injustas y vetustas diferencias.

Irene García Pizarro

miércoles, 28 de septiembre de 2016

COMENTARIO CRÍTICO, Rafael Argullol


   Un tanto por ciento muy elevado de la población jamás lee un libro; además se vanagloria de tal circunstancia. Porque para muchos de nuestros contemporáneos la lectura se ha hecho agresivamente superflua e incluso experimentan una cierta incomodidad al ser preguntados al respecto. Dicen no tener tiempo para leer, o que prefieren dedicar su tiempo a otras cosas más útiles y divertidas. Nos encontramos, por tanto, ante una bastante generalizada falta de prestigio social de la lectura que probablemente oculte una incapacidad real para leer. Dicho de otro modo: el acto de leer se ha transformado en un acto altamente dificultoso y,  a muchos, les resulta imposible. Me refiero, claro está, a leer un texto que vaya más allá de la instrucción de manual, del mensaje breve o del titular de noticia. Me refiero a leer un texto de una cierta complejidad mental que requiera un cierto uso de la memoria y que exija una cierta duración temporal para ir eligiendo en libertad, y en soledad, los distintos caminos que son ofrecidos por las sucesivas encrucijadas argumentales.
   El pseudolector actual rehúye las cinco condiciones mínimas inherentes al acto de leer: complejidad, memoria, lentitud, libertad y soledad. Él abomina de lo complejo como algo insoportablemente pesado; desprecia la memoria, para la que ya tenemos nuestras máquinas; no tiene tiempo que perder en vericuetos textuales; no se atreve tampoco a elegir libremente en la soledad que, de modo implacable, exige la lectura. En definitiva, nuestro pseudolector actual ha sido alfabetizado en la escuela y, en muchos casos, ha acudido a la universidad, pero no está en condiciones de confrontarse con el legado histórico de la cultura humanista e ilustrada construido a lo largo de más de dos milenios. Este pseudolector —en el que se identifica a la mayoría de nuestros contemporáneos— no puede leer un solo libro verdaderamente significativo de lo que hemos llamado, durante siglos, “cultura”.

RAFAEL ARGULLOL, El País, 6 de marzo de 2015.[adaptación]



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   Está claro que cada día que pasa la tecnología y la ignorancia dan un paso hacia delante y la lectura y la cultura hacia atrás. Y se trata de pasos de gigantes, porque es muy grande la diferencia en número (y calidad) de lectores que había hace quince años y los que hay ahora.
   Antes, por el cumpleaños de un niño, era frecuente que se le regalaba un cuento que formaba parte de su formación intelectual; ahora, en cambio, se les regala aparatos electrónicos que hacen que la memoria no trabaje, ya que basta con presionar un botón y te lo dan todo hecho. Está claro que también se aprende mucho con la tecnología, pero hay un mínimo de cosas que se deberían aprender de modo tradicional: una tablet no enseña a leer o a escribir, y lo que se provoca al regalarle a un niño un aparato electrónico en vez de un cuento, es que se centre en jugar y deje de lado aprender. Es difícil de explicar el cambio por el cual el ser humano, que es un ser curioso que quiere aprender, ahora se conforma con tener la mayor cantidad de tiempo libre posible y un mínimo de conocimientos. Los adolescentes prefieren la diversión, se creen mejores dejando de lado temas de actualidad (como la política), y no se dan cuenta de que este desinterés les va a perjudicar a ellos, porque el presente va mal, pero el futuro, si sigue este camino, irá peor. Con aprender, no me refiero a ser unos increíbles estudiantes con buenísimas notas, pero se necesita un mínimo de cultura general que nos haga ser un poco menos ignorantes de todos los sucesos que rodean a la vida. Parece increíble, pero hay gente que piensa que la leche viene del tetrabrick, o no sabe que en España en estos momentos no hay un gobierno definido. Esta afirmación puede sonar realmente graciosa, pero es, desgraciadamente, cierta.
  No sólo hay que centrarse en niños, ya que los adultos también forman parte de este cambio que estamos sufriendo, y no solo permitiéndoselo a sus hijos, sino que muchos de ellos actúan de igual modo.  La tecnología no es en sí misma mala. Es sabido que ofrece muchas comodidades. Existen incluso plataformas que ayudan a la lectura, artilugios tan cómodos y útiles como el libro electrónico. Es el uso improcedente de la tecnología el que genera problemas. Son muchos ya los que prefieren chatear a leer un libro o el periódico y enterarse de lo que pasa en la actualidad. De este modo, renunciando a ver qué es aquello que nos rodea hoy, es muy probable que el futuro que nos espera suscite muchas preguntas para las que no tendremos respuesta, si ahora no ponemos nuestra voluntad y nuestro esfuerzo en alimentar nuestra cultura.
 
Pablo Ferrer Herrero

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    Argullol denuncia la visible desaparición de los lectores en nuestros tiempos. En este artículo refleja que nuestros contemporáneos, en gran número, no saben lo que es leer un libro: no son capaces de cumplir las condiciones que requiere hacerlo para comprobar si la experiencia merece o no la pena.
   Uno de los requisitos que atribuye a la lectura es la lentitud. Esto es algo que el siglo XXI podemos decir que “no existe”: nuestras vidas transcurren a una velocidad de vértigo con miles de horarios y obligaciones que debemos cumplir (trabajo, sesiones deportivas, compromisos familiares…). Inmersos en esa rutina, somos incapaces de salir de ella y sentarnos a leer un libro, hecho que sería considerado por muchos una pérdida de tiempo.  Esta obsesión social hace que sea más valiosa una hora corriendo para estar en forma que otra delante de un libro. Esta conducta acabará por crear una sociedad profundamente inculta y, por lo tanto, fácil de manejar.
   La lectura aporta un carácter crítico fundamental: la capacidad y la libertad de tener opinión propia y poder cuestionarnos y mejorar lo que nos rodea. De otro modo seremos vulnerables e incapaces de evitar que nuestras vidas estén marcadas por otros. Las consecuencias de este hecho se están haciendo notar ya en España y un ejemplo son las escasas protestas por la eliminación en el sistema educativo de la asignatura de Filosofía, otra herramienta para construir un pensamiento propio.
   Otro factor importante para la extinción de los lectores es que nos encontramos en la época de la brevedad: todo lo importante debe estar expresado en 146 caracteres y lo demás no merece la pena. No compensa para muchos emplear su tiempo en leer una novela por el simple placer de hacerlo, ya que en ello no va a encontrar nada relevante ni útil. Además requiere un esfuerzo mental que suele ser evitado en nuestra época por falta de ganas o por el desconocimiento de lo que un libro puede aportar: no somos capaces de dar un paso sin saber exactamente el beneficio que vamos a recibir a cambio.
   La situación que Rafael Argullol critica es enormemente preocupante para una sociedad que presume de ser desarrollada como la nuestra. Si se abandona la lectura, si los individuos se acostumbran a no hacer esfuerzos, a vivir renunciando al pensamiento, es predecible que nuestra sociedad sufrirá probablemente una parálisis.
  
Pablo Martínez Sánchez  

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  Rafael Argullol afirma que cada vez menos gente accede a la cultura a través de la lectura, esta última ha sido arrincona a usos estrictamente cotidianos, ya que a la sociedad le resulta demasiado complejo ejercerla para acceder al legado histórico y a la cultura en general.
  El autor defiende una tesis totalmente acertada, ya que se puede ver a simple vista la decadencia de la lectura. Cada vez se venden menos libros, además gran parte de la sociedad dice no tener tiempo para la lectura, ya que tiene ocupaciones más importantes. Se puede considerar que gran parte de la culpa de esto la pueden tener los avances tecnológicos, que aíslan y hacen gastar mucho tiempo ante ellos y también la educación.
  Es frecuente que en los centros de estudios se marquen una serie de lecturas obligatorias que no son del agrado de todos los estudiantes; por ello, además de lecturas obligatorias, se debería promover más la lectura voluntaria: que cada alumno pudiera elegir cualquier tipo de libro de su gusto y proponerlo.
  Además, la educación que se da en la mayoría de los hogares no es la correcta, ya que las generaciones más jóvenes seguirán el ejemplo de las actuales, aquellas que jamás leen un libro, por lo que no hay forma de acceder a la cultura y a la historia de nuestro propio pueblo.
  En conclusión, la clave para promover la lectura y frenar la decadencia actual sería actuar en la educación más temprana, promoviendo la lectura por placer y como ocio, intentando frenar toda la adicción tecnológica.

Sara Antelo Vázquez
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    Actualmente, los libros están pasando a un segundo plano, sustituidos por una nueva fuerza: la tecnología. Inventos relativamente recientes, como pueden ser la televisión o Internet, provocan que la población invierta su tiempo libre o de descanso en ocupaciones muy distintas a las de años atrás.
    Hace tiempo, solo aquel con cierto poderío económico podía gozar del placer de leer. Y solo el hecho de haber aprendido a leer le otorgaba al individuo un gran prestigio, ya que no cualquiera podía permitírselo. Además las personas que tenían esa suerte la aprovechaban y adquirían y presumían de su gran cultura.
    Pero ahora eso no sucede. Prácticamente todo el mundo tiene la posibilidad de comprarse un libro y aún así las ventas van en descenso. En cambio, un alto porcentaje de la población ve la televisión a diario y pasa muchas horas conectado a la red.
    Las nuevas generaciones empiezan cada vez más pronto en el mundo de las tecnologías y ya no saben lo que es leer por placer. Consideran que la lectura es una imposición escolar insufrible y ya no leen para aprender, sino simplemente para aprobar.
    También es cierto que muchos de los libros publicados hoy no aportan ningún valor, son simples artefactos comerciales. Muchos de los grandes éxitos de ventas son absolutamente prescindibles. La gente prefiere un libro fácil y sencillo, que le de al lector todo masticado para que no tenga que pensar. Una buena lectura es aquella que exige que se ejercite la mente, que obligue al lector a mantener un alto grado de concentración, que invita a reflexionar, que incita a aprender.
    Una población que escapa de la lectura es una población idiotizada y fácilmente maleable. Perdiendo el placer de leer, nos alejamos de la cultura y eso acabará pasará factura.

Sara Vicos Neira
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   El ritmo agitado de las vidas actuales, junto con el auge de la tecnología, hace que la población mundial parezca haber olvidado sentarse durante un breve período de tiempo para coger un libro y comenzar a reflexionar sobre aquello que está escrito.
   La reducción de la venta de libros es más una realidad evidente. Los jóvenes sustituyen el papel por juegos virtuales y los adultos carecen de tiempo para inculcar el hábito de la lectura a sus hijos. La poca constancia en ello provoca que no conozcan el lujo y el disfrute de llegar a unas conclusiones propias que permiten evitar dictados ajenos.
   Los beneficios que se obtienen de la lectura son incalculables e infinitos. No sólo ayuda a conocerse a sí mismo, sino que proporciona lo más importante y necesario en el mundo actual: una actitud crítica. Una opinión propia permite al individuo tomar sus decisiones, y ésta sólo se obtiene mediante el conocimiento. Así será posible que el individuo decida libremente, sin seguir el criterio de otros o de una mayoría teledirigida.
   Debemos dejar de actuar como máquinas y pararnos a pensar, analizar aquello que nos rodea, disfrutar ante una hoja escrita y, mediante la lectura, procurar convertirnos en una sociedad culta.

Lorena Naveira Espora

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   Rafael Argullol expresa una preocupación por el alto número de personas que jamás leen y lo achaca a una falta de memoria, al desprestigio de la lectura en la sociedad contemporánea y por último, a que los lectores actuales no reúnen las cinco condiciones mínimas inherentes al acto de leer.
   Sin embargo, aunque bien es cierto que todo esto es parte del problema, todo parece indicar que también tienen mucho que ver el uso de las nuevas tecnologías y la cultura de la telebasura. El imparable uso del teléfono móvil nos ha convertido en una sociedad con niveles de concentración muy bajos: hoy nos distraemos mucho más fácilmente. Esto se convierte en un impedimento a la hora de sentarse a leer un libro ya que la lectura es una actividad que requiere de concentración.
   Asimismo, la cultura de la telebasura ha enganchado a millones de personas en España y en el mundo. Este modo de entretenimiento destaca porque glorifica la incultura, lo vulgar y la frivolidad. Las grandes estrellas de la televisión no leen y de ello se enorgullecen. Un ejemplo perfecto sería Marta Sánchez, cantante que en su juventud se enorgullecía de no haber leído ni un solo libro. Estas celebridades desempeñan un papel muy importante en nuestra sociedad, ya que son la fuente de inspiración para millones de televidentes que desean ser como ellas.
   Son estas dos situaciones las que explican, en gran medida, parte del problema que tiene nuestra sociedad con la lectura.
 
Daniel Quintás
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    La literatura cada vez tiene un menor número de lectores. Esta situación puede deberse a diversos motivos. Existe gente que durante un año no toca un libro, bien sea porque no le gusta la lectura o bien porque prefiere seguir a las grandes masas.
   En la actualidad vivimos en una sociedad plagada de estereotipos, en la que no aparece por ningún lado un anuncio que anime a leer, provocando que la lectura sea cada vez una asignatura, en la vida, menos importante.
   En épocas anteriores se catalogaba a la gente dependiendo de la calidad de su cultura: una persona con una buena formación intelectual era una persona destacada dentro de la sociedad. Actualmente se clasifica a las personas mediante otros parámetros, teniendo en cuenta, por ejemplo, la cantidad de destinos turísticos que ha visitado en los últimos años, haya sabido o no disfrutar de lo que pudo haber encontrado en ellos.
   España es uno de los países europeos con menor cantidad de lectores, ya que en nuestra sociedad se le da más importancia a otros hechos, como puede ser, por ejemplo, la vida social de un jugador de fútbol. Sí es cierto que hubo y habrá campañas para fomentar la lectura. Quizá la más memorable, las Misiones Pedagógicas, ocurrió hace ya sesenta o setenta y cinco años, cuando escritores como García Lorca iban repartiendo libros por los medios rurales y menos favorecidos para combatir la progresiva analfabetización que se vivía en su tiempo, incluso daban clases en pequeñas aldeas durante unos meses para que aprendiesen a leer y a escribir correctamente. Ahora, sin embargo, desgraciadamente, sucede todo lo contrario, y , ello, a pesar de que tenemos todas las facilidades para poder acceder a la cultura: en Internet se puede encontrar una gran variedad de información sobre cualquier tema.
   Las autoridades pueden afirmar que se está combatiendo la desnutrición intelectual, ya que es necesario ir a la escuela (siendo obligatorio), pero no se amplían los conocimientos aprendidos, quedando estancados en una situación de inmovilidad intelectual, no avanzando y estableciendo una situación de conformidad. Mucha gente responde a la pregunta de que si suelen leer diciendo: “¿Para qué leer?, es una pérdida de tiempo”, cuando en realidad lo que están perdiendo no es el tiempo, sino la posibilidad de llegar al conocimiento.
   Una población con baja tasa de lectores provocará que el crecimiento intelectual de nuestro país sea más lento, que la inmovilidad social sea una lacra.
  
Gabriel Iglesias Gamboa

martes, 27 de septiembre de 2016

RESUMEN, ESQUEMA DE IDEAS Y COMENTARIO CRÍTICO 02

   La vida y la dignidad de una persona cuestan exactamente 20.000 euros. Lo que un juez dictaminó que tenía que pagar Tiziana Cantone a diferentes webs y redes sociales en compensación por retirar unos vídeos sexuales. Vídeos que destrozaron su vida y que la empujaron al suicidio. Vídeos grabados por la persona en que había depositado su confianza. Vídeos que acabaron trascendiendo lo audiovisual. Dieron la vuelta al mundo. Se convirtieron en camisetas. Hicieron canciones, memes, bromas y chascarrillos. Se convirtieron en materia de debate en canales televisivos. Esos vídeos, que nunca debieron haber salido del ámbito privado, la obligaron a cambiarse de ciudad. A intentar cambiarse de nombre para huir del escarnio público, de la denigración más absoluta. Para intentar recomponer su vida después de ser masacrada por algo de lo que nadie debía haberla culpado. Pero no pudo. No pudo huir de aquello, de lo que la había reducido de persona a bufón del mundo entero. La única salida que encontró fue suicidarse. Y lo más trágico de este asunto es que ha sido la sociedad entera la que ha empujado a una víctima a ahorcarse, mientras que los culpables siguen disfrutando de una vida tranquila. Anónima. Los culpables son los que colgaron el vídeo, sí, pero más culpables somos los que formamos parte de una sociedad que se ha cebado en la víctima y no en el verdugo. Los machistas 2.0.
 

TAMARA MONTERO, La Voz de Galicia, 19 de septiembre de 2016.

lunes, 26 de septiembre de 2016

RESUMEN, ESQUEMA DE IDEAS Y COMENTARIO CRÍTICO


 Un tanto por ciento muy elevado de la población jamás lee un libro; además se vanagloria de tal circunstancia. Porque para muchos de nuestros contemporáneos la lectura se ha hecho agresivamente superflua e incluso experimentan una cierta incomodidad al ser preguntados al respecto. Dicen no tener tiempo para leer, o que prefieren dedicar su tiempo a otras cosas más útiles y divertidas. Nos encontramos, por tanto, ante una bastante generalizada falta de prestigio social de la lectura que probablemente oculte una incapacidad real para leer. Dicho de otro modo: el acto de leer se ha transformado en un acto altamente dificultoso y,  a muchos, les resulta imposible. Me refiero, claro está, a leer un texto que vaya más allá de la instrucción de manual, del mensaje breve o del titular de noticia. Me refiero a leer un texto de una cierta complejidad mental que requiera un cierto uso de la memoria y que exija una cierta duración temporal para ir eligiendo en libertad, y en soledad, los distintos caminos que son ofrecidos por las sucesivas encrucijadas argumentales.
   El pseudolector actual rehúye las cinco condiciones mínimas inherentes al acto de leer: complejidad, memoria, lentitud, libertad y soledad. Él abomina de lo complejo como algo insoportablemente pesado; desprecia la memoria, para la que ya tenemos nuestras máquinas; no tiene tiempo que perder en vericuetos textuales; no se atreve tampoco a elegir libremente en la soledad que, de modo implacable, exige la lectura. En definitiva, nuestro pseudolector actual ha sido alfabetizado en la escuela y, en muchos casos, ha acudido a la universidad, pero no está en condiciones de confrontarse con el legado histórico de la cultura humanista e ilustrada construido a lo largo de más de dos milenios. Este pseudolector —en el que se identifica a la mayoría de nuestros contemporáneos— no puede leer un solo libro verdaderamente significativo de lo que hemos llamado, durante siglos, “cultura”.

RAFAEL ARGULLOL, El País, 6 de marzo de 2015.[adaptación]





Ilustración: Stoney Stone

lunes, 2 de noviembre de 2015

COMENTARIO CRÍTICO, José Ernesto Ayala-Dip


   Es raro el día que no me cruzo con turistas. No bien atravieso el portal de mi casa, esa gente que viaja por placer, según nos enseña el María Moliner que es un turista, me encuentro con ellos. Los veo en frente de mi domicilio, deslumbrados por el skyline de Barcelona. Se sientan en unos bancos diseñados para hacerles más próximos la línea del horizonte, como si pudieran tocarlo. O como si pudieran beberse el mar que divisan. También es raro el día en que no me preguntan algo. Dado que mi vivienda está en el trayecto que tienen que hacer para llegar al Parc Güell, se me acercan con sus planos desplegados. Algo desorientados me preguntan por el camino exacto que los lleve hasta Gaudí. A veces me da por pensar que lo hacen, no tanto por mi asesoramiento callejero, como por ganas de hablar con algún lugareño. Trato de ser escueto y eficaz en mis referencias, pero cuando los veo que se me quedan mirando como si lamentaran que todo acabe ahí, es cuando les pregunto de dónde vienen. Unos son de Bremen. Otros de Kioto. No faltan de Buenos Aires. 

 JOSÉ ERNESTO AYALA-DIP, El País, 7 de enero de 2015.

   Las grandes ciudades están siempre atestadas de turistas, en busca de los monumentos más espectaculares para fotografiarlos, o simplemente para disfrutar de la vista y del ambiente que los rodea. Lugares como Londres o París nunca gozarán de un ambiente tranquilo, bien alejado del ruido de los coches, del constante ir y venir de gente, y de todos los agobios que vienen de la mano cuando hablamos de determinadas capitales. El día en el que ya no se vea a turistas subidos en el London Eye, o yendo a la Torre Eiffel de noche después haber admirado todas las obras de arte del Louvre, ese día, esas capitales no serán lo que eran. Lo mismo ocurriría con Barcelona.
   Al fin y al cabo, aquellas personas forman parte de la ciudades, aunque sea solo por unos días, ya que le aportan vida, diversidad étnica... El hecho de ir caminando por la calle y ver a gente de distintas nacionalidades, con culturas completamente diferentes, significa que esa capital ha conseguido atraer y juntar gente de todos los recovecos del mundo; es algo que la caracteriza y enriquece, así como a todos aquellos que viven en ella.
   Si se intenta acabar o disminuir ese vaivén de turistas, lo que se conseguirá será arrancarle a la ciudad una pequeña parte de su singularidad con la que ellos mismos la han dotado, extirpar una pieza de todo el entramado que conforma su encanto ciudad, y con ello, su personalidad. Es decir, lo que ha conseguido reunir a tantas personas en un mismo lugar.

Helena Fernández Vales

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  En España, el turismo realiza un papel importante en la economía, sobre todo en aquellas ciudades de tan grande atracción turística, como es el caso de Barcelona, Madrid, Sevilla, Santiago de Compostela, Mallorca o las Islas Canarias.
  Se podría decir que nuestro país es uno de los más importantes a nivel internacional hablando de turismo. Sus playas, sus catedrales sus parques o museos, no importa por qué gente de tantas partes del mundo decide visitar este país durante sus vacaciones, la cuestión está en por qué la gente residente en estas ciudades se queja de la que podría ser para ellos “excesiva” cantidad de turistas. Una pregunta bastante absurda teniendo en cuenta que gran parte de estas personas obtienen dinero y beneficios, precisamente, de esta gente. La mayoría de los trabajos en España están dedicados al sector servicios, y dentro de esta gran parte de servicios, obviamente, están los destinados y usados por los turistas. En otras palabras, sin esa cantidad “excesiva” de gente de otras partes del mundo, la mitad de la población en España se quedaría en la calle sin trabajo: conductores de medios de transporte, trabajadores en oficinas de turismo o agencias de viajes, guías turísticas,  empleados de hoteles y restaurantes.
   España vive del turismo, de esos desconocidos que según mucha cantidad de gente “robaron el espacio y lo ensuciaron”, de ese montón de gente es de la que la mayoría de la población en España obtiene un sueldo, y en ningún momento debería ser contestada por tal xenofobia.

Lucía Corral

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   El turismo tiene un papel muy importante en la actividad económica de cada país: genera empleo, desarrolla pequeñas localidades y otorga diferenciación a cada destino.
   Aún siendo conocedores de todas sus ventajas, a gran parte de la sociedad sigue sin agradarles ver turistas por las calles. Atribuyen su enojo a aspectos discutibles, como la suciedad o las aglomeraciones.
   La realidad es que, en pleno siglo XXI, mucha gente sigue llena de prejuicios hacia estos viajeros.
   Puede que sea más cómodo viajar por las calles vacías, sin tener que detenerse a sacar una foto o a indicar una dirección. Pero la comodidad, no es un argumento congruente para ir en contra de los turistas, como podrían ser los impactos ambientales que pueden llegar a generarse.
   Esos que no hacen más que calificar equívocamente a personas que viajan por placer, para culturizarse o simplemente para relajarse; deberían de pararse a pensar en que igual lo que les rodea es más interesante y curioso de lo que consideraban. De esta forma, puede que se den cuenta de que esas muchedumbres no sólo aportan ruido a las calles, sino que les dan vida a estas y a cada lugar de este mundo.

Ángela Novo García
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   Los ciudadanos que tienen mentalidad xenófoba se están quejando de lo inaceptable.
   El hecho de que haya tanto turista por las calles de Barcelona, muestra el valor de esta ciudad como fuente de ingresos en la economía del país. Ellos al llegar aquí gastan, y a través de esos gastos se generan puestos de trabajo que tanto hacen falta en estos tiempos. Por eso mismo, rechazar o poner pegas a la afluencia de turistas conllevaría a un descenso económico notable en Cataluña. En esta época, aparte del motivo anterior, no podemos tener una mentalidad conservadora, porque desde el proceso de globalización el ser humano está destinado a viajar ya sea como en este caso de turista o con otros intereses.
   La ciudad perdería popularidad y dejaría de despertar interés exterior si se actuaría con esa mentalidad perjudicial. La opinión de que a algunos ciudadanos les pueda molestar toparse con tanto extranjero o que tengan miedo a si se ensucia es respetable, pero carece de argumentos de peso para poner en práctica dicha mentalidad, ya que Barcelona se caracteriza por ser una ciudad limpia. La sociedad catalana debería plantearse seriamente las acciones que está realizando porque, en vez de ayudar a sus habitantes, los perjudica.
   Es evidente que con la promoción de la mentalidad xenofóbica se perjudica el bienestar social. 

Bogdan Pasca
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   Uno de los asuntos que más incomoda a la población que vive en el centro de las ciudades importantes, es el alto nivel de turismo que existe en ellas. Los habitantes de Barcelona, entre otros muchos lugares, consideran que el número de personas que visitan esta zona a diario es exagerado y molesto.
   De lo que no son conscientes los ciudadanos que presentan sus protestas, es de que todos esos extranjeros que se encuentran día a día en las puertas de sus casas, son los mismos que favorecen a la economía del país. Todas esas personas que visitan por ejemplo el Parc Güell, lo hacen porque quieren disfrutar admirándolo, por lo que el tipo de turismo al que se refiere este barcelonés es turismo cultural. Estas personas que no están de acuerdo con encontrarse esas aglomeraciones de gente, deberían estar orgullosas de ello, ya que viven en una ciudad con cultura y novedades que atraen a gente de muchos lugares del mundo. Además, si a dichas personas no les gusta ese tipo de ambiente, tener una vivienda cerca del skyline, no es muy adecuado, pero deberían haber sido conscientes de ello antes de comprarla.
   Por lo tanto, todo turista tiene derecho a visitar cualquier zona que se le antoje, y, si a los ciudadanos les molesta, deberían reflexionar sobre el dinero que invierten todos esos extranjeros en la ciudad.

Paula Baroso Cortizas
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   El turismo en Barcelona es muy numeroso, lo cual aporta grandes ingresos a esta ciudad y genera muchos puestos de empleo.
   Es absurdo que se pretenda modificar el modelo turístico de la ciudad cuando no suelen exisJAVIER VILLAVERDE, SARA COUCEIRO, CARMEN VALIÑO, ÁLEX SANTISO, ANA GOLPEtir problemas de gran importancia entre ciudadanos y turistas, sobre todo cuando una gran parte de la población vive de este sector. Además, Barcelona es una ciudad igual de atrayente para los turistas como para los ciudadanos que en ella habitan.
   En lugar de modificar el modelo turístico de las ciudades podría crearse un turismo de mayor calidad mediante pequeñas acciones: educando al turista para que respete los espacios públicos, garantizando suficiente transporte público para todos o apoyando al pequeño comercio relacionado con el turismo.

Alejandro Vázquez Fachal

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   El turismo es una actividad muy frecuente en las grandes ciudades históricas, como es el caso de Barcelona, donde a pesar de las amplias plazoletas y calles, ven su espacio reducido debido a la gran conglomeración de gente que en periodos vacacionales se pueda llegar a alcanzar.
   Es totalmente comprensible que este continuo tránsito de extranjeros no sea del agrado de todos. Pocas personas pueden disfrutar de varias semanas no laborables y eso explica su falta de paciencia ante preguntas que esperan un guía que les señale monumentos, museos, sellos propios de su ciudad natal y que, quizás, por motivos diversos ni ellos mismos han tenido oportunidad de visitar. Se debe sumar a esto el estrés que conlleva un movimiento tan frenético como el que siguen ciudades tan multitudinarias como estas y, por tanto, el ansia de tranquilidad por parte de sus habitantes.
   No obstante, es incuestionable, que el sector turístico proporciona una gran suma de dinero y su buena organización desembocaría en un gran acierto. Además, nadie puede negar sinceramente haber viajado alguna vez, ya sea al continente o al pueblo de al lado, siendo esta una libertad que se debe respetar.
  Así pues, la solución puede que se encuentre en algo tan simple como la aceptación y el fomento de la empatía en aquellas ciudades que se hayan sentido "invadidas" alguna vez.

Alba Rodríguez Boutureira

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   En los últimos años el turismo de masas ha aumentado considerablemente. Nos encontramos turistas por todas partes y es habitual que nos pregunten cómo llegar a algún lugar. La mayoría de ellos viajan con el objetivo de conocer nuevas culturas y visitar diferentes lugares del mundo; otros, en cambio, vienen con el objetivo de emborracharse e ir de fiesta, lo que provoca las protestas de muchos vecinos por el exceso de ruido.
   El turismo beneficia a la economía, pero se deberían establecer unas normas para que no afectase a la vida cotidiana del resto de las personas.
   También se debería controlar la llegada masiva de turistas para que no colapsen las ciudades y así sus habitantes no se sentirán invadidos ni pensarán que les están robando su espacio.

Lorena Saya

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   Aquel que se disponga a renegar del turismo por miedo a perder la identidad nacional ha de saber que ya es tarde para hacerlo. Y aunque sólo quiera descongestionar la pésima infraestructura del país, de nuevo, ya es tarde.
   No sólo es tarde porque vivamos en un mundo conectado donde los países desarrollados tienen todos una cultura similar, diferenciándose solamente en el pasado histórico y en anecdóticas idiosincrasias; sino porque "está feo" cerrar las puertas en las narices de los turistas (pues los turistas son todavía personas) que desean conocer esas pocas diferencias de primera mano a santo de que logran saturar el sistema turístico.
   Que aquel que reniegue del turismo se convierta en lo que más odie (a ser posible en temporada estival) para así equilibrar el ecosistema turístico internacional.

Amador Torre

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   Es habitual escuchar críticas hacia los turistas. Se les suele acusar de invadir las ciudades y no respetarlas deteriorándolas, por lo que se exige su desalojo.
   El turismo es una de las grandes fuentes de ingresos en España y en una situación como la que se vive actualmente, se debería hacer todo lo posible por incrementar la economía. Con el turismo, no sólo se consiguen unos mayores beneficios, sino que debido a una mayor demanda de servicios, se crean nuevos puestos de trabajo, algo fundamental para combatir el desempleo.
   El deterioro del mobiliario urbano, intenta ocultar unos claros prejuicios hacia los turistas. Hay que tener en cuenta que hay un gran número de personas españolas que no respetan los espacios públicos, ya sea arrojando basura o cometiendo actos vandálicos.
   No hay duda de que los turistas son un blanco fácil al que atacar para intentar ocultar errores propios, pero en una ciudad sin turismo la situación no mejoraría. Habría mucho más espacio pero surgirían otros temas que criticar y otras personas a las que culpar.
   Hay que dejar atrás la xenofobia. El turismo no tiene ningún factor que afecte negativamente, sino todo lo contrario, por lo que habría que volcarse en esta actividad, clave para hacer resurgir el país.

Javier Villaverde Basteiro

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   En la actualidad, los residentes de algunas de las ciudades más visitadas del mundo han manifestado su descontento al no poder llevar una vida normal debido al turismo.
   Ha de tenerse en cuenta que hay muchos tipos de turismo. Hablando del ya famoso "turismo de borrachera" es lógica la postura de la sociedad, pero si nos referimos al turismo cultural la cosa cambia, puesto que no causa ningún daño o desperfecto.
   Además este tipo de turismo deja grandes sumas de dinero allá adonde va beneficiando a los comercios, hoteles, transportes... de las zonas visitadas. Estos visitantes no han robado el sitio a nadie y cada cual es libre de vivir donde quiera o pueda por lo que si una persona goza del poderío económico para vivir en la Gran Vía también podrá permitirse vivir en las afueras.
   Conviene aprender a ver el turismo desde un punto de vista más globalizado y sacar provecho de esta actividad. También se deberían promocionar lugares menos conocidos que los típicos pero que gozan igualmente de encanto.

Sara Couceiro Torres
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   En 2014, España se encontraba en el podium de los países más visitados del mundo, solo superado por Francia y Estados Unidos. Podemos ver que nuestro país está lleno de turistas (un claro ejemplo es Santiago de Compostela). Esto no supuso ningún problema hasta ahora, momento en el que parece que existe gente a la que no le interesa ver su ciudad repleta de turistas.
   Cierto es que hay diferentes tipos de turismo que dan mala imagen a España. Un claro ejemplo es el "turismo de borrachera" que podemos encontrar en Magaluz, Salou... que solo trae a adolescentes con intención de emborracharse y causar destrozos y malestar en el pueblo.
   Por otra parte, el turismo en España genera muchos ingresos que son necesarios y proporciona muchos puestos de trabajo a gente en paro. Además, el hecho de que haya turistas de todas partes del mundo ayuda a tener un cierto respeto y tolerancia entre gente de otras culturas.
   Puede ser que haya gente que lo que busque sea "limpiar" sus calles de turistas y que puedan disfrutar de los monumentos y plazas por los que ya han pasado mil veces, pero ahora sin escuchar los flashes de las cámaras y los comentarios de lo bonito que es ese lugar típico para los extranjeros que deciden pasar unos días por nuestro país. A cambio, esto traería la pérdida de más del 10% del PIB de España y más problemas económicos y sociales que, la verdad, no dejarían indiferente al pueblo español.

Carmen Valiño

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   El turismo es una de las principales fuentes de ingreso de un país que, por desgracia, no sabe explotar adecuadamente sus recursos naturales como debería.
   El capital tiene que entrar al estado por algún lugar y es en forma de turismo; a estos, les gusta disfrutar de los espacios que visitan, al igual que a los españoles les gusta visitar lugares emblemáticos de otras naciones.
   El caso de la ciudad de Barcelona no se puede equiparar al de, por ejemplo, la playa de As Catedrais, a la que hay que restringir el acceso por ser un fenómeno de la naturaleza que su admiración abusiva puede llegar a deteriorar sin posibilidad alguna de arreglo.
   Una ciudad es un bien público. Sus gentes, y turistas, pagan unos impuestos para que tenga un mantenimiento óptimo y adecuado, permitiendo así el disfrute total de todos los que por ella pasan.

Álex Santiso

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   La llegada de turistas hoy en día es algo beneficioso para cualquier ciudad. Una razón es que invierten en muchos negocios como bares, restaurantes, comercios... El aumento del turismo por lo tanto es un factor muy importante en la economía de un país.
   Llegan a una ciudad para conocerla, saber de ella; sus costumbres, su historia, comidas típicas, no para ensuciar las calles ni robar el espacio a sus habitantes. Si viajan es para disfrutarlo.
   Muchas veces se critica sin saber ni pensar detenidamente que lo más seguro es que los propios habitantes de un lugar son los que menos cuidado tienen para su bienestar, preocupándose primeramente por quien no debe.
   Aprender a aceptar, conocer y enseñar a nuevas personas aquello de lo que nosotros debemos de estar orgullosos, que es el lugar donde vivimos, es mucho más satisfactorio.

Ana Golpe Pedreira

viernes, 2 de octubre de 2015

RESUMEN, ESQUEMA DE IDEAS Y COMENTARIO CRÍTICO, Milagros Pérez Oliva


  La polémica que ha rodeado el lanzamiento mundial de la nueva píldora que promete levantar el deseo sexual de las mujeres premenopáusicas no está en absoluto injustificada. Hay quienes la consideran el medicamento más revolucionario para la salud sexual de las mujeres después de la píldora anticonceptiva, y quienes afirman que no debería haberse aprobado porque su eficacia es dudosa y son más los riesgos que los beneficios. En primer lugar, que no tiene nada que ver con el Viagra. La sildenafilo del Viagra actúa sobre el sistema vascular, facilitando el aporte de sangre al miembro masculino y con ello, la erección. En el caso de la flibanserina, no incide sobre el sistema vascular vaginal, que sería el equivalente, sino sobre el cerebro, potenciando e inhibiendo ciertos neurotransmisores que intervienen en muchos procesos vitales. En concreto, aumenta los niveles de dopamina y norepinefrina y disminuye los de dopamina. Para que el Viagra tenga efecto basta con tomarlo poco antes de la relación sexual, mientras que la píldora rosa se ha tomar durante semanas y hasta meses antes de que surta “algún efecto”. La cuestión crucial es determinar en qué casos el fármaco está indicado y, sobre todo, en qué casos el beneficio compensa el riesgo. Porque la píldora rosa tiene importantes efectos adversos.
   No es, pues, difícil deducir que estamos ante un nuevo capítulo de la estrategia que desde hace algún tiempo siguen las farmacéuticas para promover sus productos, especialmente cuando las ventajas no están del todo claras. Consiste en vender primero la enfermedad y luego el fármaco. Se trata de crear primero conciencia de que existe una necesidad no atendida, ofrecer la solución y promover una demanda social de tratamiento mediante la movilización de médicos y pacientes. Con esta estrategia se han logrado dianas comerciales tan exitosas como la de la píldora de la timidez (paroxetina), que se lanzó en 1992 para el “síndrome de ansiedad social”, la del antidepresivo Prozac (fluoxetina), que sigue tomándose muy por encima de las necesidades reales, o el propio Viagra, en cuyo lanzamiento se llegó a decir que el 70% de los hombres de más de 50 años sufría disfunción eréctil. Parece claro que ha cambiado el paradigma. Si antes era “enfermedad en busca de tratamiento”, ahora estamos en el de “tratamiento en busca de enfermedad”.


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Milagros Pérez Oliva sostiene que desde hace tiempo la industria farmacéutica promueve una demanda de medicamentos innecesarios en provecho propio: el último caso, la píldora para despertar la líbido en mujeres menopáusicas, un fármaco con demasiados efectos adversos.
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Antecedente: La salida al mercado de la píldora rosa ha sido polémica:
  • Su eficacia no está probada.
  • Acarrea importantes efectos adversos.
Consecuente: [en consecuencia]: La industria farmacéutica promueve la medicalicación de la vida por un interés puramente comercial.

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   En una economía de consumo como en la occidental, la base fundamental para que ésta crezca es no dejar de consumir, y para que esto ocurra, también industria farmacéutica usa estrategias para conseguirlo. El ciudadano, convertido en mero consumidor, debiera saber que las bombillas actuales, como cualquier aparato electrónico o mismo medias de Nylon, están fabricados para degradarse.
  Todas las industrias crean productos de forma que los consumidores estén obligados a seguir comprando continuamente; en ciertos casos, la industria farmacéutica, promueve la venta de un producto surgido para paliar una enfermedad tal vez inexistente (la píldora rosa, empleada para combatir la desaparición del deseo sexual en mujeres premenopáusicas. En caso de ser real esa dolencia, muchas veces los efectos de la misma son sobredimensionados para propiciar el consumo de este nuevo compuesto que reportará grandes beneficios económicos a los laboratorios. Un ejemplo pudieran ser ciertos casos de abatimientos personales. Todo el mundo, en algún momento, puede estar triste o sentirse mal anímicamente, pero el hecho de estar así no significa que a ese individuo se le pueda diagnosticar una depresión, y, en consecuencia, se determine  una medicalización crónica con los correspondientes antidepresivos. Por lo tanto, a un contemporáneo lúcido no debe extrañarle ninguna de estas estrategias utilizadas, más que nada porque son necesarias para sostener esta economía que amenaza con arrasarlo todo.

Lucía Corral Viero
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   La sociedad actual está realizando un consumo innecesario e inadecuado de los medicamentos, aun desconociendo sus posibles efectos secundarios. Este consumo irracional es generado por la industria farmacéutica, a partir de una mala y engañosa publicidad.
   Este tipo de prácticas son una amenaza para la salud pública y tienen que ser frenadas, sometiendo a los fármacos y a su publicidad a controles más rigurosos e impidiendo la venta de ciertos medicamentos sin receta médica. Pero la ciudadanía, también debe concienciarse de que no es necesario todo aquello que le intentan vender.
   La industria farmacéutica, como todas, busca su propio beneficio económico y parece no tener demasiado en cuenta los graves problemas de salud que puede causar mediante explicaciones confusas o potenciando consumos masivos. Los problemas vienen por sí solos, no es necesario que nadie los cree. 

Ángela Novo 
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   Una de las características más notables de la sociedad consumista, es la necesidad que angustia a ciertas personas para acatar determinados convencionalismos y rendirse a la presión de los cánones. Este fenómeno es especialmente evidente en la ropa vestida por algunos colectivos: los jóvenes, principalmente. Éstos son los más propensos a tratar a imitar el aspecto exhibido por personalidades muy conocidas, las cuales suelen estar situadas tras la pantalla de la televisión o el ordenador.
   Sucede que éste no es un fenómeno aislado o que solo se pone de manifiesto con los jóvenes o en el campo de la moda.
   En una sociedad cuyo estilo de vida se basa en el consumo, este trata de potenciarse atacando los recovecos más vulnerables de sus posibles compradores: la aceptación de sus iguales, por ejemplo.
   Tomando esto como base, no sorprende la reciente salida a mercado de la llamada “píldora rosa”, un medicamento que promete hacer posibles las relaciones sexuales en mujeres premenopáusicas, avivando su deseo sexual. Obviamente, junto con la venta y proliferación del producto, nace también la necesidad del mismo, en este caso, subrayando la anomalía que supone la falta de apetito sexual en mujeres de avanzada edad.
   Lo que impulsará las ventas del producto no será, probablemente, la falta de deseo de determinadas mujeres, sino la presión a la que éstas se verán sometidas y el beneficio que muchas organizaciones tratarán de obtener de estas inseguridades.
   En nuestra época, comprar parece la única solución válida para enfrentarse a los problemas creados por la propia sociedad de consumo.

Iago Codesido
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   La sexualidad hoy en día aparece en todos los ámbitos de la vida, tanto a nivel mediático como cotidiano. Ello en muchas ocasiones puede provocar actitudes perjudiciales para la sociedad.
   Es cierto que todas las personas tienen derecho a disfrutar satisfactoriamente de una relación; de ello han obtenido provecho las multinacionales cuando introdujeron en el mercado numerosos productos como geles lubricantes o juguetes sexuales que pueden ayudar a abandonar la rutina y experimentar, en pareja o en solitario. Lo último ha sido una píldora que incrementa el apetito sexual en mujeres premenopáusicas, lo que ha generado una notable controversia.
   Las farmacéuticas venden felicidad en forma de pastilla, pero nunca explican los posibles efectos adversos o los riesgos que puede conllevar su ingesta. Muchos periodistas como Milagros Pérez afirman que la mecánica de las farmacéuticas es perversa, pues venden la enfermedad para la que ya han creado el nuevo fármaco.
   Siempre conviene tener presente antes de consumir cualquier medicamento sus efectos adversos; en este caso, podría ayudar a decidir si una relación sexual vale más que la propia salud.

Antia Soto López

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   Recientemente ha salido a la venta un nuevo fármaco que fomenta el deseo sexual de las mujeres premenopáusicas. Su principio activo es la fibanserina, un compuesto químico que actúa sobre determinados neurotransmisores del cerebro y promete elevar el líbido de las mujeres.
   Este fármaco, que tiene diversos efectos colaterales como mareos, somnolencia o fatiga, puede llegar a provocar hipertensión o pérdida del conocimiento. Por este motivo, dicho medicamento no debería ser comercializado, ya que existen otros métodos para aumentar el deseo sexual de estas mujeres, como las terapias conductuales, por ejemplo, sin tener que poner en riesgo su salud.
   Es muy probable que este sea otro medicamento engañoso, ya que la pérdida del deseo sexual aumenta después de la menopausia y contradictoriamente, dicho medicamento pierde su eficacia en esa misma etapa de la vida de las mujeres. Se trataría pues, de un mero efecto placebo.
   En cualquier caso, son demasiadas las contradicciones para tratar un problema que puede ser solucionado por otros medios, por lo que queda claro que su irrupción en el mercado obedece a una reiterada estrategia de las farmacéuticas para multiplicar sus beneficios.

Almudena Dopazo
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   La sociedad de consumo actual genera el consumo de una serie de productos para satisfacer las necesidades sexuales de las personas, cuyas ventajas no están de todo claras.
   Es verdad que es necesaria una vida íntima plena, pero la mayor parte de las veces no es imprescindible acudir a este tipo de fármacos para ello, sino que esta falta de deseo sexual puede darse por otras cuestiones sin ninguna gravedad, como lo es el estrés. Sin embargo, la difusión publicitaria de la existencia de esta píldora obliga, de alguna manera, a la mayor parte de mujeres a acudir a ella sin pensar en otras soluciones. Uno de los motivos de la pérdida del deseo puede ser su pareja o el miedo a no complacerla.
   Lo que ofrece este tipo de productos puede resultar tentador y llamativo como son la píldora de la timidez, el antidepresivo, y otros muchos bastantes exitosos, esos fármacos tal vez no actúan sobre el origen de los problemas reales.

Ana Golpe Edreira

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   La filbanserina es un supuesto novedoso fármaco que asegura recuperar el deseo sexual en mujeres premenopáusicas. Podría decirse que esta píldora equivale a la masculina la Viagra; no obstante, es mucho más peligrosa, pues afecta al cerebro, potenciando e inhibiendo neurotransmisores que influyen en muchos procesos vitales, a diferencia de la pildora masculina, que actúa sobre el sistema vascular facilitando la erección. Por lo tanto, los efectos de la polémica Flibanserina, o píldora rosa, podrían ser fatales, pero, pese a ello, la industria fomenta una necesidad social para poder lucrarse con la novedosa solución.
   Conviene celebrar todo tipo de progreso. En este caso, no obstante, todo parece indicar que comercian con la salud utilizando como excusa las carencias o las "futuras mejoras" para nuestra calidad de vida, intentando inculcar un modelo de aparente juventud constante y sexualidad activa.
   Antes de incorporar al mercado cualquier tipo de fármaco, deberían ser verdaderamente informados sus potenciales compradores. Ello, evidentemente, implica situar la salud de los usuarios por encima del ánimo de lucro de empresas cuyo negocio deriva de nuestra salud.

Sara Parga
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   Todas las empresas pretenden lucrarse y obtener el máximo beneficio posible cuando ofrecen sus productos al público, incluidas las farmacéuticas.
   Una codicia excesiva por parte de los magnates de las grandes multinacionales y no tan grandes, en ocasiones puede exponer al riesgo la salud del consumidor.
   En este caso las farmacéuticas, mediante poderosas estrategias comerciales, pueden conseguir la dependencia de una serie de fármacos en los pacientes una serie de fármacos o que los utilicen innecesariamente, lo que puede provocar evidentes trastornos en la salud.
   Todos los hombres deben satisfacer sus necesidades, pero nunca su codicia.


Fernando Placer Picado